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Bitel lidera el mercado prepago impulsado por una propuesta de mayor valor y conectividad

La compañía alcanza el 33.04% de participación en el segmento prepago al cierre de 2025. Se posiciona como el operador líder del mercado peruano con una propuesta de valor basada en cobertura, precios competitivos y mayores beneficios.

Bitel cerró el 2025 como líder del segmento prepago en el Perú, alcanzando una participación de mercado de 33.04%, consolidándose como el principal operador en el segmento de mayor volumen del país. Este resultado representa un crecimiento de +9.59 puntos porcentuales frente a 2024, uno de los incrementos más relevantes del mercado y una muestra clara de la preferencia sostenida de los usuarios por una propuesta enfocada en valor real.

Este liderazgo responde a una estrategia orientada a democratizar el acceso a conectividad de calidad, especialmente en un entorno donde los consumidores priorizan beneficios tangibles, precios accesibles y mayor control sobre su gasto. La compañía ha logrado superar a operadores históricos del mercado, fortaleciendo su posición como un actor clave en la inclusión digital del país.

Una propuesta de valor centrada en el usuario

El crecimiento de Bitel en prepago se explica por tres factores principales: eficiencia en precios, expansión de cobertura y una propuesta simple pero potente, enfocada en ofrecer más beneficios por el mismo gasto. Esta combinación ha permitido atraer nuevos usuarios, así como captar migraciones desde otros operadores, fortaleciendo significativamente su base de clientes.

En un mercado altamente competitivo, donde el segmento prepago representa una de las principales puertas de acceso a la conectividad móvil, Bitel ha apostado por brindar soluciones alineadas a la realidad del consumidor peruano, especialmente en zonas urbanas emergentes y regiones donde la cobertura sigue siendo una necesidad prioritaria.

Más datos, mejores beneficios y mayor cercanía

El desempeño de la marca también ha sido impulsado por campañas comerciales centradas en valor real, promociones de recargas con beneficios claros y el fortalecimiento de su ecosistema digital. A ello se suma una estrategia de presencia territorial y cercanía con el usuario, fundamental en un segmento donde la confianza y la experiencia de servicio son determinantes.

Los usuarios han respondido principalmente a propuestas que maximizan su gasto: mayor cantidad de datos móviles, promociones constantes y precios competitivos. En un contexto donde el consumo digital continúa creciendo impulsado por redes sociales, contenido en línea y servicios móviles, la flexibilidad del modelo prepago sigue ganando relevancia frente a esquemas más rígidos.

Consolidar el liderazgo y seguir ampliando el acceso digital

Entre las principales tendencias del mercado prepago destacan el aumento en el consumo de datos móviles, la búsqueda de una mejor relación costo-beneficio, el crecimiento de la demanda en zonas rurales y urbanas emergentes, y la preferencia por servicios sin contratos y con mayor control del gasto.

Frente a este escenario, Bitel proyecta continuar consolidando su liderazgo en prepago, expandir su base de usuarios y profundizar su propuesta digital durante 2026. El enfoque estará puesto en crecer con rentabilidad, fortalecer la experiencia del usuario y seguir ampliando el acceso a servicios digitales para más peruanos.

Como parte de su compromiso por brindar más beneficios y una mejor experiencia de conectividad, Bitel impulsa su promoción “Doble Data” para usuarios prepago. Con paquetes seleccionados como TI20, TI30 y TI40, los clientes reciben automáticamente el doble de datos, permitiéndoles navegar más, mantenerse conectados por más tiempo y disfrutar de sus aplicaciones favoritas sin pagar adicionalmente. Para adquirir esta Promoción ingresar a: https://bitel.com.pe/promociones/super-compra-de-paquetes .

Con estos resultados, la compañía reafirma su compromiso de seguir impulsando una conectividad más accesible, eficiente e inclusiva, consolidándose como un aliado estratégico en el desarrollo digital del país.

