El encarecimiento sostenido del petróleo ya comienza a trasladarse a los precios internos, presionando al alza los costos de combustibles, transporte y alimentos.
El fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Islamabad y el posterior anuncio de un bloqueo naval han encendido las alarmas en los mercados internacionales, colocando al Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, en el centro de la mayor amenaza para la economía global en lo que va del año.
“La reacción ha sido inmediata. El precio del crudo Brent superó los US$102 por barril, acumulando un incremento superior al 40% desde febrero, mientras los principales mercados bursátiles registraron caídas generalizadas. Las bolsas europeas y asiáticas iniciaron la semana en terreno negativo, los futuros de Wall Street anticipan pérdidas y el oro se aproxima a los US$4,000 por onza, consolidándose como refugio ante la creciente incertidumbre geopolítica”, agregó Micaela García, analista de mercados de Capitaria.
Economías emergentes como la peruana enfrentan un impacto directo. Con una producción de apenas 38,000 barriles diarios frente a una demanda superior a los 220,000, el Perú mantiene una alta dependencia de las importaciones de crudo, lo que lo expone de manera significativa a los shocks externos en los precios de la energía.
El encarecimiento sostenido del petróleo ya comienza a trasladarse a los precios internos, presionando al alza los costos de combustibles, transporte y alimentos. Este efecto inflacionario limita el margen de acción del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), que podría verse obligado a postergar o moderar eventuales recortes en la tasa de interés en un contexto de mayor incertidumbre.
“A esta presión externa se suma el frente interno. El proceso electoral en curso, con una segunda vuelta programada para el 7 de junio, introduce un componente adicional de volatilidad sobre el tipo de cambio, que actualmente se mantiene en torno a S/ 3.39 por dólar. La combinación de factores externos e internos configura un escenario particularmente sensible para los próximos meses”, precisó García.
No obstante, el país cuenta con un amortiguador clave: su perfil exportador minero. El alza en los precios del oro y el cobre, típicamente asociados a contextos de riesgo global, podría generar mayores ingresos por exportaciones y contribuir a mitigar parcialmente el impacto negativo del encarecimiento energético.
Pese a ello, de prolongarse el conflicto o intensificarse las restricciones en el Estrecho de Ormuz, el Perú podría enfrentar un escenario de mayor inflación, presión cambiaria y desaceleración económica, en un momento donde la estabilidad política aún se encuentra en proceso de definición.









