El choque energético y el alza de combustibles impulsaron el mayor incremento mensual en décadas, elevando la inflación anual a 3,81% y presionando el escenario macroeconómico.
La inflación en Lima Metropolitana registró un aumento de 2,38% en marzo de 2026, el nivel mensual más alto del año y uno de los mayores en más de tres décadas, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
El resultado responde principalmente a la emergencia generada por la ruptura del ducto de gas de Camisea, operado por Transportadora de Gas del Perú (TGP), que generó un fuerte impacto en los costos de energía y transporte.
Este registro se convierte en el más elevado para un mes de marzo desde 1993, consolidando un quiebre en la tendencia inflacionaria reciente. La magnitud del incremento refleja un shock de oferta significativo con efectos transversales en la economía.
Inflación anual fuera del rango meta del BCR
Con este resultado, la inflación acumulada en Lima alcanzó 3,19% en el primer trimestre, mientras que a nivel nacional llegó a 2,87%.
En términos interanuales, la inflación se ubicó en 3,81%, superando el rango meta del Banco Central de Reserva (entre 1% y 3%) y marcando su nivel más alto en más de dos años.
El salto mensual contrasta con los registros de enero (0,10%) y febrero (0,69%), evidenciando un cambio abrupto en la dinámica de precios. Además, la inflación en Lima se mantuvo por encima del promedio nacional, ampliando la brecha habitual.
Combustibles y alimentos lideran el alza de precios
El principal factor detrás del incremento inflacionario fue el fuerte encarecimiento de los combustibles. El GLP vehicular subió 75,55%, el diésel 33,02% y el gasohol 32,53%, trasladando rápidamente el impacto al transporte.
Este rubro registró un aumento de 9,06%, encareciendo pasajes urbanos y servicios de taxi. El efecto se amplificó hacia otros sectores, consolidando una presión inflacionaria de corto plazo.
En alimentos, los precios aumentaron 3,24%, con subidas destacadas en productos como arándanos (+52,06%), fresa (+32,30%), papa blanca (+25%) y arveja verde (+22,43%). Este comportamiento refleja tanto factores estacionales como el impacto indirecto del alza en costos logísticos.
Otros rubros también mostraron incrementos relevantes, como educación (+2,93%) por el inicio del año académico, y alojamiento, agua y electricidad (+0,89%). En contraste, las comunicaciones registraron una caída de -1,85%.
Riesgo de estanflación y presiones externas
El escenario inflacionario se da en un contexto de desaceleración económica, lo que abre el debate sobre un posible riesgo de estanflación. Según estimaciones privadas, la producción nacional habría caído más de 2% en marzo, afectada por la crisis energética.
A este choque interno se suma el encarecimiento global de los combustibles, impulsado por tensiones geopolíticas en el Estrecho de Ormuz, lo que refuerza la presión sobre los precios locales.
Las proyecciones apuntan a que la inflación podría mantenerse elevada en el corto plazo, incluso con efectos estacionales en abril. En ese escenario, la inflación anual podría superar el 4%, consolidando un entorno macroeconómico más desafiante.
Política monetaria en pausa ante choque de oferta
Pese al repunte inflacionario, no se esperan cambios inmediatos en la tasa de referencia del Banco Central de Reserva, actualmente en 4,25%, dado que el origen del shock es de oferta y no de demanda.
Sin embargo, la persistencia de presiones externas, sumada a factores políticos y electorales, podría influir en las expectativas económicas y complicar el manejo de la inflación en los próximos meses.
El episodio de marzo es considerado un shock transitorio, aunque su corrección dependerá de la evolución de los precios energéticos y de la normalización del suministro interno.