Elecciones de segunda vuelta en Perú elevan la incertidumbre y presión en el tipo de cambio

Sin embargo, la Bolsa de Valores de Lima se posiciona como la segunda mejor en el mundo con un rendimiento de más de 20%.

La incertidumbre de la segunda vuelta por las elecciones presidenciales en Perú empieza a reflejarse en la cautelosa actuación por parte de los inversionistas, en la presión sobre tipo de cambio y en una mayor volatilidad, refiere Alfredo Marentes, analista de mercado en VT Markets.

Las elecciones presidenciales introducen un nivel de incertidumbre que los mercados tienden a castigar de forma inmediata. “En el caso de Perú, esta incertidumbre se traduce en una postura más cautelosa por parte del inversionista extranjero”, precisa Marentes.

En plataformas de trading -agrega- el impacto es directo: aumento en la volatilidad, ampliación de spreads y rotación de capital hacia activos refugio. “Más allá de quién resulte ganador en las elecciones, lo que realmente evalúa el mercado es la claridad y previsibilidad de su agenda económica”.

Impacto en la Bolsa de Valores de Lima

La Bolsa de Valores de Lima (BVL) tiene una sensibilidad elevada al riesgo político debido a su fuerte exposición al sector minero y al ciclo económico local. “En escenarios electorales, los inversionistas institucionales tienden a reducir posiciones de forma preventiva, lo que disminuye la liquidez y amplifica los movimientos de precios. Como resultado, es común observar oscilaciones diarias que superan significativamente los promedios históricos”, señala el experto.

Este escenario contrasta con el sólido desempeño reciente del mercado peruano. La BVL ha logrado posicionarse como la segunda bolsa más rentable del mundo, impulsada principalmente por el dinamismo de los commodities logrando un rendimiento acumulado de 20.8%, según datos del índice MSCI nuam Perú General.

El dólar seguirá subiendo 

Para Alfredo Marentes, el fortalecimiento del dólar en períodos preelectorales responde a una dinámica estructural en economías emergentes: la búsqueda de cobertura ante la incertidumbre.

“Es probable que esta presión alcista continúe hasta que exista un resultado claro y, sobre todo, hasta que el mercado pueda interpretar las primeras señales de política económica del nuevo gobierno. La magnitud y velocidad de una eventual corrección dependerán directamente de la credibilidad del presidente electo”, finaliza.

Sanidad vegetal frente a plagas y enfermedades: un impacto global que exige acción

En Perú, el sector agropecuario proyecta un crecimiento del 4.2% al cierre del año, pero mantener esta rentabilidad exige proteger los cultivos de los impactos climáticos y biológicos. Para evitar pérdidas económicas, la industria agrícola acelera la adopción de tecnologías de extracción en frío y la adquisición de portafolios de control biológico.

En el marco del Día Internacional de la Sanidad Vegetal, la protección de los cultivos se posiciona no solo como un tema de seguridad alimentaria, sino como un factor crítico para la economía mundial y local. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), las plantas proporcionan más del 80% de los alimentos que ingerimos, pero este motor productivo enfrenta amenazas constantes.

La FAO revela también que, anualmente, hasta el 40% de la producción mundial de cultivos se pierde debido al impacto de plagas y enfermedades. Estas pérdidas reducen la disponibilidad de alimentos y generan un impacto económico a nivel global que supera los 220,000 millones de dólares cada año.

En el contexto local, el sector agropecuario peruano demostró su resiliencia al registrar una proyección de crecimiento del 4.2% al cierre de 2025, según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI). Para sostener este dinamismo durante el 2026 y proteger los ingresos de los agricultores frente a la inestabilidad climática, la adopción de tecnologías que garanticen la sanidad en el campo se ha vuelto una prioridad estratégica.

