El petróleo inició la semana cerca de sus niveles más bajos desde el comienzo del conflicto entre Estados Unidos e Irán, reflejando un cambio significativo en las expectativas del mercado energético global. El Brent cotiza en torno a los US$72,32 por barril, mientras que el WTI se ubica cerca de los US$69,91, niveles que contrastan con los máximos alcanzados durante los momentos más tensos de la crisis en Oriente Medio. Detrás de este movimiento existe una razón cada vez más evidente: los inversionistas comienzan a descontar una normalización gradual de la oferta y una reducción de los riesgos sobre el suministro mundial.
El cambio de escenario se ha consolidado tras los avances diplomáticos entre Washington y Teherán y la posibilidad de retomar formalmente las negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Qatar, y particularmente Doha, vuelve a posicionarse como uno de los principales centros de diálogo, mientras ambas partes intentan preservar el alto al fuego alcanzado semanas atrás.
La lectura del mercado ha sido relativamente clara. Si las conversaciones continúan avanzando y el Estrecho de Ormuz permanece operativo, disminuye considerablemente el riesgo de interrupciones en una ruta por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural licuado comercializado a nivel mundial. Esta expectativa ha contribuido a moderar los precios y a reducir la prima de riesgo geopolítico que impulsó al crudo durante buena parte del conflicto.
Además, el mercado comienza a considerar la posibilidad de que el petróleo iraní vuelva gradualmente a incorporarse al comercio internacional. De concretarse ese escenario, la oferta global podría incrementarse durante los próximos meses en un contexto donde la demanda muestra señales de moderación, reforzando las presiones bajistas sobre los precios.
Aunque la tensión geopolítica no ha desaparecido por completo y cualquier incidente en la región podría generar episodios de volatilidad, la narrativa dominante parece haber cambiado. Hace apenas unas semanas los inversionistas reaccionaban a cada titular como una amenaza inmediata para el suministro energético. Hoy la atención se concentra en una pregunta muy distinta: cuánto petróleo adicional podría regresar al mercado si el proceso diplomático continúa avanzando.
Desde mi perspectiva, ese cambio de narrativa es el factor más relevante para explicar el comportamiento actual del crudo. Mientras el tránsito por Ormuz continúe normalizándose y las conversaciones entre Estados Unidos e Irán mantengan avances concretos, el escenario sigue favoreciendo una mayor disponibilidad de oferta y, por consiguiente, una presión bajista sobre los precios.
Bajo este contexto, el Brent podría buscar zonas cercanas a los US$70 por barril durante las próximas semanas, mientras que el WTI tendría margen para aproximarse a niveles entre US$66 y US$67. No obstante, un deterioro de las negociaciones o una nueva escalada militar podrían devolver rápidamente parte de la prima de riesgo geopolítico al mercado y favorecer un rebote hacia la zona de US$80 por barril en el caso del Brent.
Por ahora, el petróleo parece haber dejado atrás la etapa dominada exclusivamente por el riesgo de escasez para comenzar a cotizar un escenario donde el eventual aumento de la oferta vuelve a convertirse en el principal factor de presión sobre los precios.




