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EXPODECO 2026 convertirá a Lima en el punto de encuentro del diseño y la arquitectura en Latinoamérica

La feria más grande de arquitectura, diseño e interiorismo del país se realizará del 9 al 13 de septiembre en el Centro de Convenciones E. Wong.

Tras congregar a más de 34 mil visitantes en su última edición, EXPODECO volverá del 9 al 13 de septiembre al Centro de Convenciones E. Wong, con una propuesta renovada que busca consolidar su posición como el principal punto de encuentro para arquitectos, diseñadores, desarrolladores inmobiliarios, proveedores, empresas y profesionales vinculados al diseño, la construcción y el equipamiento de espacios.

En esta décimo tercera edición, la feria reunirá más de 250 marcas expositoras en cerca de 16 mil metros cuadrados destinados a exhibición y servicios. Además, contará con 14 salones temáticos desarrollados por destacados arquitectos e interioristas, quienes presentarán propuestas inspiradas en tendencias globales, sostenibilidad, tecnología, bienestar y las nuevas formas de habitar que vienen transformando los espacios contemporáneos.

La edición de este año integra diversas disciplinas en la creación de espacios inmersivos, donde la arquitectura, el interiorismo y el arte se combinan para ofrecer nuevas formas de experimentar los ambientes. “Buscamos que el visitante no solo observe los espacios, sino que los viva y los recorra desde una experiencia más sensorial e integrada”, señaló Luis Liendo, director de EXPODECO.

Una de las principales novedades de este año será la incorporación de los salones binacionales Perú–México y Perú–Colombia. La participación de ambos países como invitados especiales permitirá promover el intercambio creativo y profesional entre empresas, especialistas y referentes del diseño latinoamericano, fortaleciendo el posicionamiento internacional de la feria.

La programación incluirá además conferencias magistrales, charlas empresariales, presentaciones de tendencias y espacios académicos. A ello se sumará la Sala de Negocios, un espacio diseñado para facilitar contactos estratégicos, generar alianzas y abrir nuevas oportunidades para profesionales y empresas del sector.

“Queremos que EXPODECO siga evolucionando como una plataforma que conecta talento, conocimiento y oportunidades de negocio. La participación de México y Colombia nos permitirá ampliar la conversación sobre diseño desde una perspectiva regional y seguir fortaleciendo los vínculos entre profesionales y mercados de Latinoamérica”, comenta Liendo.

Con una propuesta que integra exhibición comercial, intercambio de conocimiento y networking profesional, EXPODECO 2026 espera reunir nuevamente a miles de visitantes y consolidarse como el escenario donde convergen las principales tendencias, innovaciones y oportunidades para la industria del diseño, la arquitectura y el interiorismo en el Perú.

Ecología de la comunicación: el paisaje sonoro que las organizaciones todavía no están escuchando

Por Lic. Claudia Armesto, Comunicóloga. Mentora digital. CEO de Empatía Comunicación. Especialista en comunicación organizacional, liderazgo empático y sostenibilidad.

En las organizaciones se habla mucho de comunicación. Se habla de impacto, de campañas, de mensajes, de canales, de contenidos, de vocerías y de medición. Se planifica qué decir, cuándo decirlo, por dónde decirlo y cómo evaluar su alcance.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos en una pregunta anterior, más incómoda y quizás más estratégica: ¿qué ambiente comunicacional estamos generando?

O, incluso más: ¿qué ambiente estamos escuchando, evitando o negando?

Porque una organización no solo comunica mensajes. También produce un clima, un tono, una frecuencia, una textura vincular, una manera de estar con otros. Produce un estado relacional.

Así como los espacios físicos pueden ser más o menos habitables, los entornos comunicacionales también pueden serlo.

Pueden ser claros o confusos.
Pueden generar confianza o distancia.
Pueden abrir conversaciones o bloquearlas.
Pueden cuidar a las personas o saturarlas.
Pueden construir sentido o producir ruido.

