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Tensión en Medio Oriente impulsa el petróleo sobre US$100 y golpea a Wall Street tras máximos históricos

Los mercados globales giran hacia una postura defensiva: el S&P 500, el Nasdaq 100 y el Dow Jones Industrial Average corrigen, mientras el crudo Brent sube 3,5% por riesgos en el Estrecho de Ormuz en medio de la tensión entre Estados Unidos e Irán.

Los mercados globales retoman un sesgo más defensivo, con los futuros de Wall Street corrigiendo tras alcanzar máximos históricos, en un entorno donde la tensión entre Estados Unidos e Irán persiste pese a la extensión del alto el fuego.

El S&P 500 retrocede 0,3% hasta 7.153 puntos, el Nasdaq 100 cae 0,1% a 27.045 y el Dow Jones pierde 0,5% hasta 49.436, reflejando una toma de utilidades tras el reciente impulso del sector tecnológico. En el frente corporativo, los resultados muestran un tono mixto: Tesla superó expectativas en utilidades con un BPA de 0,41 dólares, aunque sus ingresos —cercanos a 22.387 millones— se ubicaron ligeramente por debajo de lo previsto, en línea con un mercado más selectivo.

En este contexto, el foco vuelve a concentrarse en el mercado energético. El Brent sube 3,5% y supera la barrera de los 100 dólares por barril, consolidando el escenario alcista observado en sesiones previas. Este movimiento responde al deterioro en las condiciones operativas del Estrecho de Ormuz, donde recientes ataques e incautaciones, sumados a la persistencia del bloqueo marítimo, refuerzan el riesgo de disrupciones en el suministro global.

Desde mi perspectiva de mercado, el repunte del petróleo abre espacio para una extensión adicional si las tensiones se mantienen, con el crudo pudiendo proyectarse hacia la zona de 110 e incluso 120 dólares por barril en un escenario de escalada. En contraste, una señal creíble de distensión o avances concretos en las negociaciones podría detonar un ajuste relevante, llevando al Brent hacia niveles de 95 e incluso 90 dólares por barril. En este entorno, el petróleo se consolida como el principal catalizador de corto plazo, con una alta sensibilidad a cualquier cambio en el frente geopolítico.

Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group

Coca-Cola ratifica inversión de USD 1.400 millones en Argentina hasta 2028 y acelera su expansión logística

El plan contempla modernización operativa, sostenibilidad y generación de empleo, con nuevos centros de distribución y líneas de producción en el país.

El presidente para América Latina de Coca-Cola, Bruno Pietracci, reafirmó el compromiso de la compañía con Argentina al ratificar un plan de inversión de USD 1.400 millones hasta 2028, consolidando su estrategia de expansión, modernización logística y sostenibilidad en uno de sus mercados clave en la región.

Durante su visita a Buenos Aires, el ejecutivo destacó que esta apuesta busca fortalecer la infraestructura operativa, impulsar la generación de empleo y acompañar el desarrollo económico local. “El sistema Coca-Cola cree en el potencial de Argentina. Estamos comprometidos a seguir invirtiendo para fortalecer nuestras operaciones y apoyar a las comunidades”, sostuvo.

Expansión logística y eficiencia operativa

Como parte del plan, Pietracci recorrió el nuevo centro de distribución “Nuevo Norte”, ubicado en el Parque Logístico de Camino del Buen Ayre, en Tres de Febrero, operado por Coca-Cola FEMSA. Esta infraestructura demandó una inversión de USD 51 millones y permitirá optimizar la distribución en el área metropolitana, mejorando tiempos de entrega y cobertura a miles de puntos de venta.

Este desarrollo se suma a otras iniciativas ejecutadas en el marco del programa lanzado en 2023, que incluye inversiones en tecnología, logística y procesos productivos orientados a mayor eficiencia.

Inversión industrial y modernización tecnológica

Entre los hitos recientes destaca la implementación, en 2024, de una nueva línea de envases retornables por parte de Coca-Cola Andina en Mendoza, con una inversión de USD 40 millones, posicionando a esa operación entre las más avanzadas de Sudamérica.

