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martes, septiembre 1, 2026
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¿Tiene sentido seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos? A propósito de los 1000 millones que Agrobanco debe colocar en la pequeña agricultura

Por José Yturrios P. y Javier Alvarado G., División de Agricultura y Cambio Climático en RECURSOS

El Gobierno ha anunciado que en 2026 Agrobanco y Fondo Agro Perú desembolsarán más de S/1,000 millones. El propósito es loable, que haya más crédito para el pequeño agricultor, pero ¿tiene sentido ampliar la oferta de crédito a través de un banco público de primer piso en un mercado en el que ya participan 30 instituciones financieras (supervisadas por la SBS) entre bancos privados, cajas municipales, financieras y cooperativas de ahorro y crédito?

El crédito a la pequeña agricultura ya descansa mayoritariamente en el sector privado: de cada S/100 colocados en la pequeña agricultura, S/83 son otorgados por instituciones distintas de Agrobanco. Y estas instituciones atienden a 9 de cada 10 deudores.

En 2025 se colocaron S/4,900 millones en crédito al sector agropecuario de pequeña escala. Agrobanco representó solo 17%; el resto provino de cajas municipales, financieras, MI BANCO, Compartamos Banco, cajas rurales y empresas de crédito (ver gráfico 1). Es decir, existe ya una oferta financiera importante y diversificada fuera de Agrobanco La pregunta no es solo cuánto más puede prestar Agrobanco, sino cómo hacer que ese mercado funcione mejor, se profundice, llegue a más productores y financie inversiones que realmente eleven productividad y transformen la pequeña agricultura.

El crecimiento real de crédito a la pequeña agricultura (2021 – 2025) fue del 47%, en promedio, las Cajas Municipales crecieron 121%, Mi Banco 45% y Agrobanco 34%.

Las Cajas Municipales han aumentado de forma muy importante su participación en la colocación de créditos a pequeños agricultores, pasando de ser el 36% de las colocaciones a explicar hoy el 54% de las mismas. Agrobanco, que en los años 2015 y 2016 respondía por casi el 50% de las colocaciones, hoy explica sólo el 17% de las mismas. La evolución de las series (ver gráfico 2) sugiere que una parte de la expansión del crédito público de primer piso podría estar sustituyendo, y no necesariamente adicionando, crédito de otros intermediarios. Si ya hay un sector privado interesado en arriesgar su inversión en el pequeño productor, ¿qué sentido tiene desalentarlo?

Las tasas son altas, sí, pero ¿es porque falta competencia? No, en el año 2025 hubieron 30 instituciones financieras colocado créditos en la pequeña agricultura.

En el microcrédito, el interés es alto por que una parte importante de la tasa responde a costos operativos, principalmente, pero también a la percepción del riesgo y el costo del fondeo. Agrobanco enfrenta esos mismos costos: su tasa técnica ronda 28%-34%. Cuando el productor paga mucho menos mediante FIFPPA (Fondo para la Inclusión Financiera del Pequeño Productor Agropecuario), la diferencia no desaparece: la paga el Estado. Entonces, ¿tiene sentido seguir usando al Estado principalmente como prestamista de primer piso? ¿O sería más eficiente usar los recursos públicos para apalancar a decenas de intermediarios que ya tienen clientes, redes, tecnología y experiencia rural? Nos inclinamos por lo segundo.

Más allá de Agrobanco: una nueva arquitectura financiera rural para la transformación productiva de la pequeña agricultura.

La discusión no es Agrobanco sí o no, la discusión es ¿cómo mejoramos el funcionamiento del mercado de crédito dirigido al pequeño productor para que este reciba un crédito oportuno, a menos costos y mejor estructurado?  Aquí hacemos algunas sugerencias.

  1. Reducir el costo real de prestar

En lugar de subsidiar permanentemente la tasa, el Estado debería actuar sobre los factores que hacen caro el crédito rural. Esto implica construir mejores sistemas de información sobre parcelas, productividad, ventas y contratos; georreferenciar predios; digitalizar la originación, desembolso y cobranza; utilizar compradores y cadenas de valor como fuente de información; desarrollar seguros agrícolas y garantías parciales; y organizar territorialmente a los productores para reducir costos de evaluación y seguimiento.

Prestar a un agricultor aislado es caro. Prestar a cientos de productores vinculados a una cooperativa, comprador, cadena productiva u otro esquema territorial organizado puede reducir significativamente los costos de transacción.

  1. Financiar la transformación productiva, no solo la campaña

La pequeña agricultura no necesita únicamente más crédito. Necesita financiamiento que permita acumular capital, incorporar tecnología y elevar productividad. La mayor parte de la oferta actual se concentra en capital de trabajo de corto plazo. Se requieren productos de tres a cinco años para riego, maquinaria, equipos, infraestructura y renovación de cultivos, así como financiamiento de más largo plazo para plantaciones permanentes, sistemas agroforestales y forestales.

También debemos avanzar de un mercado basado casi exclusivamente en préstamos hacia un ecosistema de servicios financieros: leasing, seguros, factoring, garantías, fideicomisos y financiamiento contra contratos. El objetivo no debe ser financiar indefinidamente la agricultura que tenemos, sino financiar la agricultura que queremos construir.

  1. Crear mercado y apalancar al sistema financiero

El Estado no tiene por qué ser quien coloque directamente la mayor cantidad de créditos. Su función puede ser mucho más poderosa: crear las condiciones para que más instituciones quieran y puedan prestar a la pequeña agricultura. El Perú ya tiene un precedente. Hace 25 años, cuando el mercado hipotecario era poco desarrollado, el Estado creó Fondo MIVIVIENDA como mecanismo de segundo piso y canalizó recursos a través de bancos e instituciones financieras. La finalidad fue ayudar a desarrollar un mercado que antes era insuficiente.

Una lógica similar podría aplicarse a la pequeña agricultura: utilizar recursos públicos para proporcionar fondeo de mediano y largo plazo, garantías parciales e incentivos temporales, mientras cajas, financieras, cooperativas y bancos compiten por originar, evaluar y recuperar los préstamos. recursos a través de bancos e instituciones financieras. La finalidad fue ayudar a desarrollar un mercado que antes era insuficiente.

Así, el indicador de éxito dejaría de ser cuánto presta directamente el Estado y pasaría a ser cuánto financiamiento adicional consigue movilizar hacia inversión productiva. No importa quién presta. Importa que se preste más, mejor, a menor costo y para transformar la productividad de la pequeña agricultura.