En tiempos de hiperconectividad, fragmentación, inteligencia artificial, automatización y sobreinformación, esta pregunta se vuelve clave para el management: ¿qué ambiente estamos creando con nuestra comunicación dentro de las organizaciones?

La respuesta no está únicamente en los mensajes formales ni en el discurso institucional. Está también en aquello que circula todos los días: los silencios, las repeticiones, las urgencias, el retrabajo, los gestos, las reuniones, los correos, los tonos de liderazgo, las conversaciones informales y las señales que las personas aprenden a interpretar dentro de una cultura organizacional.

Hace un tiempo, la mirada de R. Murray Schafer me abrió una puerta conceptual y reflexiva muy importante. Schafer propuso una forma transformadora de pensar el sonido a través del concepto de paisaje sonoro: el entorno acústico que habitamos, con sus sonidos de fondo, sus señales, sus marcas distintivas y también sus ruidos.

Retomo esa inspiración, junto con la idea de una ecología de la comunicación, desde una mirada organizacional: no para hablar solo de medios o tecnologías, sino para pensar qué ambientes simbólicos, emocionales y vinculares producimos con nuestras formas de comunicar.

Expongo esta idea porque ofrece una metáfora muy didáctica para pensar las organizaciones.

Toda organización tiene una sonoridad propia. Y esa sonoridad también construye un paisaje comunicacional.

Ese paisaje no está compuesto solo por lo que se dice oficialmente. También está formado por lo que se evita, por lo que se repite sin revisión, por lo que se naturaliza, por lo que interrumpe, por lo que incomoda, por lo que ya nadie escucha y por lo que todavía no encuentra palabras.

Escuchar el paisaje comunicacional y sonoro de una organización implica mirar más allá del mensaje. Implica comprender el sistema de relaciones donde ese mensaje circula.

¿Qué se escucha en una reunión antes de que empiece formalmente?
¿Qué tono predomina cuando se habla de cambio?
¿Qué silencios aparecen cuando se menciona un conflicto?
¿Qué mensajes se repiten tanto que ya perdieron sentido?
¿Qué señales reciben los equipos cuando las decisiones no coinciden con los discursos?
¿Qué rituales comunican pertenencia?
¿Qué formas de hablar generan confianza y cuáles producen distancia?

Estas no son preguntas accesorias. Son preguntas de gestión.

Porque la comunicación no vive únicamente en las piezas comunicacionales o en los canales. Vive en la experiencia cotidiana de las personas.

En las organizaciones que acompaño, veo cada vez más velocidad y menos posibilidad de encuentro genuino. Muchas formas de comunicación presencial fueron reemplazadas por reuniones virtuales que, aunque necesarias, también generan nuevos ruidos.

La tecnología nos conecta, pero también puede interrumpir la escucha: una conexión inestable, una cámara apagada, un audio que se corta, una atención fragmentada entre varias pantallas. Sin embargo, el problema no es solamente técnico. En lo más profundo, lo que está en juego es la calidad del encuentro.

Estar conectados no significa estar presentes. Y estar presentes no siempre significa estar disponibles para escuchar.

Muchas organizaciones me cuentan que, en reuniones virtuales numerosas, varias personas deshabilitan la cámara. Entonces no sabemos si realmente están escuchando, si están haciendo otra cosa, si comprendieron, si están de acuerdo, si tienen dudas o si simplemente están ahí, conectadas pero ausentes.

La tecnología nos permitió sostener conversaciones, equipos y proyectos. Pero también introdujo nuevos ruidos: multitarea, fatiga, pérdida de feedback real y una atención cada vez más fragmentada.

Quizás por eso el gran desafío no sea abandonar la tecnología, sino recuperar espacios donde la escucha no esté completamente mediada por ella.

