En el marco del encuentro anual de la Asociación de Secretarios Corporativos de América Latina (ASCLA), especialistas destacaron que la auditoría moderna debe migrar de un enfoque reactivo a uno preventivo y estratégico, integrando tecnología, gobernanza y cultura organizacional como pilares fundamentales para la resiliencia empresarial.
Con el propósito de abordar los retos que enfrentan los directorios y comités de auditoría corporativos ante un entorno de riesgos cada vez más complejo, se llevó a cabo el panel “Auditoría y control interno: adaptación a crisis concurrentes”, organizado en la Torre KPMG en San Isidro. El evento, moderado por Zelma Acosta Rubio, presidenta del Consejo Consultivo de ASCLA, contó con la participación de Rafael Salazar Tafur, director independiente y consultor máster en innovación y emprendimiento, y Óscar Mere, socio de Auditoría de KPMG en Perú.
El rol del auditor como consultor estratégico
Rafael Salazar enfatizó que el auditor no debe ser visto como una figura punitiva, sino como un socio estratégico cuyo trabajo aporta valor a la organización. Según Salazar, para prevenir crisis, el directorio debe migrar hacia una gestión basada en riesgos que conecte el planeamiento estratégico con los objetivos operativos, de cumplimiento y de reporte. “La empresa debe identificar qué situaciones pueden afectar el cumplimiento de sus objetivos, identificar qué consecuencias tendría esto y cuáles son los controles que te permiten mitigar, reducir o transferir el riesgo”, señaló Salazar, resaltando la importancia de que el auditor mantenga una comunicación efectiva y no técnica para que los hallazgos realmente impulsen cambios en el directorio.
Tecnología y datos al servicio del control
Por su parte, Óscar Mere destacó cómo la tecnología actúa como un habilitador para el rol del auditor, permitiéndole hacer mejores preguntas a partir de un análisis de datos avanzado, subrayando que las herramientas digitales deben utilizarse para potenciar la inteligencia natural del auditor y no para reemplazar su juicio crítico.
“Para que un auditor haga un buen trabajo hoy en día, necesita ser escéptico, curioso y tener la mayor cantidad de herramientas posibles para poder hacer mejores preguntas. En el mundo de la auditoría ahora hay mucho involucramiento de la inteligencia artificial, que te permiten leer más rápido los contratos o extraer mucho más rápido los datos de las facturas, pero eso no reemplaza al humano, sí le da herramientas tecnológicas para que tu inteligencia natural y tu capacidad de análisis se expanda”, afirmó Mere.
El socio de KPMG también recomendó que los comités de riesgos y auditoría no se queden en el papel. «La matriz de riesgos es útil, pero debe ser un organismo vivo que se actualice constantemente. Debemos mantener una comunicación estrecha con las áreas que generan el negocio, como comercial, logística y personal, que son las más expuestas a vulnerabilidades», añadió.
Cultura de ciberseguridad y resiliencia
Zelma Acosta Rubio cerró el encuentro enfatizando el punto de que, más allá de la tecnología y los controles, el punto más vulnerable en la seguridad de una organización es la persona. Acosta destacó que la ciberseguridad debe ser vista como un círculo donde el ser humano es el centro, requiriendo un enfoque integral de cultura y capacitación.
«Debemos colocar en valor el buen comportamiento en ciberseguridad y promover una cultura donde se entienda que hábitos perniciosos, como caer en correos de phishing, pueden comprometer toda la operatividad de la empresa», señaló Acosta Rubio, instando a las organizaciones a fortalecer sus costumbres internas frente a la creciente amenaza de ataques digitales que afectan a las empresas peruanas.
Ante la problemática del cibercrimen, donde se estiman aproximadamente 40 mil ciberataques en el Perú cada mes, Rafael Salazar recomendó utilizar herramientas como Kaspersky para identificar la cantidad de amenazas globales que se incrementan continuamente.
El panel concluyó con un llamado a la acción para los comités de auditoría: abandonar los procesos lentos y anacrónicos, y adoptar metodologías ágiles, ver los riesgos de manera transversal y promover la evaluación de riesgos de manera permanente, con el respaldo de equipos multidisciplinarios que combinen la experiencia generacional con el dominio técnico necesario.