Innovación corporativa y control biológico

Frente a las exigencias de exportación, la agricultura local utiliza hoy bioestimulantes como Kelpak® de BASF. Este extracto del alga Ecklonia maxima genera un efecto regulador (tipo auxínico) que fortalece las raíces secundarias, mejorando la cuaja o retención del fruto y la uniformidad de su calidad. Al robustecer la planta desde su base, esta tecnología facilita su respuesta ante estreses ambientales o abióticos, asegurando una productividad sostenible en cultivos clave como la uva de mesa.

En paralelo, el control de plagas también se está transformando. Hoy, la tendencia apunta a usar controladores biológicos, como virus naturales que atacan exclusivamente a las orugas y otros insectos destructivos sin dañar el ecosistema. Para responder a esta necesidad por una agricultura más sostenible, la industria avanza con movimientos estratégicos. Un ejemplo es la reciente adquisición global de la empresa AgBiTech por parte de BASF, una compra que busca masificar estas herramientas orgánicas y brindar al agricultor defensas más rentables y seguras.

«La sanidad vegetal es la garantía de que el trabajo y la inversión de miles de agricultores peruanos llegue con éxito a las mesas del mundo. Ante un clima cada vez más variable, la clave para proteger la rentabilidad del campo está en integrar soluciones que potencien la resiliencia natural de la planta», afirma Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana. «Nuestro compromiso es facilitar el acceso a innovaciones que permitan producir más y mejor, asegurando que cada hectárea cultivada contribuya al crecimiento económico y a la seguridad alimentaria del país», adiciona.

El fortalecimiento de la protección de los cultivos es, en última instancia, un motor de desarrollo. De acuerdo con la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (IPPC), la sanidad vegetal ayuda a reducir la pobreza y fomenta el desarrollo económico, especialmente en países como el Perú, donde la agricultura es una de las principales fuentes de empleo e ingresos.

Cuando el problema es grave: ¿consultor experimentado o inteligencia artificial?

Por Juan Carlos Valda

Hay preguntas que parecen modernas, pero en realidad son viejas, sólo cambió el nombre de una de las partes.

Hoy podríamos preguntarnos: cuando tienes un problema grave en tu empresa, ¿a quién recurres? ¿A un consultor experimentado o a la inteligencia artificial? ¿En quién confías más? ¿Quién crees que puede ayudarte mejor?

La pregunta es válida, pero también puede ser tramposa porque plantea una competencia donde, en realidad, debería haber una complementariedad. La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria, ordenar información, generar hipótesis, comparar alternativas, ayudar a pensar escenarios, resumir documentos, detectar inconsistencias y acelerar procesos que antes llevaban horas o días, sería absurdo negar su valor. Pero cuando el problema es realmente grave, cuando lo que está en juego no es sólo una decisión técnica sino la continuidad de la empresa, el vínculo entre socios, la confianza del equipo, la sucesión familiar, la rentabilidad futura o la calidad de vida del empresario, la pregunta cambia.

Ya no se trata solamente de quién sabe más sino de quién comprende mejor, y ahí aparece una diferencia enorme: la IA puede procesar información, pero un consultor experimentado puede leer una situación, y en ese sentido no estamos hablando de lo mismo.

Una cosa es recibir datos, documentos, balances, organigramas, minutas, indicadores o transcripciones, pero otra muy distinta es entrar en una empresa, mirar cómo se sientan los hermanos en una reunión, detectar quién calla aunque tenga poder, advertir quién habla mucho para no decir lo importante, percibir cuándo un fundador dice que quiere delegar pero en realidad teme dejar de ser necesario, o descubrir que el problema comercial no está en los vendedores sino en una propuesta de valor que perdió sentido hace años.

La inteligencia artificial puede ayudarte a ordenar el mapa, pero alguien con experiencia puede darse cuenta de que el mapa que trajiste no representa el territorio. Y eso, mi estimado/a lector/a, es decisivo porque las pymes rara vez tienen problemas puros. No existe «sólo» un problema de costos, «sólo» un problema de ventas, «sólo» un problema de liderazgo o «sólo» un problema familiar. Casi siempre hay una mezcla desordenada de temas técnicos, emocionales, históricos, culturales y personales.