Talleres, encuentros presenciales, conversaciones más pausadas, momentos de intercambio donde sea posible leer gestos, silencios, climas y tonos. Puede sonar antiguo, pero muchas organizaciones necesitan volver a encontrarse fuera de la matrix de la velocidad, de los objetivos y de la respuesta inmediata.

La escucha genuina es profundamente estratégica. Cuando se pierde, la organización puede seguir funcionando, respondiendo y produciendo, pero empieza a debilitar su capacidad de interacción, de intercambio y de sentido.

Cuando una organización comunica sin escuchar su propio paisaje, aumenta el ruido. Puede producir más contenidos, más comunicados, más reuniones, más acciones y más presencia en canales. Pero eso no necesariamente construye más sentido.

Y ahí está una de las claves: ocupar todos los canales y aun así no construir confianza es un problema de gestión.

El ruido organizacional no siempre es volumen. A veces es un exceso de mensajes sin dirección. A veces es la incoherencia entre discurso y acción. A veces es una urgencia permanente que no deja espacio para comprender. A veces es un lenguaje técnico, automático o desconectado de la experiencia real de las personas.

También veo mucho retrabajo en las organizaciones por falta de comunicación. No siempre se trata de falta de capacidad o de compromiso. Muchas veces se trata de supuestos no conversados: alguien cree que el otro entendió, alguien interpreta desde una percepción diferente, alguien avanza sobre una idea que nunca fue del todo clara.

Así se empieza a producir ruido. Primero parece una diferencia menor; después se convierte en malestar, desgaste, reprocesos y síntomas que nadie detecta a tiempo. En una ecología de la comunicación, escuchar también implica revisar qué supuestos están organizando nuestras decisiones cotidianas.

Frente a esto, necesitamos empezar a hablar de una ecología de la comunicación.

Así como la ecología nos invita a cuidar los entornos que habitamos, una ecología de la comunicación nos invita a cuidar los entornos simbólicos, emocionales y vinculares que producimos con nuestras palabras, silencios y canales.

No se trata solo de comunicar más.
Se trata de comunicar con conciencia.

No se trata solo de tener presencia.
Se trata de construir presencia significativa.

No se trata solo de emitir mensajes.
Se trata de generar condiciones para que esos mensajes puedan ser escuchados, comprendidos y apropiados.

Una ecología de la comunicación supone reducir el ruido, cuidar los tiempos, revisar los canales, escuchar los climas, reconocer los silencios, prestar atención a los tonos y alinear los discursos con las prácticas.

También supone aceptar algo fundamental: cada mensaje tiene un impacto.

Las palabras no son neutras. Pueden ordenar o confundir. Pueden inspirar o saturar. Pueden abrir una conversación o cerrarla. Pueden construir comunidad o profundizar la fragmentación.

Por eso, la escucha deja de ser una habilidad individual para convertirse en una capacidad organizacional.

Una organización que escucha su paisaje comunicacional puede detectar antes sus tensiones y contradicciones. Puede revisar sus narrativas. Puede comprender mejor a sus comunidades —prefiero hablar de comunidades y no de audiencias, porque necesitamos devolver humanidad a las personas— y construir vínculos más coherentes.

En este contexto, necesitamos cada vez más líderes que no se contaminen de ruido y que puedan convertirse en habilitadores de escucha.

Liderar no debería ser amplificar la urgencia ni reproducir la saturación. Debería ser también crear condiciones para que las conversaciones importantes puedan suceder.

Un líder que cuida la ecología de la comunicación distingue lo urgente de lo relevante, ordena el intercambio, habilita pausas, reconoce señales y evita que la organización quede atrapada en la repetición automática de mensajes, objetivos y respuestas.

En entornos ruidosos, la escucha también necesita ser facilitada.

En management, esta mirada puede ser decisiva.

