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miércoles, julio 22, 2026
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Temporales y contaminación: el riesgo ambiental invisible que dejan las lluvias extremas

Por José Manuel Bellalta, Gerente General de Grupo GB CINCO

Los históricos temporales que afectaron recientemente a la Región de Coquimbo —con 79 milímetros de lluvia en un solo día, el registro más alto desde 1987, un fenómeno que el Gobierno calificó como el más intenso en 39 años— dejaron más de 99 mil personas aisladas, 2.205 damnificados, 1.179 personas en albergues y miles de viviendas dañadas. Sin embargo, junto con los daños visibles existe una amenaza menos evidente: la contaminación de suelos y aguas que estos eventos extremos pueden desencadenar.

Las lluvias intensas no solo provocan inundaciones. También movilizan contaminantes que permanecían confinados en antiguos sitios industriales, faenas mineras, vertederos o suelos degradados. La escorrentía puede transportar hidrocarburos, metales pesados, pesticidas, fertilizantes y solventes industriales hacia ríos, esteros y acuíferos, mientras que la erosión remueve suelos contaminados y los caudales extremos redistribuyen sedimentos que pueden afectar ecosistemas y fuentes de agua para consumo humano.

El desafío ya no consiste únicamente en responder a la emergencia, sino en anticiparla. La experiencia demuestra que una gestión preventiva comienza con la identificación de sitios potencialmente contaminados, evaluaciones ambientales de riesgo, monitoreo permanente de aguas superficiales y subterráneas y planes de contención para evitar que los contaminantes se dispersen durante eventos extremos.

Chile ya conoce el costo de no anticiparse: entre 1990 y 2021 se registraron cerca de 1.200 cortes de caminos asociados a eventos hidrometeorológicos, afectando más de 36.000 kilómetros de infraestructura vial, mientras que la Cámara Chilena de la Construcción estima que fortalecer la resiliencia climática del país requerirá inversiones cercanas a US$ 1.130 millones durante la próxima década.

La adaptación exige combinar infraestructura, ciencia y remediación ambiental. Tecnologías como la solidificación y estabilización de suelos contaminados, la extracción de vapores del suelo (Soil Vapor Extraction), la ozonización, los sistemas de bombeo y tratamiento de aguas subterráneas, junto con herramientas de modelación numérica como MODFLOW y teledetección hiperespectral, permiten controlar la contaminación antes de que un temporal la disperse hacia nuevas áreas. Más que una respuesta posterior al desastre, la remediación ambiental debe entenderse como una inversión estratégica para fortalecer la resiliencia territorial frente al cambio climático.