La baja rentabilidad puede estar conectada con precios mal definidos, pero también con descuentos concedidos por miedo a perder clientes. La falta de delegación puede presentarse como un problema de estructura, pero en el fondo puede esconder desconfianza, malas experiencias anteriores o una identidad empresaria construida sobre la idea de «si no estoy yo, esto no funciona». El conflicto entre familiares puede expresarse en discusiones operativas, pero quizá la verdadera disputa sea por reconocimiento, poder, pertenencia o futuro.

Frente a eso, la IA puede ofrecer diagnósticos posibles y no tengo dudas de que muchos serán muy buenos. Incluso puede formular preguntas inteligentes, pero no se hace cargo del clima emocional que genera esa pregunta, no mide el momento, no sabe cuándo conviene avanzar, cuándo conviene esperar, cuándo una palabra puede abrir una conversación y cuándo puede romper un vínculo, y tampoco asume el riesgo de estar frente a personas reales, con historias reales, heridas reales y consecuencias reales. Un consultor experimentado, en cambio, no sólo responde: también decide cómo intervenir, y eso define buena parte de la calidad de la ayuda.

En los problemas graves, muchas veces la calidad de la ayuda no está en la brillantez de la respuesta, sino en la oportunidad, la prudencia y la lectura del contexto. Hay verdades que, dichas antes de tiempo, generan rechazo, diagnósticos correctos que, mal presentados, destruyen la posibilidad de cambio, soluciones técnicamente impecables que fracasan porque nadie está emocionalmente preparado para aceptarlas y hay empresarios que no necesitan que alguien les diga «qué deberían hacer», sino que los ayude a mirar lo que hace tiempo no quieren mirar.

La IA puede decirte: «debes profesionalizar la empresa» mientras que un consultor con años de recorrido puede advertir que esa frase, en esa familia, significa para el fundador «me quieren sacar», para el hijo «nunca me van a dejar crecer», para el gerente histórico «van a traer gente de afuera para reemplazarnos» y para los empleados «se viene una etapa de control y castigo».

La misma palabra puede tener significados distintos según quién la escuche, y ahí está uno de los grandes límites de pensar que la inteligencia artificial reemplaza la experiencia humana: la empresa no es un conjunto de variables sino un sistema vivo, con memoria, miedos, hábitos, orgullos, silencios, zonas prohibidas, relatos fundacionales, personas que dicen una cosa en la reunión y otra en el pasillo, decisiones que no se toman porque nadie quiere pagar el costo político de tomarlas, y temas que se disfrazan de urgencias operativas para no hablar de lo verdaderamente importante.

La IA puede ayudarte a pensar, pero no puede haber vivido cientos de conversaciones difíciles con empresarios. No puede haber visto cómo una empresa se deteriora durante años por evitar una decisión incómoda ni puede reconocer en la voz de un fundador esa mezcla de cansancio, orgullo, bronca y miedo que muchas veces aparece cuando empieza a comprender que la empresa ya no puede seguir dependiendo de él. No puede recordar, desde la experiencia propia, cuántas veces una solución obvia fracasó porque nadie trabajó antes la confianza necesaria para implementarla.

Por eso, cuando el problema es grave, la pregunta no debería ser «¿consultor o IA?». La pregunta más inteligente sería: ¿qué lugar debe ocupar cada uno?

La IA puede ser una gran asistente del proceso, ayudar a preparar información, ordenar alternativas, construir tableros, redactar documentos, analizar escenarios, resumir reuniones, detectar patrones, diseñar preguntas y enriquecer el pensamiento del consultor y del empresario. Usada bien, puede mejorar mucho la calidad del trabajo. Puede obligarnos a pensar mejor, a no quedarnos con la primera explicación, a explorar opciones que quizá no habíamos visto, pero la IA no debería ser el piloto cuando el avión atraviesa una tormenta.

