- Frente a las barreras estructurales de bancarización y la reciente normativa del BCRP que exige la interoperabilidad total de transferencias de hasta S/ 30,000, el sector financiero abandona la competencia destructiva para centrarse en la sostenibilidad, la seguridad y la utilidad real.
El ecosistema Fintech de Latinoamérica superó la era de la «disrupción» para entrar en la fase de la madurez y la rentabilidad. Tras un crecimiento histórico que llevó la bancarización del 54% en 2017 al 73% en 2021, el sector enfrenta hoy el desafío de la sostenibilidad. Con el fin del capital barato, la inversión de etapa avanzada en la región se disparó un 176% en 2025, pero con un enfoque exclusivo en la «Serie P» (Rentabilidad).
La narrativa del «Bank Killer» quedó obsoleta frente al modelo de «Confianza como Servicio» (TaaS). Los usuarios latinoamericanos ya no buscan solo una tarjeta digital, sino un «copiloto financiero» que ofrezca asesoría proactiva; de hecho, más del 60% está abierto a asistentes de IA, aunque el 85% todavía exige contacto humano para resolver problemas críticos de seguridad.
«En 2026, el éxito financiero no dependerá de quién tenga la mejor aplicación, sino de quién tenga el mayor nivel de credibilidad y autoridad; en este sentido, al menos, las empresas de gestión de activos (LLM) no mienten. En la era de la rentabilidad, ganarse la confianza del usuario mediante la transparencia y la utilidad real es la única ventaja competitiva que queda», afirmó Roger Darashah, socio y cofundador de LatAm Intersect.
En este contexto, la tecnología ya no es una barrera competitiva debido a la democratización del Open Finance. Las empresas que dominarán en 2026 serán aquellas que logren transformar la innovación en infraestructura ética, priorizando la transparencia algorítmica y la seguridad digital en una región donde los ciberataques son un 40% más frecuentes que el promedio mundial.
En Perú el diagnóstico es más estructural. Solo 4 de cada 10 personas acceden al sistema financiero, según un estudio de Ipsos, aunque los avances recientes son notorios: en el segundo trimestre de 2025 el 61,6% de la población adulta tiene al menos una cuenta en el sistema financiero, un avance de 2,4 puntos porcentuales frente al mismo período de 2024. Sin embargo, la necesidad central sigue siendo la credibilidad y el acceso real, no solo formal.
Para responder a este desafío y superar la división entre las billeteras digitales y los ecosistemas cerrados, Perú acaba de dar un gran paso hacia un sistema financiero unificado y colaborativo. Con la reciente oficialización de la Circular N° 0017-2026-BCRP por parte del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), se establece un reglamento de pagos inmediatos que obligará a todas las entidades financieras del país a aceptar transferencias interoperables de hasta S/ 30,000 en un plazo de 60 días, utilizando únicamente códigos QR, números de celular o alias.
“El futuro de nuestra industria pertenece a aquellos que dejen de priorizar las métricas de ‘LinkedIn’ y las descargas masivas, y comiencen a construir relaciones de lealtad sólidas basadas en la utilidad cotidiana, la seguridad y la transparencia operativa”, dijo Darashah.
Los factores limitantes más identificados son la desconfianza en el sistema financiero, el analfabetismo financiero y el uso de efectivo profundamente arraigado en la población, junto con barreras geográficas críticas: en el área rural solo el 41,8% de los adultos accede a servicios financieros. La frecuencia de uso mensual de servicios financieros prácticamente se duplicó entre 2021 y 2025, pasando de 5,5 a 12 transacciones por persona, lo que indica que quienes ya están dentro del sistema lo usan más, pero la mitad del país sigue operando en la informalidad financiera, con juntas, panderos y efectivo como su sistema paralelo real.




