La desactivación de una posible escalada militar en Oriente Medio impulsó un rally bursátil liderado por tecnología, mientras persisten preocupaciones por el crecimiento mundial, la inflación y el riesgo de estanflación en Europa.
La sesión macroeconómica global estuvo marcada por un violento giro en el sentimiento de riesgo, donde la aversión inicial mutó en euforia bursátil tras desactivarse un inminente choque militar en Oriente Medio. La jornada inauguró bajo una profunda cautela reflejada en un Índice de Miedo y Codicia en 28 unidades y el recorte del Banco Mundial al PIB global para 2026 a un 2.5%, arrastrado por la ralentización de China al 4.2% y los efectos de la guerra que se sumó a la decisión del BCE de subir tipos de interés en 25 puntos básicos hasta el 2.25% en un contexto de estancamiento donde el FMI recortó la previsión del PIB de la eurozona al 0.9% y elevó la inflación al 2.8% y a un IPP en Estados Unidos que superó las expectativas al ubicarse en 6.5% interanual. No obstante, Wall Street revirtió las pérdidas de forma vertical por la tarde una vez que el presidente Donald Trump anunció la cancelación de los bombardeos programados y sugirió la firma inminente de un acuerdo multilateral facilitado por Qatar, detonando un masivo rally de alivio a pesar de que la agencia Fars News advirtió que Irán aún no ratifica un texto definitivo.
En el ámbito corporativo y de cierres de mercado, los flujos financieros se reconfiguraron agresivamente en favor de los activos de riesgo y los sectores tecnológicos de frontera. Las mesas de dinero asimilaron el agresivo plan de infraestructura de Oracle, que reportó un capex de 55,700 millones de dólares para el año fiscal 2026 y proyectó hasta 95,000 millones para 2027 enfocados en centros de datos de inteligencia artificial; sin embargo, la máxima atención de los operadores se concentró en la histórica salida a bolsa de SpaceX, cuyas solicitudes minoristas superaron los 100,000 millones de dólares a menos de 24 horas de debutar con una capitalización proyectada por encima de los 2 billones de dólares. Este optimismo impulsó al S&P 500 a dispararse un 1.82% cerrando en 7,390 puntos, al Nasdaq 100 a avanzar un 3.5% y al Nikkei japonés a rebotar un 4%. En contraposición, el rendimiento de los bonos a 10 años en Estados Unidos se hundió un 2.2% hasta el 4.45% después de que los operadores eliminaran de sus previsiones una subida de tipos de la Fed para este año, al tiempo que el dólar global retrocedió (DXY -0.43% a 99.6) y el petróleo colapsó más de un 5%, con el WTI cerrando en 84 dólares por barril tras disiparse la prima de riesgo geopolítico.
Desde mi perspectiva, la jornada evidenció la extrema dependencia del mercado a la liquidez y a la diplomacia, en un entorno donde los desequilibrios estructurales de mediano plazo siguen latentes. Para las próximas sesiones, espero que la mega OPI de SpaceX salga con bastante volatilidad, por la expectativa tan alta tal vez podríamos encontrar un sesgo alcista con la euforia minorista mañana, sin embargo, el trasfondo macroeconómico invita a la prudencia extrema. Con precios al consumo que han escalado un 30% globalmente desde 2020 y un riesgo de estanflación real en Europa, cualquier contratiempo en la frágil tregua con Irán o una lectura del PCE subyacente de mayo en Estados Unidos por encima del 0.31% proyectado por Goldman Sachs reactivará la aversión al riesgo,
Laura Torres, Directora de Inversiones IMB Capital Quants