Puede aportar instrumentos, mostrar datos, e incluso sugerir rutas, pero cuando hay turbulencia real, cuando hay personas asustadas, cuando una mala maniobra puede partir la empresa o la familia, necesitas a alguien que haya volado muchas veces en condiciones difíciles, que sepa que no todo lo correcto se hace de inmediato, que entienda que, en una empresa familiar, a veces el problema no es llegar rápido sino llegar juntos, y que pueda distinguir entre lo urgente, lo importante y lo emocionalmente posible.

El consultor experimentado tampoco es infalible. Sería peligroso idealizarlo porque hay consultores que repiten recetas, que hablan desde manuales, que no escuchan, que se enamoran de su metodología o que intentan imponer soluciones sin comprender la cultura de la empresa. La experiencia, por sí sola, no garantiza lucidez: también puede transformarse en soberbia, rigidez o piloto automático.

Por eso no se trata de confiar ciegamente en una persona sólo porque tiene años de trayectoria sino de hacerlo en alguien que haya convertido la experiencia en criterio, que haya visto mucho, pero que todavía sepa escuchar, que tenga método, pero no confunda método con molde.

La confianza no debería ponerse en quien promete respuestas rápidas, sino en quien ayuda a formular mejor el problema porque cuando el problema es grave, la primera trampa es creer que ya sabemos cuál es el problema. Muchas empresas piden ayuda por ventas y terminan descubriendo que su verdadero problema es de posicionamiento. O piden ayuda por conflictos familiares y aparece una enorme ausencia de reglas de gobierno. O piden ayuda por falta de compromiso del equipo y se descubre que nadie sabe realmente hacia dónde va la empresa. O piden ayuda por falta de rentabilidad y aparece una cultura comercial acostumbrada a vender sin mirar márgenes.

La IA puede trabajar muy bien sobre el problema que le describes, pero el consultor experimentado, si es bueno, tiene que ayudarte a descubrir si ese es realmente el problema, y esa es una diferencia fundamental.

La inteligencia artificial responde desde lo que se le entrega, pero el consultor experimentado también trabaja sobre lo que no se dice, sobre lo que falta, sobre lo que contradice, sobre lo que se evita, sobre lo que duele, sobre lo que se repite. La IA puede encontrar coherencia en un texto; el consultor debe encontrar incoherencias en una realidad. La IA puede producir un plan; el consultor debe evaluar si esa empresa, con esa gente, con esa historia y con ese momento emocional, está en condiciones de llevarlo adelante.

En temas simples, operativos o exploratorios, quizá la IA alcance y sobre. Por supuesto que puede ser más rápida, más barata y muy útil, pero en los problemas graves, esos que definen el futuro, el empresario no busca solamente información: espera criterio, contención, una mirada externa que no esté atrapada en la interna de la empresa, alguien que pueda decirle lo que otros no se animan a decirle, pero de una manera que todavía le permita escucharlo. Y eso exige humanidad, experiencia y responsabilidad.

Mi respuesta, entonces, sería clara: cuando el problema es grave, yo recurriría a un consultor experimentado que sepa usar inteligencia artificial, no a la inteligencia artificial en lugar del consultor porque el futuro no será de los consultores que ignoren la IA, ni de los empresarios que crean que la IA reemplaza toda experiencia humana. El futuro será de quienes sepan combinar velocidad con criterio, información con interpretación, tecnología con sensibilidad, análisis con conversación y herramientas nuevas con sabiduría práctica.

La IA puede ayudarte a pensar más rápido, pero un buen consultor puede ayudarte a pensar mejor. Y cuando el problema es realmente grave, pensar mejor vale mucho más que responder rápido.

