La incertidumbre en torno al Estrecho de Ormuz, la cautela de la Reserva Federal y la corrección de las grandes tecnológicas impulsaron una jornada negativa para los principales índices, mientras los inversionistas ajustan posiciones ante un escenario de mayor volatilidad.
La jornada de los mercados financieros estuvo marcada por una atmósfera de cierta incertidumbre, impulsada por una compleja intersección de tensiones geopolíticas en el Estrecho de Ormuz, donde persisten incidentes con drones, y una incertidumbre macroeconómica que mantiene a los inversores en alerta. Mientras la Reserva Federal, a través de voces como Neel Kashkari, advierte que el despliegue de la IA tiene efectos inflacionarios a corto plazo que podrían requerir alzas de tipos, el mercado petrolero reaccionó con una marcada caída al desplomarse por debajo de los 70 dólares el barril de WTI ante una mayor oferta reanudada por Arabia Saudí y otros productores del Golfo.
En el ámbito corporativo, el comportamiento de las empresas de mayor capitalización ha lastrado significativamente al S&P 500; las ocho principales compañías acumulan un descenso promedio del 13,7% en junio, mientras que otros valores en máximos históricos presentan niveles de sobreextensión que alimentan los temores sobre una posible burbuja económica. Este sentimiento se ha visto reflejado en casos emblemáticos como el de Microsoft, que se encamina a registrar uno de sus peores meses en décadas, evidenciando un mercado que busca refugio ante la incertidumbre.
La jornada cerró con un predominio de números rojos en los principales índices globales: el US500 retrocedió un 0,19% y el US100 un 0,94%. La presión vendedora fue aún más evidente en los mercados asiáticos, donde el CHINA50 y el NIKKEI sufrieron correcciones más severas, con caídas del 2,61% y 2,27% respectivamente. Por su parte el dólar global cierra con un -0.07% en el DXY y el oro suma más de un 1% junto con la plata. Este panorama general de aversión al riesgo subraya una clara divergencia en los activos financieros, consolidando una tendencia correctiva que ha obligado a los inversores a reevaluar sus posiciones ante la fragilidad de las valoraciones actuales.
Considero que el cierre de hoy es un reflejo de la fatiga estacional de junio, un periodo históricamente desafiante para la renta variable. Si bien el mercado ha mostrado resiliencia ante los riesgos impredecibles, la combinación de una política monetaria restrictiva y el nerviosismo geopolítico sugiere que las próximas sesiones seguirán siendo volátiles hasta que se disipe la debilidad estacional de finales de mes. De cara a los próximos días, el mercado estará atento a cualquier señal de estabilización definitiva en Ormuz y a la evolución de las expectativas de inflación, mi recomendación es mantener una postura cautelosa, esperando que la finalización de este bajón de junio pueda abrir la puerta al tradicional rally de verano.
Laura Torres, Directora de Inversiones, IMB Capital Quants