Muchas crisis no comienzan cuando el problema se vuelve visible. Empiezan mucho antes: cuando las señales estaban ahí, pero nadie las escuchó. Cuando fueron naturalizadas, negadas o minimizadas. Cuando los silencios se acumularon. Cuando el ruido tapó el sentido. Cuando la cultura decía algo distinto de lo que afirmaba el discurso institucional.

Escuchar el paisaje sonoro de una organización es, entonces, una forma de gestión anticipada.

Es leer el ambiente antes de que se vuelva conflicto.
Es reconocer qué está vibrando en la cultura antes de que se convierta en síntoma.

El próximo 18 de julio se celebra el Día Mundial de la Escucha, una fecha inspirada en el legado de R. Murray Schafer. Para quienes trabajamos en comunicación, cultura y liderazgo, puede ser una oportunidad para ampliar la conversación. No para preguntarnos únicamente cuánto comunicamos, sino qué calidad tienen los entornos comunicacionales que estamos construyendo.

Sigo sosteniendo que la ecología de la comunicación puede ser una puerta de entrada a una sociedad más humana y menos sobreestimulada tecnológicamente.

No se trata de rechazar la tecnología. Al contrario: la tecnología nos ayuda a automatizar tareas, reducir repeticiones y ganar tiempo para pensar estratégicamente. Pero justamente por eso necesitamos preguntarnos cómo la estamos integrando en nuestras formas de vincularnos, liderar y trabajar en equipo.

La eficiencia no debería avanzar a costa de la presencia.
La automatización no debería reemplazar la calidad del encuentro humano.

Quizás el desafío actual no sea sumar más mensajes al ruido, sino diseñar culturas donde la comunicación pueda respirar.

Culturas donde haya claridad, coherencia y cuidado.
Culturas donde los silencios también sean leídos.
Culturas donde las señales sean atendidas antes de convertirse en crisis.
Culturas donde el propósito no sea un discurso, sino una práctica perceptible.
Culturas donde el error pueda ser celebrado como aprendizaje y no castigado como amenaza.

Una ecología de la comunicación no es una receta. Es una forma de mirar y también una forma de actuar. Es una invitación a entender que toda organización tiene una sonoridad propia: una manera de hablar, de callar, de responder, de esperar, de reconocer y de construir sentido.

La pregunta para el management ya no es solamente qué vamos a comunicar.

La pregunta es más profunda:

¿Qué se escucha hoy en nuestra organización?

Y, sobre todo:

¿Qué ambiente estamos creando para que algo verdaderamente importante pueda ser escuchado?

Porque tal vez la velocidad con la que trabajamos hoy no nos esté dejando lugar para algo esencial: el silencio que habilita la escucha.

OECE lanza innovador tablero que permite monitorear las tendencias de las contrataciones públicas en todo el país

Nueva herramienta de acceso libre fortalece la transparencia, promueve la rendición de cuentas y permite analizar la evolución del mercado de compras del Estado mediante información actualizada y filtros interactivos.

En un nuevo paso hacia la transparencia y el uso estratégico de los datos públicos, el Organismo Especializado para las Contrataciones Públicas Eficientes (OECE) presentó el “Tablero de Seguimiento y Tendencias de las Contrataciones Públicas”, una plataforma digital de acceso libre que permite conocer, analizar y monitorear el comportamiento del mercado de las contrataciones del Estado a nivel nacional.

El presidente ejecutivo del OECE, Carlos Alberto Salazar Vargas Machuca, destacó que esta herramienta contribuirá a fortalecer la transparencia, mejorar la toma de decisiones y brindar a ciudadanos, proveedores y entidades públicas acceso oportuno a información estratégica sobre el mercado estatal. “La transparencia no solo implica poner información a disposición, sino hacerla accesible, comprensible y útil para la toma de decisiones. Este tablero permitirá a cualquier ciudadano conocer cómo evoluciona el mercado de las contrataciones públicas e identificar tendencias relevantes para generar mayor valor público”, afirmó.

