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Línea 2 del Metro ya está al 85% y Ositrán propone conexión con la Línea 1 para acelerar apertura

Ositrán propone permitir la puesta en marcha del tramo Plaza Bolognesi–Ate sin esperar la conexión definitiva en Aviación y 28 de Julio, mientras continúan arbitrajes y revisión de cronograma.

La puesta en operación integral de la Línea 2 enfrenta un entrampamiento técnico y contractual: la interconexión con la Línea 1 del Metro de Lima aún no cuenta con todos los estudios definitivos de ingeniería exigidos por contrato.

El jefe de Ferrovías del Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositrán), Miguel Gonzales Bedoya, explicó que los retrasos responden a demoras acumuladas, entre ellas la entrega tardía de áreas al concesionario, situación que ya derivó en laudos arbitrales con ampliaciones de plazo contra el Estado.

El punto crítico se ubica en el cruce de las avenidas Aviación y 28 de Julio, donde deben ejecutarse tres estructuras clave: un edificio de transferencia, una pasarela superior y una nueva estación que permita el tránsito entre el sistema subterráneo y el viaducto elevado. De esos expedientes, solo uno ha sido entregado.

85% de avance, pero solo en obra subterránea

El avance de 85% difundido oficialmente corresponde al tramo subterráneo entre Plaza Bolognesi y Municipalidad de Ate, que añadirá 11 estaciones a las cinco ya operativas. Sin embargo, la interconexión forma parte del contrato integral, por lo que su ausencia impediría habilitar el servicio completo.

Ante ese escenario, Ositrán propone una salida técnica: permitir que el tramo opere aun sin la conexión definitiva, suspendiendo temporalmente esa exigencia contractual mientras continúan las obras. Bajo este esquema, los trenes podrían transportar pasajeros a lo largo de más de 12 kilómetros de túnel, aunque los usuarios que requieran enlace directo con la Línea 1 deberían recurrir a conexiones indirectas.

El funcionario sostuvo que no resultaría razonable alcanzar el 100% de avance físico y no operar por una interconexión que podría demorar uno o dos años adicionales.

Cronograma en revisión y arbitrajes abiertos

El calendario definitivo sigue en disputa. Según un cronograma presentado por la concesionaria en 2024, la totalidad de la línea —desde el Callao hasta Ate, incluyendo el ramal de la futura Línea 4— culminaría en 2031. No obstante, el supervisor considera que ese plazo es excesivo y mantiene mesas técnicas para ajustar el cronograma bajo las condiciones actuales.

La ausencia de un calendario contractual actualizado limita la posibilidad de determinar formalmente retrasos o aplicar penalidades.

En paralelo, el impacto económico continúa bajo evaluación arbitral. La concesionaria presentó una segunda demanda hace aproximadamente dos años por las consecuencias de la demora en la entrega de terrenos. Las responsabilidades financieras aún no han sido determinadas.

¿Cuándo podría operar?

Si se alcanzan acuerdos técnicos y se aceleran las revisiones de ingeniería, el tramo Plaza Bolognesi–Ate podría entrar en operación entre diciembre de 2027 y los primeros meses de 2028. El inicio dependerá además de miles de pruebas del sistema automatizado, ya que será el primer metro sin conductor del país.

Cualquier solución provisional requerirá un acuerdo formal entre la concesionaria y el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), entidad concedente del proyecto.

Corredor Bioceánico: el megatren de más de 3.700 km que unirá el Atlántico y el Pacífico y reconfigurará el comercio sudamericano

El proyecto ferroviario atravesará cinco países desde Santos (Brasil) hasta Ilo (Perú), reducirá tiempos logísticos de 30 a menos de 10 días hacia Asia y busca fortalecer la competitividad exportadora regional.

América Latina impulsa uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de las últimas décadas: el Tren Bioceánico de Integración, concebido para unir el Atlántico y el Pacífico a través de un corredor ferroviario de más de 3.700 kilómetros.

El trazado partirá del puerto de Puerto de Santos, en Brasil, y llegará hasta el Puerto de Ilo, en la costa sur del Perú. En su recorrido atravesará polos estratégicos como Campo Grande, Santa Cruz de la Sierra, La Paz y Desaguadero.

Bolivia se posiciona como eje articulador del proyecto, al proyectar ramales que integren también a Argentina y Paraguay, permitiendo que el Cono Sur acceda de manera directa a ambos océanos.

Reducción de tiempos y costos logísticos

Uno de los principales argumentos económicos del corredor es la reducción drástica en los tiempos de traslado. Mientras el transporte marítimo desde Sudamérica hacia Asia puede tardar alrededor de 30 días, el nuevo eje ferroviario permitiría completar el trayecto en menos de 10 días.

