El complejo construido para los Juegos Suramericanos de 2018 debía convertirse en un proyecto habitacional, pero ocho años después enfrenta problemas de gestión, ocupación y mantenimiento.
Lo que fue presentado como uno de los principales legados de los Juegos Suramericanos de 2018 en Bolivia se convirtió, con el paso del tiempo, en un ejemplo de los desafíos que enfrentan algunas obras construidas para grandes eventos deportivos. La Villa Sudamericana de Cochabamba, desarrollada con una inversión cercana a los US$33 millones, fue diseñada para albergar a los atletas durante la competencia y posteriormente transformarse en un proyecto habitacional para la ciudad.
El complejo, ubicado en la zona de La Tamborada, fue construido con 14 edificios que reúnen 672 departamentos, además de áreas comunes y espacios destinados al uso comunitario. Durante los Juegos Suramericanos cumplió su objetivo inicial al recibir a miles de deportistas, pero tras el cierre del evento comenzaron las dificultades para definir su futuro y garantizar su aprovechamiento permanente.
Falta de planificación frenó su uso posterior
Después de la competencia, las autoridades plantearon distintas alternativas para la Villa Sudamericana, entre ellas convertir los departamentos en viviendas sociales o destinarlos a instituciones públicas. Sin embargo, la ausencia de un plan definitivo de adjudicación, sumada a problemas administrativos y costos asociados al mantenimiento, retrasó durante años la ocupación del complejo.
Con el paso del tiempo, varios departamentos permanecieron vacíos y la infraestructura empezó a enfrentar signos de deterioro. La falta de una estrategia clara para su utilización posterior convirtió a la obra en un caso de análisis sobre la importancia de planificar el destino de las inversiones vinculadas a eventos internacionales.
Un debate sobre el legado de grandes inversiones
La experiencia de Cochabamba refleja uno de los principales retos de este tipo de proyectos: que las obras construidas para una competencia deportiva puedan integrarse posteriormente al desarrollo urbano y social de la ciudad. Sin una planificación de largo plazo, infraestructuras que demandan grandes recursos pueden perder parte del impacto esperado.
Ocho años después de su inauguración, la Villa Sudamericana continúa representando una oportunidad pendiente para generar valor habitacional y urbano en Cochabamba. El caso vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de evaluar no solo la construcción de grandes obras, sino también su sostenibilidad y utilidad después de los eventos que las originan.




