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jueves, marzo 19, 2026
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Fed endurece su postura en medio de la guerra en Irán y eleva el riesgo de estanflación

La Reserva Federal mantuvo las tasas, pero endureció su mensaje ante una inflación persistente impulsada por el conflicto en Irán y el alza del petróleo, elevando la incertidumbre global y el riesgo de un escenario de estanflación.

El panorama financiero internacional ha entrado en una fase de extrema vigilancia tras la reciente conclusión de la reunión de política monetaria de la Reserva Federal. El Comité Federal de Mercado Abierto ha decidido mantener los tipos de interés en el rango del 3,50% al 3,75%, una decisión que, aunque totalmente esperada, vino acompañada de un cambio de tono significativamente más restrictivo por parte de Jerome Powell. La narrativa central del mercado se ha desplazado de la anticipación de recortes a la gestión de una inflación persistente, alimentada por una escalada bélica en Irán que amenaza con desestabilizar los cimientos del crecimiento económico global. Por su puesto, la respuesta del presidente Trump sigue siendo la misma presionando a Powell por una dirección de recortes anticipados. La convergencia de un mercado laboral que muestra signos de fragilidad y un sector energético bajo ataque directo coloca a los bancos centrales en una posición de vulnerabilidad técnica sin precedentes recientes.

En el epicentro de la estrategia monetaria estadounidense, Powell ha sido tajante al afirmar que la postura política actual es la adecuada, pero advirtió que no habrá flexibilización alguna sin avances claros en la desinflación. Las proyecciones del personal de la Fed ahora estiman un PCE para febrero del 2,8% y un PCE subyacente del 3,0%, cifras que han llevado a los miembros del comité a inclinar su opinión hacia un menor número de recortes de tipos durante el año. De hecho, el presidente de la Fed no descartó que el próximo movimiento pudiera ser, ante la sorpresa del mercado, una subida de tipos si las presiones de precios no ceden. Esta postura se ve agravada por factores estructurales internos, como la construcción masiva de centros de datos que está elevando la tasa neutral de la economía, y una incertidumbre institucional notable, Powell ha confirmado que asumiría la presidencia interina si no se ratifica un sucesor antes del fin de su mandato, asegurando además que no abandonará la junta hasta concluir las investigaciones del Departamento de Justicia.

Paralelamente, la crisis en Oriente Medio ha dejado de ser un riesgo periférico para convertirse en el motor de las expectativas inflacionarias a corto plazo. La desconexión de varias fases del yacimiento de gas South Pars en Irán, tras ataques a infraestructuras clave, y la eliminación de figuras de alto rango como el ministro de Inteligencia Esmail Khatib y el jefe de seguridad Ali Larijani, han provocado una respuesta bélica inmediata de Teherán contra activos estadounidenses y aliados. Powell reconoció en rueda de prensa que el aumento de los precios de la energía impulsará la inflación general, mientras que el mercado observa con preocupación cómo el precio de la gasolina en Estados Unidos ha escalado a los 3,79 dólares por galón, marcando el mayor incremento mensual en tres décadas.

La cooperación militar entre Rusia e Irán, que incluye el intercambio de inteligencia satelital y tecnología de drones, añade una capa de complejidad geopolítica que podría mantener el crudo en niveles cercanos a los 100 dólares, una cota que los economistas consideran crítica para la salud del PIB mundial.

En el ámbito de los mercados de capitales, la fragilidad es palpable. El S&P 500 mantiene una correlación inversa del 91% con el precio del petróleo, lo que refleja que el inversor actual percibe cada subida del crudo como un impuesto directo al consumo y un lastre para el crecimiento.

Esta debilidad se ve amplificada por la actividad de los flujos sistemáticos; se estima que los CTAs ejecutarán ventas por valor de 70.000 millones de dólares en la próxima semana, independientemente del contexto macroeconómico, lo que genera una presión vendedora mecánica difícil de absorber. Mientras tanto, en Europa, el IPC final de la Eurozona se situó en el 1,9%, cumpliendo con las expectativas y ofreciendo un contraste de relativa calma frente a la volatilidad estadounidense, donde el índice de volatilidad del dólar ha alcanzado niveles no vistos desde finales de 2022, evidenciando una búsqueda masiva de refugio ante riesgos extremos.

Como conclusión del panorama actual, nos enfrentamos a un escenario de estanflación latente donde la Reserva Federal ha agotado su margen de error. La combinación de una «bajísima creación de empleo», admitida con preocupación por varios miembros del comité, y una inflación energética importada, crea un entorno de preocupación para la renta variable. Mi proyección sugiere que los grandes mínimos del mercado aún están por alcanzarse, condicionados totalmente a la evolución del Estrecho de Ormuz y a la capacidad de la Fed para atravesar la transición de liderazgo sin perder credibilidad. En el corto plazo, el dólar seguirá siendo el activo dominante, mientras que los inversores de renta variable deberán prepararse para una volatilidad estructuralmente más alta, donde cualquier decepción en los datos de inflación de marzo podría forzar un reajuste violento de las valoraciones globales.

Felipe Mendoza, Analista de mercados EBC Financial Group