La disminución de tiempos impactaría directamente en sectores clave como el agroexportador, el minero y el manufacturero, que dependen de eficiencia logística para mantener competitividad en mercados globales. Además, el corredor podría reducir costos de transporte y descongestionar rutas marítimas tradicionales, cada vez más expuestas a cuellos de botella y tensiones geopolíticas.

Integración regional y atractivo para la inversión

Más allá de su dimensión logística, el proyecto tiene un fuerte componente estratégico: consolidar la integración económica sudamericana mediante infraestructura física de alto impacto. La iniciativa, impulsada principalmente por Bolivia y Brasil, ha despertado interés internacional y podría movilizar inversiones orientadas a modernizar la red ferroviaria continental.

Especialistas sostienen que, de ejecutarse conforme al diseño previsto, el corredor bioceánico se convertiría en la columna vertebral del comercio regional, ampliando la salida de productos hacia Asia y Europa y reduciendo la dependencia exclusiva del transporte marítimo tradicional.

Un punto de inflexión para el comercio sudamericano

El Tren Bioceánico de Integración no solo busca acortar distancias, sino reconfigurar el mapa logístico del continente. Su concreción implicaría una transformación estructural en los flujos comerciales del Cono Sur, conectando cinco países, dinamizando economías del interior y fortaleciendo la competitividad exportadora en un entorno global más exigente.

De materializarse plenamente, el megacorridor ferroviario marcaría un antes y un después en la estrategia de infraestructura y desarrollo de Sudamérica.

Japón acelera su apuesta ferroviaria: el Maglev Serie L0 proyecta operar a 600 km/h con inversión de €60.000 millones

La línea Chuo Shinkansen reducirá el trayecto entre Tokio y Osaka a una hora, apoyada en tecnología de levitación magnética superconductora y una inversión cercana a 60.000 millones de euros.

La Central Japan Railway Company confirmó el desarrollo del tren más rápido del mundo: el Maglev Serie L0, que en pruebas ha alcanzado 600 kilómetros por hora, superando el registro del Shanghai Maglev, que actualmente opera a poco más de 460 km/h en China. El convoy formará parte de la línea Chuo Shinkansen, eje estratégico del transporte de alta velocidad en Japón.

El proyecto apunta a transformar los viajes de larga distancia en tiempos récord. Según estimaciones, permitirá unir Tokio con Nagoya en apenas 40 minutos y, en una segunda etapa, extender la conexión hasta Osaka en aproximadamente una hora, frente a las actuales 2 horas y 20 minutos del servicio más rápido.

Tecnología SC Maglev: el sistema que elimina la fricción

El avance clave detrás de esta velocidad es la tecnología SC Maglev (levitación magnética superconductora). A diferencia de los trenes convencionales, el Maglev no roza los rieles, sino que flota sobre ellos gracias a un sistema de imanes superconductores y bobinas instaladas en la vía.

En la fase inicial del recorrido utiliza ruedas de goma, pero al ganar velocidad se eleva cerca de 10 centímetros, eliminando fricción y permitiendo alcanzar velocidades extremas. Su diseño aerodinámico también resulta determinante: la nariz del tren se extiende por 15 metros, optimizando la resistencia al aire.

Operativamente, se prevé que el servicio regular alcance alrededor de 505 km/h, reduciendo drásticamente los tiempos de viaje entre las principales ciudades japonesas.

Inversión y cronograma

El proyecto contempla una inversión cercana a 60.000 millones de euros (aproximadamente US$70.807 millones). Cerca del 80% del trazado deberá construirse bajo tierra, lo que explica parte del retraso frente al cronograma inicial.

La puesta en marcha entre Tokio y Nagoya está proyectada para el período 2034-2035, mientras que la extensión hacia Osaka podría concretarse una década después.

Impacto estratégico

Más allá de la velocidad, el Maglev Serie L0 consolida el liderazgo tecnológico japonés en infraestructura ferroviaria avanzada y representa una apuesta de largo plazo por sistemas de transporte de alta eficiencia energética y competitividad logística. En términos comparativos, un tren con estas características podría conectar ciudades como Madrid y Barcelona en poco más de una hora, redefiniendo parámetros globales de movilidad terrestre.

D’Onofrio: los US$ 80 millones que pagó Nestlé por la marca peruana que transformó el mercado de helados

Hace casi 30 años, Nestlé desembolsó US$ 80 millones por D’Onofrio, una operación que consolidó su liderazgo en helados, panetones y golosinas en el Perú y convirtió a la planta local en eje de innovación regional.

El reciente anuncio de Nestlé sobre su retiro del negocio global de helados vuelve a poner en perspectiva una de las operaciones más relevantes del sector alimentos en el Perú: la compra de D’Onofrio a fines de la década de 1990, una adquisición que marcó un punto de inflexión en la industria local.

