El MEF identificó proyectos clave con problemas estructurales en gestión, permisos y financiamiento, lo que evidencia cuellos de botella persistentes en la ejecución de infraestructura en el Perú.
El Plan Nacional de Infraestructura (PNI) 2026-2031, que prioriza 72 proyectos por más de S/144.000 millones, incluye un grupo crítico de 11 megaproyectos que presentan riesgos relevantes para su viabilidad, según el propio Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).
Estos proyectos concentran problemas estructurales que van desde trabas administrativas hasta sobrecostos y debilidades en la planificación, lo que vuelve a poner en evidencia las limitaciones del Estado para ejecutar infraestructura de gran escala.
Megaproyectos bajo presión: los 11 casos críticos
Dentro del portafolio priorizado, el MEF identificó como “problemáticos” a los siguientes proyectos:
- Anillo Vial Periférico
- Chavimochic III
- Choquequirao
- Línea 2 del Metro de Lima y Callao
- Instituto Regional de Enfermedades Neoplásicas del Sur (Arequipa)
- Puente Nación Asháninka
- Nueva Carretera Central
- Red de Comunicaciones Napo-Putumayo
- COAR Centro
- Servicio educativo especializado en regiones altoandinas
- Primer Grupo de Aeropuertos
Entre ellos, destacan por su complejidad la Línea 2 del Metro, la Nueva Carretera Central y Choquequirao, que arrastran retrasos, controversias contractuales y problemas técnicos.
Problemas estructurales: permisos, sobrecostos y gestión
Aunque los proyectos son distintos, comparten una serie de cuellos de botella recurrentes:
- Retrasos en permisos y gestión ambiental, especialmente en zonas con restos arqueológicos
- Problemas de financiamiento y estructuración
- Débil planificación técnica inicial, que deriva en modificaciones y sobrecostos
- Falta de coordinación institucional entre entidades públicas
El propio PNI reconoce que estos factores ponen en riesgo la ejecución futura de las obras, sin detallar soluciones concretas para cada caso.
Sobrecostos: una tendencia generalizada
Uno de los hallazgos más críticos del MEF es que todos los proyectos del plan anterior (2022-2025) incrementaron sus costos, independientemente del mecanismo de ejecución.
- APP cofinanciadas: +49,8%
- Proyectos Gobierno a Gobierno (G2G): +36,2%
Esto revela un problema sistémico: expedientes técnicos incompletos, baja gestión de riesgos y presión por anunciar proyectos sin madurez suficiente.
Infraestructura sin hoja de ruta clara
Especialistas advierten que el PNI funciona como una “priorización dentro de la priorización”, pero carece de una estrategia clara para destrabar estos proyectos.
Además, se cuestiona la fragmentación institucional dentro del propio MEF, con múltiples unidades haciendo seguimiento sin una conducción centralizada efectiva.
A ello se suma un riesgo político: el plan fue aprobado en la antesala de un cambio de gobierno, lo que podría afectar su continuidad y ejecución.
Señal para el mercado: dudas sobre la capacidad del Estado
El análisis también advierte un efecto reputacional. La exclusión de proyectos relevantes —como la Línea 3 del Metro o el antepuerto del Callao— y la persistencia de problemas en los priorizados envían señales mixtas al sector privado.
Más allá del volumen de inversión, el verdadero desafío sigue siendo la capacidad de ejecución, un factor clave para atraer capital y cerrar brechas de infraestructura.
Una alerta estructural para el crecimiento
El caso de los 11 megaproyectos evidencia que el principal problema de la infraestructura en el Perú no es la falta de cartera, sino la incapacidad para llevarla a ejecución eficiente.
En un contexto donde la competitividad depende de conectividad y logística, estos cuellos de botella no solo retrasan obras, sino que limitan el potencial de crecimiento económico del país.









