Los nuevos incidentes en el Estrecho de Ormuz apenas impactaron los precios del crudo. El mercado mantiene el foco en el aumento de la oferta y la desaceleración de la demanda global.
Los nuevos ataques registrados en el Estrecho de Ormuz no provocaron la reacción que los mercados habrían esperado hace apenas unos meses. A pesar de que el incidente volvió a poner en riesgo una de las rutas energéticas más importantes del mundo, el petróleo apenas registró movimientos moderados, reflejando un cambio significativo en la forma en que los inversionistas están evaluando los riesgos del mercado energético.
Según reportes internacionales, fuerzas iraníes lanzaron al menos dos misiles contra embarcaciones comerciales que navegaban por el Estrecho de Ormuz, provocando daños materiales y poniendo fin al entendimiento temporal alcanzado recientemente entre Washington y Teherán. El incidente vuelve a instalar dudas sobre una vía estratégica por donde circula aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo.
Sin embargo, la reacción fue muy distinta a la observada durante los momentos más críticos de las tensiones entre Estados Unidos e Irán. El WTI continúa cotizando cerca de los US$68,8 por barril, muy lejos de los niveles superiores a US$120 alcanzados durante el punto más álgido del conflicto.
La explicación parece estar en el cambio de narrativa que domina actualmente al mercado energético. Mientras hace algunos meses los inversionistas se concentraban casi exclusivamente en el riesgo de interrupciones del suministro, hoy la atención está puesta en una posible sobreoferta durante el segundo semestre.
La OPEP+ confirmó recientemente un aumento de producción para agosto, mientras que las exportaciones desde el Golfo continúan normalizándose. A ello se suma la posibilidad de que Irán retome gradualmente algunos mercados asiáticos, aumentando la percepción de que habrá más barriles disponibles en los próximos meses.
Al mismo tiempo, la demanda tampoco muestra el dinamismo esperado. Las señales de desaceleración observadas en algunas de las principales economías consumidoras de energía han reforzado la idea de que el mercado contará con suficiente oferta para abastecer el consumo global, incluso en escenarios de tensión geopolítica moderada.
Desde mi perspectiva, el aspecto más relevante no es el ataque en sí mismo, sino la limitada reacción que provocó en los precios. Hace apenas unos meses, un evento de estas características habría generado fuertes repuntes del petróleo. Hoy ocurre exactamente lo contrario. Los inversionistas parecen más preocupados por la cantidad de barriles que volverán al mercado que por la posibilidad de una interrupción temporal del suministro.
Por ahora, el balance de riesgos continúa favoreciendo una visión moderadamente bajista para el petróleo. Mientras la oferta siga recuperándose y la demanda global mantenga un ritmo más moderado, será difícil construir un escenario de alzas sostenidas para el crudo.
Naturalmente, el riesgo geopolítico no ha desaparecido. Una interrupción efectiva del tránsito marítimo en Ormuz o una escalada significativa de las tensiones entre Estados Unidos e Irán podrían devolver rápidamente una prima de riesgo importante al mercado. Sin embargo, hoy los precios parecen estar enviando un mensaje claro: la oferta y la demanda vuelven a tener más peso que los titulares geopolíticos en la formación del precio del petróleo.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group




