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lunes, mayo 11, 2026
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Sanidad vegetal frente a plagas y enfermedades: un impacto global que exige acción

En Perú, el sector agropecuario proyecta un crecimiento del 4.2% al cierre del año, pero mantener esta rentabilidad exige proteger los cultivos de los impactos climáticos y biológicos. Para evitar pérdidas económicas, la industria agrícola acelera la adopción de tecnologías de extracción en frío y la adquisición de portafolios de control biológico.

En el marco del Día Internacional de la Sanidad Vegetal, la protección de los cultivos se posiciona no solo como un tema de seguridad alimentaria, sino como un factor crítico para la economía mundial y local. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), las plantas proporcionan más del 80% de los alimentos que ingerimos, pero este motor productivo enfrenta amenazas constantes.

La FAO revela también que, anualmente, hasta el 40% de la producción mundial de cultivos se pierde debido al impacto de plagas y enfermedades. Estas pérdidas reducen la disponibilidad de alimentos y generan un impacto económico a nivel global que supera los 220,000 millones de dólares cada año.

En el contexto local, el sector agropecuario peruano demostró su resiliencia al registrar una proyección de crecimiento del 4.2% al cierre de 2025, según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI). Para sostener este dinamismo durante el 2026 y proteger los ingresos de los agricultores frente a la inestabilidad climática, la adopción de tecnologías que garanticen la sanidad en el campo se ha vuelto una prioridad estratégica.

Innovación corporativa y control biológico

Frente a las exigencias de exportación, la agricultura local utiliza hoy bioestimulantes como Kelpak® de BASF. Este extracto del alga Ecklonia maxima genera un efecto regulador (tipo auxínico) que fortalece las raíces secundarias, mejorando la cuaja o retención del fruto y la uniformidad de su calidad. Al robustecer la planta desde su base, esta tecnología facilita su respuesta ante estreses ambientales o abióticos, asegurando una productividad sostenible en cultivos clave como la uva de mesa.

En paralelo, el control de plagas también se está transformando. Hoy, la tendencia apunta a usar controladores biológicos, como virus naturales que atacan exclusivamente a las orugas y otros insectos destructivos sin dañar el ecosistema. Para responder a esta necesidad por una agricultura más sostenible, la industria avanza con movimientos estratégicos. Un ejemplo es la reciente adquisición global de la empresa AgBiTech por parte de BASF, una compra que busca masificar estas herramientas orgánicas y brindar al agricultor defensas más rentables y seguras.

«La sanidad vegetal es la garantía de que el trabajo y la inversión de miles de agricultores peruanos llegue con éxito a las mesas del mundo. Ante un clima cada vez más variable, la clave para proteger la rentabilidad del campo está en integrar soluciones que potencien la resiliencia natural de la planta», afirma Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana. «Nuestro compromiso es facilitar el acceso a innovaciones que permitan producir más y mejor, asegurando que cada hectárea cultivada contribuya al crecimiento económico y a la seguridad alimentaria del país», adiciona.

El fortalecimiento de la protección de los cultivos es, en última instancia, un motor de desarrollo. De acuerdo con la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (IPPC), la sanidad vegetal ayuda a reducir la pobreza y fomenta el desarrollo económico, especialmente en países como el Perú, donde la agricultura es una de las principales fuentes de empleo e ingresos.