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jueves, junio 25, 2026
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Perú: financiarse exige más respaldo, fideicomisos ganan terreno

En un contexto de incertidumbre política, volatilidad cambiaria y tasas de financiamiento relevantes, las empresas deben buscar estructuras que les permitan ordenar sus flujos, respaldar obligaciones y mejorar su posición frente a bancos, fondos e inversionistas.

El contexto político que vivimos en el país, los movimientos en el tipo de cambio y el costo del crédito están llevando a muchas empresas peruanas a revisar la forma en que estructuran sus operaciones financieras. En este escenario, acceder a financiamiento ya no depende únicamente de contar con activos o historial crediticio, sino también de demostrar orden, trazabilidad y garantías claras frente a bancos, fondos e inversionistas.

De acuerdo con datos del Banco Central de Reserva del Perú, el tipo de cambio se ha mantenido alrededor de S/3.39 por dólar, en un contexto de expectativa del mercado frente al escenario político. A ello se suma que, según datos de la SBS, las tasas activas anuales para créditos empresariales continúan siendo un factor relevante en la planificación financiera de compañías de distintos segmentos, especialmente medianas, pequeñas y microempresas.

Este escenario hace que las empresas que buscan financiamiento o refinanciamiento enfrenten una evaluación más rigurosa sobre la calidad de sus garantías, la predictibilidad de sus ingresos y la administración de sus flujos. Para bancos, fondos e inversionistas, ya no basta con que una compañía cuente con activos; ahora también es clave que estos puedan organizarse bajo estructuras claras, verificables y con reglas de uso previamente definidas.

Es ahí donde aparecen los fideicomisos de garantía para este proceso, como una alternativa utilizada para ordenar activos, flujos futuros, cuentas por cobrar, ingresos de contratos o derechos de cobro en un patrimonio autónomo administrado por una fiduciaria.

“En un contexto donde los financiadores evalúan con mayor detalle los riesgos, el fideicomiso de garantía permite aislar activos o flujos específicos, establecer reglas claras de pago y dar mayor trazabilidad a la operación. Y es que no se trata únicamente de proteger un patrimonio, sino de hacerlo más financiable”, explica Geraldo Arosemena, Managing Director de TMF Group para Perú y Bolivia.

Si bien el fideicomiso no implica automáticamente una menor tasa de interés, sí puede contribuir a mejorar la percepción de riesgo de una operación. Para los acreedores, contar con una estructura fiduciaria permite tener mayor visibilidad sobre el origen, destino y administración de los recursos. Para las empresas, representa una forma de ordenar sus garantías y fortalecer su posición al momento de negociar financiamiento.

Esta tendencia se da en un entorno empresarial cada vez más exigente. Según el Índice Global de Complejidad Corporativa 2026 de TMF Group, Perú regresó al top 10 de jurisdicciones más complejas para hacer negocios, al ubicarse como el 10.º país más complejo entre los 81 evaluados. El informe señala que la digitalización continua, los cambios regulatorios y las mayores exigencias de cumplimiento están obligando a las empresas a adaptarse con mayor rapidez.

“Es por eso por lo que el fideicomiso ha dejado de ser una herramienta asociada solo a grandes concesiones o proyectos de infraestructura. Hoy se utiliza en financiamientos empresariales más comunes, en los que los acreedores solicitan que determinados flujos, ventas, cuentas por cobrar o activos específicos sean administrados bajo una estructura independiente”, agrega Arosemena.

Sectores como el de la construcción, el inmobiliario o la agroindustria, entre otros, pueden encontrar en estas estructuras una alternativa para viabilizar financiamientos, refinanciar deuda o dar mayor respaldo a proyectos de largo plazo. En operaciones más complejas, los fideicomisos también pueden complementarse con servicios de agencia o administración de garantías, especialmente cuando participan varios acreedores o existen garantías en más de una jurisdicción.

Finalmente, para Arosemena, el reto principal está en que más empresas comprendan que el fideicomiso no es una herramienta exclusiva de grandes corporaciones. “Muchas compañías tienen activos o flujos que podrían respaldar mejor una operación financiera, pero no siempre cuentan con una estructura adecuada para presentarlos frente a un financiador. En un contexto de mayor cautela como en el que nos encontramos, ordenar estos flujos puede marcar la diferencia entre acceder o no a capital”, señala.