La herramienta pone a disposición de ciudadanos, proveedores, entidades públicas, investigadores, periodistas y especialistas información actualizada sobre miles de procesos de contratación, facilitando el análisis de montos convocados, adjudicados y contratados, la cantidad de ítems, el estado de los procedimientos, la distribución geográfica de las contrataciones y otros indicadores relevantes para comprender la dinámica del mercado estatal.

Desarrollado por la Dirección de Gestión de Datos, Información y Conocimiento de Contratación Pública (DGDIC), el tablero incorpora gráficos interactivos y filtros avanzados que permiten realizar análisis detallados por régimen de contratación, tipo de procedimiento, objeto contractual, sector, entidad y ámbito geográfico. Asimismo, facilita comparaciones entre distintos periodos y el seguimiento de la evolución del mercado a lo largo del tiempo.

La plataforma está organizada en cuatro módulos especializados:

  • Tendencias agregadas, con indicadores generales, distribución geográfica de los montos y comparaciones entre periodos.
  • Evolución por categorías, para analizar montos e ítems según diferentes segmentos.
  • Según año de convocatoria, que permite evaluar el comportamiento de entidades y sectores a partir de sus montos adjudicados, así como los estados de los ítems convocados.
  • Evolución según año de convocatoria, enfocada en el seguimiento mensual y trimestral de las contrataciones públicas en un año específico.

Esta nueva herramienta forma parte del Ecosistema Analítico del OECE y utiliza información proveniente principalmente del Sistema Electrónico de Contrataciones del Estado (SEACE), la cual es procesada y actualizada periódicamente para facilitar el acceso a información oficial y oportuna sobre las contrataciones públicas.

Además de fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas, el tablero contribuirá a mejorar el análisis del mercado, apoyar la formulación de políticas públicas y generar evidencia para una toma de decisiones más eficiente en materia de contratación estatal.

Los usuarios pueden acceder al Tablero de Seguimiento y Tendencias de las Contrataciones Públicas a través del portal institucional del OECE: https://www.gob.pe/114578 . Asimismo, se encuentra disponible una guía práctica en https://www.gob.pe/i/8163200 para facilitar el uso de la herramienta y aprovechar al máximo sus funcionalidades.

Con esta iniciativa, el OECE reafirma su compromiso con la modernización de las contrataciones públicas, el fortalecimiento de la transparencia y la promoción de una cultura de decisiones basadas en datos al servicio de la ciudadanía.

Cómo la formación continua está transformando la gestión del talento en las empresas

Cada vez más organizaciones están fortaleciendo la cultura de aprendizaje continuo como parte de sus estrategias para afrontar los nuevos desafíos del entorno laboral.

La evolución de las habilidades que demanda el mercado laboral están llevando a las organizaciones a fortalecer sus estrategias de desarrollo interno. La capacitación continua viene ganando protagonismo como una herramienta para preparar a los equipos y responder con agilidad a los cambios del entorno.

De acuerdo con el Workplace Learning Report 2025 de LinkedIn, el 88% de las empresas considera la retención de talento como una prioridad y señala la capacitación continua como una de las principales herramientas para fortalecer el compromiso y desarrollo profesional de sus colaboradores, especialmente en un contexto donde la transformación digital está acelerando la necesidad de incorporar nuevas habilidades vinculadas a datos, automatización, inteligencia artificial y gestión del cambio.

«Hoy las organizaciones enfrentan el desafío de adaptarse a un entorno que cambia constantemente. Promover una cultura de aprendizaje continuo permite desarrollar y fortalecer capacidades clave y preparar mejor a los equipos frente a las nuevas dinámicas del mercado laboral», señala Alejandra Lora, gerente de Cultura y Desarrollo de AFP Integra.

