Caja Piura registra más de S/ 110 millones en depósitos a plazo fijo correspondientes a 6,734 clientes de la generación Z, lo que refleja un cambio de fondo en los hábitos financieros de los jóvenes peruanos, donde el ahorro no es una aspiración a largo plazo reservada para cuando llegue un mejor momento económico: es un compromiso que se adopta desde el primer sol que ingresa al bolsillo, sostuvo Milagritos Seminario, gerenta de productos y canales de Caja Piura.
Las cifras de la institución confirman una tendencia sostenida: tanto millennials como centennials inician su vida de ahorro en cuanto obtienen sus primeros ingresos, ya sea por empleo formal, trabajos temporales o actividades independientes. Los centennials, en particular, abren su primer depósito a plazo fijo con montos que oscilan entre S/ 500 y S/ 1,000.
Para Seminario “ la Cuenta Light, una cuenta de ahorros de libre disponibilidad, se ha convertido en el punto de encuentro de dos generaciones que comparten una misma convicción que ahorrar no debe ser complicado ni costoso. El 76% de sus titulares son millennials, la generación que digitalizó su vida financiera durante la pandemia, mientras que el 26% corresponde a la generación Z, que llega al sistema bancario exigiendo inmediatez y cero fricciones. Este producto responde a ambas demandas: opera sin costo de mantenimiento, sin monto mínimo de apertura, sin comisiones en cajeros electrónicos propios y en canales digitales como Caja Piura App y Caja Piura Internet, convirtiéndose en la herramienta ideal para quienes reciben ingresos variables, sin ataduras”.
Un centennial ahorra para cambiar su laptop, aprender un idioma o conocer Europa. Un millennial ahorra para firmar la escritura de su primer departamento. Las motivaciones difieren, pero la lógica es la misma: cada sol depositado tiene un destino claro. Las estadísticas de Caja Piura confirman que las metas más frecuentes entre los jóvenes ahorristas son la adquisición de equipos tecnológicos, los viajes nacionales e internacionales y los estudios de posgrado. Y entre quienes ya superaron cierto umbral de ingresos, en su mayoría millennials con trayectoria laboral consolidada, el objetivo que mueve la aguja es uno solo: reunir la inicial para comprar una vivienda propia, la gran meta financiera de una generación que creció alquilando.
La generación Z no solo ahorra: emprende. Y lo hace con una lógica financiera más sofisticada de lo que los estereotipos suelen reconocer. Los datos de Caja Piura revelan una conducta dual bien definida: por un lado, utilizan los depósitos a plazo fijo como instrumento para hacer crecer sus ahorros de forma segura y ordenada; por otro, financian sus proyectos de negocio con capital propio acumulado, ingresos personales o respaldo familiar, evitando el endeudamiento como punto de partida. Es decir, la generación Z distingue con claridad entre el dinero que se protege y el dinero que se arriesga, una madurez financiera que pocos esperaban de los menores de 27 años.



