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lunes, junio 15, 2026
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Zonas Económicas Especiales: el desafío del Perú para acelerar la industrialización y atraer inversión privada

Las ZEE buscan convertirse en una herramienta para impulsar manufactura, exportaciones y desarrollo productivo, aunque su impacto aún es limitado frente al potencial regional.

Las exportaciones manufactureras del Perú alcanzaron los US$17,965 millones en 2025, un crecimiento de 4% frente al año anterior y un monto cinco veces superior al registrado en el 2000, cuando llegaron a US$3,800 millones, según cifras del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur). Sin embargo, pese a esta evolución, la participación industrial peruana todavía mantiene una brecha frente a economías que han utilizado políticas de desarrollo productivo para fortalecer su capacidad exportadora.

En este escenario, la industrialización continúa siendo uno de los principales retos para el país, debido a su impacto en la generación de empleo, encadenamientos productivos y crecimiento regional. Desde el sector privado y el Estado existe el objetivo de impulsar una mayor transformación de materias primas y desarrollar actividades manufactureras con mayor valor agregado.

Las Zonas Económicas Especiales como estrategia para atraer industria

Una de las herramientas utilizadas por diversos países para acelerar procesos de industrialización son las Zonas Económicas Especiales (ZEE), espacios donde se aplican condiciones diferenciadas para facilitar la inversión, el comercio y el desarrollo empresarial. El Banco Mundial las define como áreas delimitadas dentro de un país donde las reglas para hacer negocios pueden ser más flexibles que en el resto del territorio nacional.

Estas zonas buscan reducir barreras que afectan la inversión, como limitaciones regulatorias, problemas de infraestructura, dificultades logísticas o restricciones para acceder a mercados internacionales. La experiencia internacional muestra casos exitosos, como China, donde las ZEE fueron parte del proceso de expansión industrial y apertura económica, aunque también existen experiencias donde no lograron los resultados esperados por falta de planificación y condiciones adecuadas.

De acuerdo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), existen miles de ZEE alrededor del mundo. Asia concentra la mayor cantidad de estos espacios, seguida por América Latina, donde se han utilizado como instrumentos para atraer capital, promover exportaciones y desarrollar sectores productivos.

Perú cuenta con ZED y una zona franca, pero con resultados todavía reducidos

En el caso peruano, actualmente existen tres Zonas Económicas de Desarrollo (ZED) ubicadas en Matarani, Ilo y Paita, además de la Zofratacna. La principal diferencia es que la zona franca tiene un enfoque comercial, mientras que las ZED están orientadas a actividades productivas y exportadoras.

El desarrollo de estas iniciativas tiene antecedentes desde 1989, cuando se creó la Zona de Tratamiento Especial para Tacna. Posteriormente surgieron los Centros de Exportación, Transformación, Industria, Comercialización y Servicios (Ceticos), que años después fueron transformados en Zonas Económicas de Desarrollo bajo un nuevo marco normativo.

Además, existen iniciativas para ampliar este modelo con nuevos espacios en regiones como Tumbes, Loreto, Puno y Cajamarca, así como propuestas vinculadas a nuevas zonas francas en Chimbote y Lambayeque.

El limitado impacto de las ZEE abre el debate sobre una nueva etapa

Pese a los avances normativos, el impacto económico de estas zonas todavía es reducido. Un informe de BBVA Research señala que las ZEE representaron apenas el 0.12% de las exportaciones peruanas en 2024, con US$88.5 millones, mientras que las importaciones vinculadas alcanzaron US$171.3 millones, una cifra pequeña frente al comercio exterior total del país.

Con el objetivo de revertir esta situación, en 2025 se aprobó la creación de las Zonas Económicas Especiales Privadas (ZEEP), un nuevo esquema que permite la participación directa de empresas privadas en la gestión de estos espacios con facilidades aduaneras y fiscales. Bajo este marco se establecieron nueve zonas vinculadas a Chancay, Huacho, Ancón, Huaral, Aucallama, Callao, Iñapari, Concepción y Puno.

El nuevo modelo busca aprovechar la inversión privada para desarrollar polos industriales conectados con infraestructura logística y mercados internacionales.

La experiencia internacional muestra que los incentivos no son suficientes

Durante la Expo SNI Industria 2026, organizada por la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), especialistas analizaron las oportunidades y desafíos de las Zonas Económicas Especiales para el Perú. Uno de los casos destacados fue Costa Rica, país que cuenta con más de 50 zonas francas operadas por privados y donde la zona franca de Coyol se convirtió en un referente regional en manufactura médica y tecnológica.

Alberto Trejos, exministro de Comercio Exterior de Costa Rica, señaló que las ZEE pueden ser determinantes cuando están alineadas con ventajas competitivas específicas, infraestructura adecuada y capacidades productivas. Sin embargo, advirtió que contar con un régimen especial no garantiza resultados si no existe capital humano, logística eficiente y un ecosistema favorable para los negocios.

En ese sentido, el Perú cuenta con factores que podrían favorecer el desarrollo de nuevas industrias, como su ubicación estratégica, acuerdos comerciales internacionales, disponibilidad energética y recursos naturales, aunque requiere fortalecer capacidades para atraer inversiones de mayor complejidad.

Competitividad, capital humano y planificación serán claves para el éxito

El Banco Mundial plantea que el éxito de una Zona Económica Especial depende de varios factores: una ubicación adecuada cercana a puertos o aeropuertos, un entorno empresarial favorable, participación del sector privado y capacidad para generar beneficios económicos más allá del área donde opera.

Asimismo, recomienda evitar errores como la falta de planificación, la creación de zonas sin demanda empresarial, marcos regulatorios débiles o problemas de sostenibilidad ambiental y social.

Para el Perú, el desafío será pasar de la creación de zonas con incentivos a la construcción de verdaderos ecosistemas industriales capaces de atraer inversión, generar empleo especializado y ampliar la participación del país en cadenas globales de valor.