“El Cazal”, de proyecto a realidad: cómo un barrio parque náutico se convierte en un caso de éxito inmobiliario

El desarrollo urbanístico de Grupo E2 cuenta hoy con más de 150 casas construidas y toda su infraestructura residencial, deportiva y náutica en pleno funcionamiento.

Lo que comenzó como una apuesta por revitalizar una zona con alto potencial natural hoy se presenta como un caso concreto de éxito inmobiliario. Al cabo de 16 años desde su lanzamiento, El Cazal —el barrio parque náutico impulsado por Grupo E2 en la zona de El Cazador— logró materializar la propuesta con la que fue concebido: crear un entorno residencial integrado al agua y a la naturaleza. Hoy el barrio cuenta con la totalidad de sus 280 lotes desarrollados, más de 150 casas construidas y una comunidad que ya vive y disfruta plenamente de su infraestructura y servicios

Implantado sobre una superficie total de 70 hectáreas, el proyecto fue concebido desde sus inicios como una propuesta urbanística orientada a combinar calidad residencial, vida al aire libre y contacto directo con el entorno natural. Los lotes —de aproximadamente 900 metros cuadrados en promedio (45 metros de largo por 20 de ancho)— fueron diseñados con una fuerte relación con el agua: 143 cuentan con salida directa a la laguna, 68 disponen de amarras propias y 69 son internos, todos integrados en un entorno parquizado con amplios espejos de agua y vegetación característica de la zona.

El concepto del barrio buscó recrear un ambiente náutico privado que promueve un estilo de vida activo y familiar. Lagunas y espacios verdes conviven con infraestructura pensada para la recreación, el deporte y la vida comunitaria, generando un entorno donde la naturaleza, el descanso y las actividades al aire libre forman parte de la vida cotidiana. La propuesta se completó con un club house y áreas deportivas que incluyen canchas de tenis y fútbol, además de espacios recreativos, área de juegos para niños y sectores de servicios, así como también un área náutica con puerto y amarras. El desarrollo contempla sumar próximamente un conjunto edilicio con dormies consolidando la identidad del barrio como una comunidad residencial vinculada al agua.

El proyecto fue pionero en revalorizar la zona de El Cazador, un área con fuerte identidad paisajística dentro del partido de Escobar. En este contexto, El Cazal se posicionó como el primer barrio parque náutico del Nuevo Cazador, combinando lotes amplios, naturaleza, infraestructura deportiva y accesos ágiles, lo que lo convierte hoy en una propuesta residencial atractiva tanto para quienes buscan calidad de vida como para quienes identifican oportunidades de inversión en el corredor norte del Gran Buenos Aires.

“Para Grupo E2, agregar valor implica planificar proyectos que generen un impacto positivo en el entorno, ya sea apostando por zonas con potencial aún inexplorado o recuperando atributos propios de determinados lugares en sintonía con las nuevas formas de habitar”, señala Adrián Saraco, CEO de Grupo E2.

“El Cazal refleja esa visión: un proyecto que recupera el espíritu de la zona de El Cazador y propone un estilo de vida náutico, joven y familiar, fácil de acceder y en contacto directo con la naturaleza, que hoy se ha convertido en una oportunidad inmobiliaria de gran atractivo en la región”, concluye Saraco.

El Cazal ha sido el primero de los desarrollos impulsados por Grupo E2, empresa argentina con más de 18 años de trayectoria en proyectos urbanísticos de gran escala en Argentina y otros mercados. Tras esta experiencia pionera de El Cazal el grupo continuó su expansión con emprendimientos como El Naudir Aguas Privadas, un barrio náutico de 180 hectáreas y más de 1.000 lotes; Naudir Delta, un desarrollo de 45 hectáreas actualmente en avance; y proyectos en Los Cardales, como El Campo, Fincas Exclusivas Cardales, y El Club Cardales, desarrollo de 176 hectáreas con cerca de 700 lotes, polo educativo, propuestas deportivas y espacios comerciales en pleno desarrollo.