Asimismo, en 2025 se incorporó una nueva línea de producción en la planta de Ranelagh, con una inversión de USD 18,5 millones, reforzando la capacidad industrial del sistema en el país.

Impacto económico y generación de empleo

El sistema Coca-Cola en Argentina —integrado por la compañía y sus embotelladores— genera actualmente más de 100.000 empleos directos e indirectos, consolidando una amplia red de valor que abarca producción, distribución y comercialización a nivel nacional.

Estas inversiones no solo apuntan a mejorar la competitividad del negocio, sino también a fortalecer las economías regionales y dinamizar sectores vinculados a la cadena de suministro.

Sostenibilidad como eje estratégico

Uno de los pilares del plan es la sostenibilidad, con énfasis en modelos de economía circular. La compañía impulsa el uso de envases retornables que pueden reutilizarse hasta 25 veces, reduciendo el consumo de materiales vírgenes y mejorando la eficiencia energética.

Este enfoque responde a los desafíos ambientales del sector y a la necesidad de adaptar la operación a estándares cada vez más exigentes en materia de sostenibilidad.

Con una presencia de más de ocho décadas en Argentina, Coca-Cola consolida así una estrategia que combina inversión, innovación y responsabilidad ambiental, en un contexto regional donde la eficiencia operativa y la sostenibilidad se han convertido en factores clave de competitividad.

Pampa Energía apuesta por megaplanta de fertilizantes de USD 2.400 millones bajo el RIGI en Argentina

El proyecto Fértil Pampa busca transformar gas de Vaca Muerta en urea, generar divisas y reducir importaciones, en un contexto de alta volatilidad global en precios de fertilizantes.

La energética argentina Pampa Energía avanza en su estrategia de expansión industrial con la presentación del proyecto Fértil Pampa bajo el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), una iniciativa que contempla una inversión de USD 2.400 millones para la construcción de una megaplanta de fertilizantes en Bahía Blanca. La propuesta apunta a industrializar el gas natural de Vaca Muerta y posicionar al país como proveedor regional de urea.

El complejo tendrá una capacidad de producción estimada de 2,1 millones de toneladas anuales de urea a partir de 2030, con el objetivo de sustituir importaciones, fortalecer el sector agroindustrial y atender la creciente demanda regional. Se proyecta que el 60% de la producción esté orientado a exportaciones, principalmente hacia Brasil, lo que permitiría generar alrededor de USD 890 millones anuales en divisas.

Impacto productivo y empleo

El desarrollo de la planta contempla la creación de aproximadamente 3.500 empleos durante la fase de construcción y unos 300 puestos permanentes en operación. Además, se espera un efecto multiplicador en proveedores locales, consolidando un ecosistema industrial vinculado a la petroquímica y fertilizantes.

El proyecto aprovechará infraestructura estratégica ya existente en Bahía Blanca, como acceso a gasoductos, líneas de transmisión eléctrica, instalaciones portuarias de aguas profundas y disponibilidad de agua —que será desalinizada para uso industrial—, lo que mejora su viabilidad técnica y logística.

Integración energética y ventaja competitiva

Uno de los pilares de Fértil Pampa es la integración con la producción de gas natural. En 2025, Pampa Energía alcanzó un récord de 17,6 millones de metros cúbicos diarios y proyecta incrementarlo en 10 millones adicionales en los próximos tres años, lo que le permitiría abastecer directamente la planta.

El proceso productivo incluirá la fabricación de amoníaco y dióxido de carbono, insumos clave para la producción de urea, consolidando una cadena de valor integrada desde el gas hasta el fertilizante final.

Contexto internacional y oportunidad estratégica

El anuncio se produce en un escenario global de alta volatilidad en el mercado de fertilizantes. En las últimas semanas, los precios internacionales de la urea han registrado incrementos de entre 40% y 57%, impulsados por tensiones geopolíticas y restricciones en rutas clave como el Estrecho de Ormuz.

