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martes, septiembre 8, 2026
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Deuda récord e inversión débil presionan las finanzas de México

El aumento de la deuda pública y el bajo nivel de inversión en infraestructura limitan el crecimiento de México y reducen el margen del Estado para impulsar la actividad productiva.

El paquete económico presentado por la Secretaría de Hacienda se encuadra en cierta dificultad para las finanzas, específicamente la deuda pública, la cual ronda niveles récord cercanos a los 19.2 billones de pesos, se mantiene dentro de rangos viables y con un perfil amortiguado gracias a que una parte sustancial se encuentra contratada en moneda nacional y colocada en manos de inversionistas locales. Sin embargo, la brecha estructural sigue profundizándose, los gastos inamovibles como pensiones, programas sociales y el elevado costo financiero derivado de las tasas de interés consumen la mayor parte de los ingresos estancados, dejando la inversión pública en niveles mínimos proyectados en torno al 3.4% del PIB.

Esta asimetría entre una deuda creciente y una inversión física débil impacta directamente al entorno productivo y condiciona el optimismo frente a los activos nacionales. Los inversionistas e instituciones financieras como Banamex o las agencias calificadoras S&P, Fitch y Moody’s interpretan esta dinámica con alta preocupación. Al advertir que el endeudamiento no se destina a infraestructura con retorno de inversión que refleje crecimiento duradero, sino a cubrir gasto corriente y déficits operativos, el perfil crediticio del país se deteriora y como resultado, los inversionistas no solo perciben un estancamiento en la capacidad productiva nacional limitando la captura del potencial comercial como el de nearshoring sino que exige rendimientos más altos para financiar el presupuesto, lo que incrementa la presión fiscal futura y coloca al país a un paso de revisiones negativas en su grado de inversión.

Desde mi perspectiva, la política económica actual enfrenta dificultades fiscales importantes a revisar, ya que el hecho de reducir el déficit fiscal sacrificando en tanto porcentaje la inversión infraestructura es una resolución muy de corto plazo que podria debilitar el crecimiento futuro, entonces, sin obras públicas de transporte, energía y logística de calidad, es imposible generar el dinamismo productivo necesario para elevar la recaudación de forma orgánica. Podemos esperar un escenario de estrechez fiscal prolongada en los hogares y sectores productivos, donde el presupuesto dependa cada vez más de la eficiencia recaudatoria y la fiscalización al no concretarse una reforma tributaria de fondo. Esta situación se agrava un poco más por el contexto comercial con Estados Unidos, las amenazas de aranceles y la volatilidad cambiaría en la inestabilidad de proyecciones de política monetaria no solo encarecen el costo de la deuda al presionar las tasas de interés, sino que frenan la inversión privada sin que el Estado tenga margen para responder con infraestructura. Para fortalecer su economía, México debe gastar menos en consumo diario e invertir más en infraestructura junto con las empresas, ya que endeudarse para pagar gastos corrientes no es sostenible a largo plazo.

Felipe Mendoza, Analista de mercados EBC Financial Group