Una marca dominante en los noventa

En los años noventa, D’Onofrio ya era un actor dominante, con más del 70% del mercado limeño de helados. Bajo el control de la familia Rodríguez Banda, del Grupo Gloria, la compañía contaba con un portafolio sólido, una red de distribución consolidada y una marca con alto posicionamiento.

El atractivo estratégico era evidente. Multinacionales como Unilever, Nabisco y Philip Morris mostraban interés por la empresa. Sin embargo, Nestlé optó por una compra directa como vía de entrada y expansión en el mercado peruano.

La cifra de la operación

La transacción se cerró por US$ 80 millones, reflejando el valor estratégico de la marca y su capacidad de generación de ingresos. Solo la división de helados facturaba alrededor de US$ 35 millones anuales, respaldada por una distribución masiva y productos de alta recordación.

Con esta compra, Nestlé no solo consolidó su liderazgo en helados, sino que reforzó su presencia en chocolates y panetones, ampliando su integración en el consumo masivo peruano.

De tradición familiar a plataforma regional

Los orígenes de D’Onofrio se remontan a 1897, cuando Pedro D’Onofrio inició el negocio en Lima con la venta del helado Imperial. Con el paso de las décadas, la empresa diversificó su portafolio: en 1924 inauguró una fábrica de chocolates y en 1926 lanzó Sublime, reduciendo la estacionalidad del negocio.

Tras la adquisición, la planta local pasó a desempeñar un rol estratégico dentro del grupo suizo, funcionando como centro de innovación y desarrollo de productos para la región. Varios lanzamientos concebidos en Perú se replicaron luego en otros mercados.

Competencia y consolidación

Incluso con la aparición de competidores locales como Lamborgini, D’Onofrio bajo la administración de Nestlé mantuvo su liderazgo. La fortaleza de la marca, la expansión de su red de carritos amarillos y su estrategia de distribución fueron claves para sostener el dominio del mercado por décadas.

Futuro en evaluación

A nivel global, Nestlé informó que mantiene negociaciones avanzadas para vender su negocio de helados a Froneri, ‘joint venture’ que opera junto a PAI Partners. La decisión responde a una estrategia de concentración en categorías consideradas prioritarias dentro de su portafolio.

Hasta el momento, la multinacional no ha precisado el futuro específico de D’Onofrio en el Perú. La compañía señaló que se encuentra evaluando los próximos pasos y que comunicará oportunamente cualquier definición.

Tres décadas después de aquella operación de US$ 80 millones, la marca peruana vuelve a situarse en el centro del debate estratégico, esta vez en un contexto de reordenamiento global del negocio de helados.

Argentina proyecta barrera de hasta 400 km para proteger la ganadería ovina y frenar la desertificación

La iniciativa, ubicada en la provincia de Santa Cruz, busca gestionar la población de guanacos, proteger más de dos millones de hectáreas productivas y recuperar la rentabilidad del sector ovino bajo un enfoque de ganadería regenerativa.

Argentina proyecta la construcción de una barrera física de entre 315 y 400 kilómetros en la estepa patagónica con el objetivo de proteger la actividad ganadera ovina y contener el avance del guanaco sobre los pastizales. La propuesta apunta a enfrentar la desertificación y estabilizar una actividad clave para la economía regional.

Infraestructura de gran escala

El perímetro se establecería entre la Ruta Nacional 3 y el litoral atlántico, abarcando más de dos millones de hectáreas donde operan más de cien establecimientos agropecuarios. La estructura tendría una altura aproximada de dos metros, considerando que el guanaco puede superar el metro y medio de salto, y una vida útil estimada de 50 años.

El diseño contempla el uso de materiales reciclados provenientes de la industria petrolera local. El financiamiento sería mixto, combinando inversión privada, aportes estatales y créditos, además de la posibilidad de canalizar bonos verdes vinculados al proyecto.

Regulación de fauna y sostenibilidad

El plan propone que la población silvestre de guanacos no supere el 10% de la capacidad de carga del suelo, derivando el excedente hacia el aprovechamiento comercial de su fibra y carne, bajo la normativa provincial vigente.

Para evitar un impacto severo en la conectividad biológica, se incorporarían pasos de fauna o compuertas estratégicas que permitan el flujo genético de especies.

Recuperación productiva y acceso a mercados

La iniciativa se enmarca en una transición hacia una ganadería regenerativa orientada a recuperar pastizales degradados y reducir la erosión. Al regular la carga animal y permitir periodos de descanso del suelo, se busca mejorar la productividad y sostenibilidad del sector ovino, históricamente pilar económico del territorio.

El proyecto también contempla el uso de caravanas electrónicas para garantizar trazabilidad de la lana y la carne, con el objetivo de acceder a mercados internacionales bajo estándares ambientales más exigentes y mejorar la competitividad de la producción santacruceña.