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Subempleo profesional en Lima crece: más de 328 mil universitarios con bajos ingresos

Datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) revelan que más de 328 mil egresados universitarios en Lima trabajan sin cubrir la canasta básica, evidenciando un deterioro estructural del mercado laboral y una menor rentabilidad de la educación superior.

El mercado laboral peruano enfrenta un problema estructural creciente: el subempleo profesional. Solo en Lima Metropolitana, 328.300 personas con educación superior universitaria se encuentran en situación de subempleo por ingresos, es decir, trabajan pero no logran cubrir ni el 50% del costo de la canasta básica familiar.

De acuerdo con el informe técnico del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), esta cifra corresponde al trimestre enero-febrero-marzo de 2026 y representa un incremento de 21,1% frente al mismo periodo del año anterior.

Un problema estructural que se agrava

La magnitud del problema se vuelve más evidente al compararlo con la etapa prepandemia. En 2019, el número de universitarios en subempleo por ingresos era de 138.600, lo que implica un aumento de más del 130% en los últimos años.

El economista laboral Fernando Cuadros advierte que este fenómeno se ha consolidado como un problema estructural, agravado tras las recesiones de 2020 y 2023, que limitaron la generación de empleo formal y de calidad.

Crecimiento económico insuficiente y baja generación de empleo

Uno de los factores centrales detrás de esta situación es el bajo dinamismo económico. Con un crecimiento promedio del PBI cercano al 3% anual, la economía peruana no logra generar suficientes puestos de trabajo formales para absorber a la creciente población calificada.

A ello se suma el impacto de las crisis recientes, que redujeron la capacidad del mercado para crear empleo de calidad, especialmente en sectores intensivos en mano de obra profesional.

Desconexión entre educación y mercado laboral

Otro factor clave es la brecha entre la formación académica y las necesidades del mercado. La socióloga Alejandra Dinegro señala que existe una “desarticulación permanente” entre lo que se enseña y lo que demandan las empresas.

Esta desconexión se refleja en la alta inadecuación ocupacional: más de la mitad de los profesionales en el país trabajan en actividades que no están relacionadas con su formación, lo que impacta directamente en sus ingresos.

Mayor acceso al empleo, pero no de calidad

En paralelo, la población ocupada con educación universitaria en Lima Metropolitana alcanzó los 1 millón 888 mil trabajadores en 2026, un aumento de 8,2% respecto al año anterior.

Sin embargo, este crecimiento no se ha traducido en mejores condiciones laborales. Muchos profesionales terminan insertándose en pequeñas y medianas empresas, donde predominan salarios más bajos y menor estabilidad.

Impactos: informalidad, migración y menor productividad

Las consecuencias de esta tendencia ya son visibles. Por un lado, se incrementa la informalidad, ya que muchos profesionales optan por el autoempleo en condiciones precarias. Por otro, se intensifica la migración de talento calificado hacia mercados con mejores oportunidades.

Además, este fenómeno tiene implicancias macroeconómicas: menor productividad, menor innovación y un desaprovechamiento del capital humano.

Retos y perspectivas

Especialistas coinciden en que revertir esta situación requiere una combinación de crecimiento económico sostenido, mejora en la calidad educativa y una mayor articulación entre el Estado, el sector privado y el sistema educativo.

Sectores como manufactura, agroindustria, turismo y metalmecánica podrían convertirse en motores de empleo formal si se implementan políticas de diversificación productiva.

De no abordarse estos desafíos, el país continuará enfrentando una paradoja cada vez más evidente: más profesionales, pero con menos oportunidades reales de desarrollo.