Actualmente, Argentina depende en gran medida de importaciones de urea, con una única planta relevante en operación. En ese contexto, Fértil Pampa no solo reduciría la dependencia externa, sino que también fortalecería la seguridad del suministro para el sector agrícola, uno de los motores clave de la economía.

RIGI y expansión de inversiones

La apuesta de Pampa Energía por el RIGI forma parte de una estrategia más amplia de inversiones. La compañía también evalúa destinar hasta USD 4.500 millones adicionales en el desarrollo del bloque Rincón de Aranda, en Neuquén, incluyendo infraestructura energética como oleoductos y gasoductos.

El éxito del proyecto, sin embargo, estará condicionado a factores como la estabilidad macroeconómica, la competitividad de los precios energéticos y la continuidad de incentivos para grandes inversiones.

Balanza comercial del Perú alcanza superávit récord de USD 38,869 millones a febrero de 2026

El Banco Central de Reserva del Perú reporta fuerte crecimiento de exportaciones impulsado por altos precios de minerales y mejora en términos de intercambio.

El Perú registró un superávit anual en su balanza comercial de USD 38,869 millones a febrero de 2026, consolidando uno de los resultados más sólidos de los últimos años, según datos del Banco Central de Reserva del Perú. Solo en febrero, el superávit mensual alcanzó los USD 4,189 millones, superando en USD 1,923 millones al registrado en el mismo mes de 2025.

Exportaciones impulsadas por precios internacionales

Las exportaciones sumaron USD 8,988 millones en febrero, lo que representó un crecimiento interanual de 38.2%. Este desempeño estuvo explicado principalmente por el aumento de 35.4% en los precios promedio de exportación, mientras que los volúmenes embarcados crecieron en menor medida (2.1%).

El incremento de precios estuvo liderado por productos clave como el oro, el cobre y la harina de pescado, que continúan siendo pilares de la canasta exportadora peruana en un contexto internacional favorable.

Importaciones crecen por mayor demanda interna

Por su parte, las importaciones alcanzaron los USD 4,799 millones en febrero, registrando un aumento de 13.3% interanual. Este crecimiento responde principalmente a mayores compras de bienes de capital y de consumo duradero, lo que refleja una recuperación de la inversión y del gasto interno.

Mejora significativa en términos de intercambio

Los términos de intercambio mostraron un incremento interanual de 36.2% en febrero, impulsados por el alza de los precios de exportación y la ligera caída de 0.6% en los precios de importación, debido principalmente a menores cotizaciones del petróleo y sus derivados.

En términos mensuales, los términos de intercambio también registraron una mejora de 1.2% respecto a enero, explicada por el incremento de 2.5% en los precios de exportación, especialmente del oro y el cobre.

Contexto favorable, pero con retos

El sólido superávit comercial refleja un entorno externo favorable para el Perú, apalancado en altos precios de commodities. No obstante, la sostenibilidad de este desempeño dependerá de la evolución de los mercados internacionales, los precios de los minerales y la dinámica de la demanda global.

La salud como inversión: el error de seguir tratándola como gasto

Por Antonio Herrera Cabanillas

En el Perú seguimos hablando de salud como si fuera un problema presupuestal. Cada año, el debate gira en torno a cuánto se gasta, cuánto falta y cuánto se puede recortar o reasignar. La salud aparece en las discusiones públicas como una carga necesaria, pero incómoda. Como un costo que hay que administrar, más que como una oportunidad que hay que potenciar. Ese enfoque no solo es limitado; es profundamente equivocado.

La salud no es un gasto. Es una de las inversiones más estratégicas que puede hacer un país. Y tratarla como un costo nos está saliendo caro, no solo en términos económicos, sino en oportunidades perdidas, productividad debilitada y desarrollo estancado.