En esa línea, algunas empresas llevan ya varios años construyendo respuestas concretas. AFP Integra dentro de sus diversas iniciativas para seguir consolidando su talento, impulsa desde hace más de tres años, el programa «Aprende Más», una iniciativa orientada al desarrollo de habilidades y conocimientos de sus colaboradores como parte de su estrategia de cultura organizacional. Al cierre del 2025, el programa registró 59 cursos dictados, más de 10,232 horas de aprendizaje y más de 300 personas capacitadas —equivalentes a casi el 50% de su planilla—, con contenidos enfocados en desarrollo personal, data y tecnología, innovación, colaboración, orientación al cliente y visión de negocio.

La ejecutiva mencionó que, de cara a 2026, se tiene como objetivo incorporar y reforzar contenidos asociados a inteligencia artificial, transformación digital y conocimientos que demandan las nuevas dinámicas del mercado laboral. Una apuesta alineada con una tendencia cada vez más presente en las organizaciones: fortalecer culturas de aprendizaje capaces de acompañar la transformación del entorno laboral.

Perú y Suiza: institucionalidad será clave para impulsar formalización de la minería artesanal

El CIP señaló que el acuerdo bilateral puede fortalecer la trazabilidad del oro y mejorar los procesos para pequeños mineros.

El fortalecimiento de la institucionalidad será un factor determinante para aprovechar los alcances del Memorando de Entendimiento entre Perú y Suiza orientado a promover una minería artesanal y de pequeña escala (MAPE) de oro responsable, inclusiva y sostenible, afirmó Jorge Soto Yen, presidente del Capítulo de Ingeniería de Minas del Consejo Departamental de Lima del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP).

Durante una entrevista con Rumbo Minero TV, el representante del CIP destacó que el acuerdo representa una oportunidad para mejorar los procesos vinculados a la formalización minera y ordenar una actividad que actualmente enfrenta desafíos relacionados con la informalidad, la falta de trazabilidad y las limitaciones técnicas para pequeños productores.

Institucionalidad como eje para la formalización minera

Soto Yen explicó que el éxito del memorando dependerá de la capacidad del Estado para fortalecer sus instituciones y contar con equipos técnicos adecuados que permitan implementar los lineamientos planteados junto con Suiza.

“Si la institucionalidad no funciona como debe ser y no tenemos los cuadros técnicos que se requieren, pues, lógicamente, esto no va a funcionar”, señaló, al considerar que una estructura eficiente permitiría mejorar la gestión del sector y acelerar procesos vinculados a la actividad minera.

Asimismo, indicó que una organización similar a la que permitió ordenar algunos procesos durante los años 90 podría contribuir a reducir los tiempos de evaluación y autorización de proyectos mineros, un aspecto que actualmente representa uno de los principales desafíos para atraer nuevas inversiones.

Trazabilidad del oro y oportunidades para pequeños mineros

El representante del CIP señaló que uno de los principales beneficios del acuerdo con Suiza sería la generación de mecanismos de trazabilidad del oro producido por pequeños mineros, desde las etapas iniciales de exploración hasta su comercialización.

Según explicó, contar con indicadores claros permitiría medir avances en la formalización y evaluar el impacto de las políticas implementadas, especialmente en el número de productores que logren incorporarse a la economía formal.

“Estos indicadores, si dan resultados positivos, serían el número de incremento de personas o mineros que se hayan formalizado”, detalló Soto Yen.

Tecnología puede elevar productividad minera

El ingeniero también destacó que la cooperación internacional podría incorporar herramientas tecnológicas que permitan mejorar la eficiencia de la actividad minera y elevar la productividad del sector.

En esa línea, sostuvo que la aplicación de tecnología suiza podría contribuir a fortalecer la producción minera peruana y generar mayores ingresos económicos para el país, siempre que esté acompañada de una institucionalidad sólida y procesos adecuados de supervisión.

Finalmente, resaltó que el Perú cuenta con un importante potencial minero, especialmente en metales como el cobre y el oro, pero requiere avanzar en formalización, innovación y mejoras regulatorias para aprovechar plenamente sus recursos.