La corrección de las bolsas estadounidenses se intensifica tras un IPC superior a lo esperado, mientras el petróleo y el oro siguen tensionados por el conflicto en Medio Oriente y la incertidumbre sobre las tasas de la FED.
La cautela vuelve a instalarse en los mercados globales luego de que Wall Street comenzara a corregir desde máximos históricos, afectado por un escenario que mezcla inflación persistente, tensión geopolítica y toma de ganancias en el sector tecnológico. Los futuros del Nasdaq y del S&P 500 operan con leves caídas tras un IPC estadounidense que volvió a superar expectativas y reforzó la idea de tasas elevadas por más tiempo en Estados Unidos. A esto se sumó una fuerte presión sobre acciones de semiconductores, sector que había liderado gran parte del rally bursátil de las últimas semanas gracias al auge de la inteligencia artificial, con el índice Philadelphia Semiconductor desplomándose un 3%.
Pese a ello, el viaje de Donald Trump a China mantiene al mercado atento a eventuales señales de distensión comercial y tecnológica. La incorporación de Jensen Huang, CEO de NVIDIA, a la delegación presidencial estadounidense fue interpretada como un movimiento estratégico en medio de las disputas por inteligencia artificial, exportación de chips y liderazgo tecnológico global.
En paralelo, el conflicto entre Estados Unidos e Irán sigue marcando el ritmo del mercado energético. El petróleo corrige ligeramente tras varias jornadas consecutivas de alzas, aunque el Brent continúa operando sobre los US$107 por barril y el WTI cerca de los US$102. El foco continúa puesto sobre el Estrecho de Ormuz, zona crítica para el suministro mundial de crudo y donde las negociaciones diplomáticas siguen mostrando pocos avances concretos.
La preocupación aumentó luego de que Trump calificara el eventual alto al fuego con Irán como estando “en soporte vital”, mientras la Agencia de Información Energética de Estados Unidos advirtió que las interrupciones en la zona podrían extenderse hasta finales de mayo. El mercado comienza a internalizar que el conflicto podría transformarse en un problema estructural más que transitorio, especialmente considerando que cerca del 20% del petróleo mundial transita habitualmente por Ormuz.
El oro, por su parte, continúa consolidándose sobre la zona de los US$4.700 por onza, aunque con menor impulso en las últimas jornadas. El metal enfrenta actualmente una disputa entre factores alcistas y bajistas: el riesgo geopolítico sigue apoyando la demanda por refugio, pero la inflación persistente y un dólar más firme elevan la presión sobre la Reserva Federal para mantener tasas altas durante más tiempo.
Desde mi perspectiva, mientras el conflicto en Medio Oriente siga abierto y el petróleo permanezca sobre los US$100 por barril, el oro mantiene espacio para buscar nuevamente rangos entre US$4.800 y US$4.900 por onza. Una eventual escalada militar o nuevos problemas de suministro energético podrían acelerar incluso ese movimiento.
Por lo que respecta al petróleo, el mercado sigue extremadamente sensible a cualquier titular proveniente de Washington, Teherán o Pekín. Si fracasan las conversaciones diplomáticas y el bloqueo sobre Ormuz se prolonga, no descartaría movimientos nuevamente hacia zonas entre US$112 y US$118 por barril para el Brent. En cambio, señales concretas de acuerdo entre Estados Unidos e Irán podrían devolver rápidamente los precios hacia niveles bajo los US$100, relajando parte importante de la presión inflacionaria global.
Sergio Cistenas, Analista de Mercados EBC Financial Group





