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jueves, agosto 20, 2026
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Reino Unido evalúa nuevos proyectos de gas y petróleo en el mar del Norte

El gobierno de Andy Burnham analiza autorizar Jackdaw y Rosebank ante la presión por reforzar el suministro energético y reducir la dependencia de importaciones.

Las próximas semanas serán decisivas para el gobierno británico de Andy Burnham, que deberá definir si autoriza dos proyectos de perforación en el mar del Norte que han generado un intenso debate dentro del Partido Laborista. La decisión enfrenta los compromisos climáticos del Ejecutivo con la necesidad de reforzar el suministro energético y reducir la presión sobre los hogares.

La discusión se concentra en los yacimientos Jackdaw y Rosebank. El primero corresponde a un proyecto de gas ubicado al este de Aberdeen, mientras que el segundo está orientado a la producción de petróleo y se encuentra al oeste de las islas Shetland.

Ambos proyectos fueron aprobados durante el anterior gobierno conservador, pero posteriormente quedaron frenados por un fallo judicial en Escocia que cuestionó que no se hubieran considerado las emisiones indirectas de carbono asociadas a su explotación.

Jackdaw podría comenzar a operar en meses

Adura, compañía surgida de la fusión de las operaciones offshore de Shell y Equinor, controla la totalidad de Jackdaw y mantiene la participación mayoritaria en Rosebank.

Según Matt Cooper, vicepresidente de Rystad Energy, Jackdaw cuenta con infraestructura instalada y pozos perforados, por lo que podría comenzar a operar en cuestión de meses si recibe la autorización. Una aprobación rápida permitiría que el proyecto estuviera disponible durante el invierno, cuando aumenta la demanda de gas en el Reino Unido.

La consulta pública sobre ambos proyectos concluyó el lunes y ahora el Ejecutivo deberá decidir si mantiene su postura frente a nuevas licencias de explotación o modifica su posición ante las presiones por fortalecer la seguridad energética.

Seguridad energética frente a los compromisos climáticos

Dentro del Partido Laborista existen posiciones enfrentadas. Un sector considera que aumentar la producción nacional contribuiría a garantizar el suministro, reducir la dependencia externa y proteger empleos vinculados con la industria energética.

Otro grupo prioriza el cumplimiento del compromiso británico de alcanzar emisiones netas cero y advierte que una mayor producción de hidrocarburos podría retrasar la transición hacia fuentes más limpias.

Burnham reconoció recientemente que el Reino Unido no puede ignorar sus reservas de hidrocarburos, una posición que genera tensión con la promesa electoral de 2024 de no conceder nuevas licencias para la explotación de petróleo y gas.

La presión también llega desde fuera del país. La oposición conservadora y el presidente estadounidense Donald Trump han defendido un incremento de la producción energética británica.

¿Los proyectos reducirán las facturas?

Uno de los principales argumentos a favor de Jackdaw y Rosebank es que una mayor producción local podría contribuir a reducir los costos energéticos de los hogares británicos.

Sin embargo, el impacto sobre las facturas sería limitado. Aunque el aumento de la oferta nacional podría reducir la necesidad de importar gas, los precios británicos continúan vinculados a los mercados internacionales. Por ello, una mayor producción doméstica no garantiza por sí sola una reducción significativa de las tarifas.

El gas de Jackdaw se incorporaría a la red británica y permitiría disminuir parte de las importaciones de gas natural licuado, GNL, según James Reid, analista de Wood Mackenzie. No obstante, los volúmenes previstos tendrían una escala modesta frente al mercado energético mundial.

El efecto sobre el precio de la electricidad también sería acotado. En Reino Unido, las centrales de ciclo combinado a gas suelen tener un papel importante en la formación del precio eléctrico cuando aumenta la demanda.

Para que una mayor producción de hidrocarburos tenga un impacto significativo en las facturas o contribuya a financiar inversiones en energías limpias, el Gobierno tendría que establecer mecanismos específicos para trasladar parte de los ingresos generados hacia los consumidores o la transición energética.

El impacto sobre las emisiones

El componente climático constituye otro de los principales puntos de discusión. Los defensores de los proyectos sostienen que sustituir parte del GNL importado por producción del mar del Norte podría reducir determinadas emisiones asociadas al abastecimiento energético.

La cadena del GNL incluye procesos de licuefacción, transporte marítimo y regasificación que generan emisiones adicionales. En determinadas circunstancias, esta cadena puede tener una mayor huella de carbono que la producción y distribución del gas extraído en el mar del Norte.

Sin embargo, organizaciones ambientalistas advierten que incrementar la disponibilidad de combustibles fósiles podría incentivar su consumo y retrasar la transición energética.

El debate también incluye las emisiones Scope 3, correspondientes a las emisiones indirectas generadas a lo largo de la cadena de valor y durante el consumo final de los combustibles. La legislación británica exige considerar este componente en la evaluación de proyectos de este tipo.

Por ello, Jackdaw y Rosebank deberán presentar nuevamente sus evaluaciones de impacto ambiental antes de obtener una aprobación definitiva.

Una decisión con impacto económico y político

La decisión sobre ambos yacimientos será una prueba para el gobierno de Burnham y su capacidad para equilibrar seguridad energética, precios, empleo, inversión y transición climática.

Jackdaw y Rosebank podrían aportar producción adicional al mercado británico y reducir parte de las importaciones, pero su capacidad para disminuir de manera significativa las facturas de los hogares será limitada debido a la influencia de los precios internacionales.

El desenlace también mostrará hasta qué punto el Partido Laborista está dispuesto a flexibilizar sus compromisos climáticos frente a un escenario internacional marcado por conflictos geopolíticos, volatilidad energética y preocupación por la seguridad del suministro.