Las reservas rusas de oro cayeron en 43,5 toneladas durante 2026, mientras el déficit fiscal aumenta, la inflación se mantiene elevada y el gasto militar presiona las cuentas públicas.
La economía de Rusia enfrenta una creciente presión fiscal y financiera en 2026, en un escenario marcado por el elevado gasto militar, una inflación que permanece alrededor del 6% y menores ingresos energéticos. En este contexto, el país ha comenzado a desprenderse de una parte significativa de sus reservas de oro, un movimiento que refleja la necesidad de disponer de activos líquidos para sostener las cuentas públicas y financiar el esfuerzo bélico.
De acuerdo con datos del Banco de Rusia citados en el análisis, las reservas de oro se ubicaron en 73,4 millones de onzas troy, equivalentes a 2.282 toneladas métricas, a comienzos de julio, unas 43,5 toneladas menos que al inicio del año. Con ello, las reservas se encuentran en su nivel más bajo desde antes de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022.
La venta de oro adquiere mayor relevancia debido a que el metal alcanzó precios históricamente elevados durante los primeros meses de 2026. Con una cotización promedio cercana a los US$4.800 por onza durante los primeros cuatro meses, las operaciones realizadas por Rusia podrían haber generado más de US$5.000 millones.
Déficit ruso duplica el nivel de hace un año
La presión sobre las finanzas públicas constituye uno de los principales factores detrás de este escenario. El desequilibrio fiscal alcanzó 5,8 billones de rublos en abril, el doble que un año antes y por encima de los 3,8 billones de rublos que inicialmente se habían previsto para todo 2026.
El deterioro se produce mientras el gasto relacionado con la guerra aumentó 16% y los ingresos provenientes del sector energético continúan debilitándose.
El peso del gasto militar se ha incrementado de manera considerable desde el inicio de la guerra. El gasto en defensa se multiplicó por más de cuatro desde 2021 y alcanzó alrededor de 16 billones de rublos en 2025, equivalentes a unos US$204.000 millones.
En paralelo, el Gobierno ruso enfrenta mayores dificultades para sostener el crecimiento de otros sectores de la economía, mientras las restricciones sobre el acceso a mercados internacionales y las sanciones limitan las alternativas de financiamiento.
La venta de oro no significa necesariamente una crisis financiera
La utilización de las reservas de oro ha generado interpretaciones diferentes entre los especialistas. Para Elina Ribakova, economista del Peterson Institute for International Economics, la venta del metal evidencia una menor disponibilidad de otros activos líquidos para financiar el déficit.
“El hecho de que estén vendiendo oro significa que se están quedando sin otros activos más líquidos”, explicó Ribakova a DW.
Sin embargo, Chris Weafer, analista de Macro-Advisory, considera que las operaciones no pueden interpretarse directamente como una señal de pánico o de una inminente quiebra de Rusia.
Según Weafer, el oro se convirtió en un activo importante del Fondo Nacional de Bienestar después de que las sanciones limitaran el acceso de Rusia a bonos del Tesoro estadounidense y otros activos internacionales. Por ello, sostiene que su venta responde también a la función de un fondo soberano: utilizar activos líquidos cuando el Estado necesita recursos.
El fondo tendría un valor aproximado de US$150.000 millones, de los cuales unos US$50.000 millones serían considerados líquidos.
Inflación y falta de trabajadores complican el escenario
La presión fiscal se suma a otros desequilibrios internos. Aunque el Banco de Rusia ha comenzado a reducir las tasas de interés para intentar reactivar la actividad, la inflación oficial se mantiene alrededor del 6%, mientras las expectativas de inflación de los hogares alcanzan aproximadamente el 13%.
El mercado laboral presenta además una situación particular. El desempleo cayó hasta un mínimo histórico de 2,1%, en parte por la escasez de trabajadores asociada a la movilización militar y las bajas en el frente.
Esta falta de mano de obra limita la capacidad de las empresas para aumentar su producción incluso cuando reciben apoyo financiero.
A ello se suma la situación del crédito. El crecimiento del financiamiento destinado a pequeñas y medianas empresas pasó de alrededor de 30% anual en 2024 a terreno negativo en junio de 2026, según los datos citados en el análisis.
Los economistas Charles Lichfield y Brendon Chen, del Atlantic Council, advierten que el crédito subsidiado para sectores vinculados al esfuerzo bélico puede mantener solventes a determinadas empresas, pero no resuelve las restricciones estructurales de la economía.
Rusia pide a los bancos apoyar a las empresas afectadas
En este contexto, el Banco de Rusia pidió a las entidades financieras otorgar condiciones crediticias flexibles a pequeñas y medianas empresas afectadas por los ataques de drones ucranianos.
La medida busca evitar que los problemas temporales de liquidez de las compañías se conviertan en problemas de solvencia. Sin embargo, representa otro mecanismo de apoyo estatal en una economía que ya acumula importantes intervenciones para sostener la actividad.
El problema es que estas medidas también pueden aumentar las presiones inflacionarias si el crédito subsidiado continúa expandiéndose mientras la economía enfrenta restricciones de oferta y escasez de trabajadores.
El petróleo sigue siendo la principal variable
Pese a la venta de oro y el deterioro fiscal, los analistas coinciden en que la capacidad de Rusia para sostener su economía de guerra continúa dependiendo en gran medida de los ingresos provenientes de las exportaciones de petróleo y gas.
Para Ribakova, los precios internacionales del petróleo constituyen el principal límite para Moscú. Con precios elevados, Rusia mantiene mayores ingresos y capacidad para financiar el gasto público. En cambio, una caída significativa del crudo reduciría rápidamente ese margen.
La situación se vuelve más compleja por la escasez de combustible y los daños provocados por ataques contra infraestructura energética rusa, que afectan la capacidad de refinación y dificultan la generación de ingresos por exportaciones de productos refinados.
El costo de la guerra genera una economía cada vez más distorsionada
El mayor riesgo para Rusia no necesariamente se encuentra en una crisis financiera inmediata, sino en el deterioro de sus capacidades económicas de largo plazo.
La creciente participación de las industrias vinculadas con la defensa dentro del producto interno bruto implica que una proporción mayor de los recursos se destina a bienes asociados con el esfuerzo militar en lugar de consumo, inversión productiva o mejoras en el bienestar de los hogares.
Weafer advierte que este proceso está generando una distorsión cada vez mayor y perspectivas negativas para la economía rusa después del final de la guerra.
“Está creando una enorme distorsión en la economía y configurando unas perspectivas negativas a largo plazo que ya están provocando divisiones dentro del Gobierno”, sostuvo el analista.
El escenario, por tanto, presenta una economía que todavía conserva capacidad para financiar la guerra, pero que debe recurrir cada vez más a sus activos líquidos y a mecanismos de apoyo para sostener determinados sectores.
La venta de oro no implica por sí sola que Rusia esté al borde de una crisis financiera. Sin embargo, constituye una señal relevante sobre la presión que enfrenta el Estado para equilibrar el costo del conflicto, el gasto público, la inflación y la necesidad de mantener funcionando una economía sometida a restricciones externas e internas.




