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viernes, julio 24, 2026
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Menos horas de viaje, más competitividad: el rol de los túneles en el desarrollo económico del Perú

La infraestructura subterránea permite reducir tiempos de traslado, conectar territorios aislados y fortalecer la integración entre centros productivos, puertos y mercados.

En el Perú, una montaña no solo separa dos ciudades: también puede aumentar los costos del transporte, retrasar el comercio y limitar el acceso a oportunidades. En un país donde buena parte de la actividad económica depende de atravesar la Cordillera de los Andes, la infraestructura deja de ser únicamente una obra pública para convertirse en un factor clave de competitividad.

En ese contexto, los túneles se consolidan como una de las principales soluciones para reducir tiempos de viaje, mejorar la logística e integrar territorios que históricamente han enfrentado barreras geográficas. Su impacto trasciende la ingeniería: una conexión más eficiente puede traducirse en menores costos para productores, mayor acceso a mercados y nuevas oportunidades de inversión y desarrollo regional.

Uno de los proyectos que mejor refleja este potencial es la Nueva Carretera Central, que contempla una vía de aproximadamente 185 kilómetros, con cerca de 30 kilómetros de túneles y 19 kilómetros de viaductos. De acuerdo con el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), la obra beneficiará a más de 11 millones de personas y fortalecerá la conexión entre Lima y la Macro Región Centro, facilitando el traslado de personas y mercancías hacia los principales mercados del país.

De la conectividad a la competitividad

Reducir una hora de viaje no solo beneficia a quienes utilizan una carretera. También disminuye costos logísticos, mejora la competitividad de las empresas, facilita el acceso a nuevos mercados y fortalece cadenas productivas completas.

En el caso de la Nueva Carretera Central, el MTC destaca que la infraestructura contribuirá a optimizar el abastecimiento del Mercado Mayorista de Lima, que recibe alrededor del 60% de los alimentos provenientes de la zona central del país. Asimismo, permitirá fortalecer actividades como la agroexportación, la minería, el comercio y las exportaciones al mejorar la eficiencia del transporte.

Una conectividad más moderna también impulsa el desarrollo turístico. Regiones que hoy presentan dificultades de acceso pueden integrarse a nuevos circuitos de visitantes y dinamizar actividades como el hospedaje, la gastronomía y los servicios. Entre las oportunidades identificadas por el MTC figuran destinos como Huarochirí, la Reserva Paisajística Nor Yauyos-Cochas y el Valle del Mantaro. A ello se suma el corredor Cusco–Choquequirao, cuya infraestructura busca consolidar uno de los principales destinos turísticos del país.

La economía empieza a moverse antes de que circule el primer vehículo

Los beneficios de una obra de esta magnitud comienzan mucho antes de su inauguración. Según el MTC, la construcción de la Nueva Carretera Central generará alrededor de 112.000 puestos de trabajo, de los cuales 12.000 serán directos y 100.000 indirectos, vinculados a actividades como transporte, alimentación, hospedaje, servicios y provisión de insumos.

El impacto también alcanza a pequeñas y medianas empresas que participan como proveedoras de bienes y servicios durante la ejecución del proyecto, dinamizando las economías locales e incorporándolas a cadenas de actividad de mayor escala.

A ello se suma un efecto menos visible, pero igualmente importante: el fortalecimiento del capital humano. La participación de profesionales, técnicos y trabajadores en proyectos de alta complejidad permite desarrollar capacidades que permanecen en el país y contribuyen a elevar el nivel técnico del sector de infraestructura.

Infraestructura para el desarrollo de largo plazo

Para especialistas de China Railway Tunnel Group (CRTG), empresa especializada en infraestructura subterránea, el valor de un túnel no se mide únicamente por los kilómetros excavados, sino por su capacidad para reducir brechas de conectividad, disminuir costos logísticos y crear condiciones para un crecimiento económico más equilibrado.

En un país con una geografía tan desafiante como la peruana, la infraestructura subterránea representa mucho más que una solución de ingeniería. Constituye una inversión estratégica para integrar territorios, fortalecer la competitividad y ampliar las oportunidades de desarrollo durante las próximas décadas.