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viernes, julio 17, 2026
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Oro cae 3,4% pese a conflicto entre EE. UU. e Irán por presión del petróleo y el dólar

El metal precioso no logró consolidarse como activo refugio y registra su mayor caída semanal desde junio, afectado por el alza del petróleo, las expectativas sobre la Reserva Federal y la fortaleza del dólar.

El oro atraviesa una de las situaciones más inusuales de los últimos meses. A pesar de la escalada militar entre Estados Unidos e Irán, el metal precioso no ha logrado beneficiarse de su tradicional condición de activo refugio y se encamina a registrar su mayor caída semanal desde comienzos de junio. El XAU/USD cotiza cerca de los US$3.978 por onza, acumulando un retroceso aproximado del 3,4% durante la semana.

La explicación se encuentra en el fuerte repunte del petróleo. El conflicto está manteniendo elevados los precios energéticos y aumentando el riesgo de que la inflación vuelva a acelerarse durante los próximos meses. Este escenario fortalece la expectativa de que la Reserva Federal mantendrá una política monetaria restrictiva durante más tiempo, favoreciendo al dólar y a los rendimientos de los bonos del Tesoro.

Este mecanismo termina perjudicando directamente al oro. Al no ofrecer intereses ni dividendos, el metal pierde atractivo cuando los activos de renta fija entregan rendimientos elevados. Además, un dólar más fuerte encarece su adquisición para los inversionistas que operan con otras monedas, reduciendo parcialmente la demanda internacional.

Aunque los datos de inflación al consumidor y al productor publicados durante la semana mostraron una moderación de las presiones subyacentes en Estados Unidos, el mercado ha preferido concentrarse en el impacto que un petróleo más caro podría tener sobre la inflación futura. En otras palabras, los inversionistas parecen estar mirando menos los datos recientes y más los riesgos que podrían surgir si los costos energéticos continúan aumentando durante las próximas semanas.

Desde mi perspectiva, el comportamiento del oro durante esta semana entrega una señal de cautela. La incapacidad del metal para reaccionar positivamente tras unos datos de IPC e IPP más débiles de lo esperado demuestra que el mercado está prestando mayor atención al petróleo, al dólar y a la trayectoria futura de las tasas que al riesgo geopolítico por sí solo.

Esto no significa que el oro haya perdido definitivamente su condición de refugio. Significa que actualmente existen dos fuerzas contrapuestas. Por una parte, la guerra y la incertidumbre internacional deberían favorecer la demanda defensiva. Por otra, la posibilidad de un nuevo repunte inflacionario fortalece al dólar y mantiene elevados los rendimientos, generando un costo de oportunidad más alto para mantener posiciones en el metal.

Desde el punto de vista técnico, el nivel de US$4.000 por onza se ha transformado en la principal referencia psicológica del mercado. Mientras el precio permanezca por debajo de esa zona, el sesgo de corto plazo seguirá siendo frágil. Una ruptura de los US$3.942 podría acelerar las ventas, mientras que una recuperación sostenida sobre los US$4.140 mejoraría considerablemente la estructura técnica y abriría espacio para una recuperación más amplia.

Para que ese escenario alcista gane fuerza, sería necesario observar una moderación de algunos de los factores que actualmente presionan al mercado. Una caída del petróleo, un debilitamiento del dólar o nuevas señales de desaceleración inflacionaria podrían devolver atractivo al metal precioso. Tampoco puede descartarse un escenario en el que una escalada más severa del conflicto termine favoreciendo nuevamente la demanda de activos refugio.

Mi evaluación mantiene una visión prudente en el corto plazo. El sesgo inmediato continúa siendo bajista mientras el oro permanezca por debajo de los US$4.000 y no consiga reaccionar frente a noticias que tradicionalmente deberían favorecerlo. La zona de US$3.942 será especialmente relevante para determinar si la corrección encuentra un piso o si el mercado entra en una nueva etapa de debilidad.

Lo más llamativo de esta semana es que el principal ganador del conflicto no ha sido el oro, sino el petróleo. El crudo está dictando las expectativas de inflación, condicionando a la Reserva Federal y fortaleciendo al dólar. Mientras esa relación se mantenga, el metal precioso continuará enfrentando una batalla difícil alrededor de los US$4.000 por onza.

Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group