Un país enfermo no crece. Puede sostenerse por un tiempo, puede incluso mostrar indicadores positivos en determinados momentos, pero tarde o temprano el impacto aparece. Trabajadores que no pueden rendir plenamente, estudiantes que no logran concentrarse ni aprender, familias que destinan sus recursos a enfrentar enfermedades en lugar de invertir en su progreso. Todo esto tiene un costo real, aunque no siempre figure en los balances.

Cuando una persona enferma gravemente, no solo se afecta su salud. Se afecta su capacidad de generar ingresos, su estabilidad emocional, su entorno familiar y, en muchos casos, su futuro. Si esa persona es el principal sostén económico de su hogar, el impacto se multiplica. La enfermedad deja de ser individual y se convierte en un problema social. Y cuando ese fenómeno se repite a gran escala, deja de ser un problema de salud y se convierte en un problema de desarrollo.

Parte del error está en cómo entendemos la inversión. Solemos asociarla a infraestructura, a grandes proyectos, a crecimiento económico inmediato. Pero pocas veces la vinculamos con aquello que permite que todo lo demás funcione: el bienestar físico y mental de las personas.

Invertir en salud no es solo construir hospitales o comprar equipos. Es asegurar que las personas lleguen a tiempo al sistema, que reciban información clara, que puedan sostener sus tratamientos y que tengan condiciones mínimas para recuperarse. Es apostar por la prevención, que sigue siendo la herramienta más efectiva y, paradójicamente, la menos priorizada.

La evidencia es clara: prevenir cuesta menos que tratar. Detectar a tiempo reduce la complejidad de las intervenciones, mejora los resultados y disminuye la carga sobre el sistema. Sin embargo, seguimos llegando tarde. Llegamos cuando la enfermedad ya avanzó, cuando el tratamiento es más largo, más costoso e incierto.

Esto no ocurre por desconocimiento. Ocurre porque la prevención no ha sido integrada como una prioridad real en la vida de las personas ni en la estrategia de las instituciones. Hemos normalizado un sistema que reacciona mejor de lo que anticipa.

El impacto de esta lógica no es menor. Cada diagnóstico tardío es una oportunidad perdida. Cada tratamiento interrumpido es una inversión que no se completa. Cada paciente que abandona el sistema por falta de condiciones es un reflejo de que el problema no es solo médico, sino estructural.

Aquí es donde la conversación debe ampliarse. La salud no es responsabilidad exclusiva del sistema sanitario. Es un desafío compartido. El Estado tiene un rol fundamental en garantizar acceso y calidad. Pero las empresas también tienen un papel clave, promoviendo entornos laborales saludables, programas de prevención y apoyo a sus colaboradores. Las organizaciones sociales complementan donde el sistema no alcanza. Y la ciudadanía, informándose y priorizando su cuidado. La salud, en ese sentido, es un espacio donde la corresponsabilidad deja de ser un concepto abstracto y se vuelve práctica concreta.

También es necesario cambiar la narrativa. Mientras sigamos viendo la salud como un gasto que compite con otras prioridades, seguiremos postergándola. Pero cuando entendemos que la salud habilita todo lo demás —educación, empleo, productividad, bienestar—, la conversación cambia. No se trata de gastar más por gastar. Se trata de invertir mejor. De asignar recursos donde generan mayor impacto. De priorizar la prevención, fortalecer la atención primaria y asegurar que los tratamientos no se interrumpan por razones que podrían evitarse.

Los países que han logrado avances sostenidos en desarrollo han entendido esto con claridad. Han invertido en salud no solo por razones éticas, sino por inteligencia estratégica. Porque saben que una población sana es más productiva, más innovadora y capaz de sostener el crecimiento en el tiempo.

El Perú tiene hoy la oportunidad de replantear esta mirada. De pasar de una lógica reactiva a una preventiva. De entender que cada sol invertido en salud no es un gasto que se pierde, sino una inversión que retorna en forma de bienestar, productividad y cohesión social.

La pregunta no es cuánto cuesta invertir en salud. La pregunta es cuánto nos cuesta no hacerlo. Porque al final, un país que no cuida la salud de su gente no solo compromete su presente, compromete su futuro.