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Especialistas europeos advierten: el próximo gobierno deberá reconstruir la confianza y gobernar para un país dividido

Moisés Ruiz, de la Universidad Europea, sostiene que la recuperación económica, la lucha contra la desinformación y el fortalecimiento institucional serán determinantes para superar la fragmentación política en el Perú.

Tras las elecciones generales, Perú enfrenta un escenario marcado por el desafío de recuperar la confianza ciudadana, fortalecer las instituciones democráticas y generar consensos en una sociedad cada vez más polarizada. Así lo advierte Moisés Ruiz, profesor de Comunicación y Liderazgo Político de la Universidad Europea, quien considera que el fenómeno que atraviesa el país responde a una crisis de legitimidad más profunda que una simple confrontación ideológica.

«La polarización que vive Perú refleja una crisis de legitimidad y representación más profunda que una simple diferencia de opiniones. La creciente dificultad para construir consensos está erosionando la confianza ciudadana en las instituciones democráticas. Los peruanos desconfían de los partidos políticos, del Congreso y, en muchos casos, del propio Estado», explica Moisés Ruiz, catedrático de la Universidad Europea.

Para el académico, el próximo presidente tendrá la responsabilidad de gobernar para la mayoría sin profundizar las divisiones que han caracterizado la vida política peruana en los últimos años.

«Perú necesita gobiernos estables, creíbles y respetados. Gobiernos que diseñen políticas para la mayoría de la población, pero sin gobernar contra quienes no los apoyaron. También necesita líderes éticos, responsables y capaces de generar confianza en momentos de incertidumbre», afirma.

Según el especialista, detrás de muchos de los comportamientos electorales recientes existe un creciente sentimiento de frustración frente a la política tradicional.

«El miedo al cambio y el desencanto con los partidos tradicionales han alimentado la fragmentación política. Muchos ciudadanos sienten que sus preocupaciones no están siendo atendidas y que la política no ofrece respuestas concretas a sus problemas cotidianos. La sociedad reclama líderes auténticos, cercanos y capaces de gestionar la incertidumbre», señala.

Ruiz considera que la recuperación económica será uno de los principales factores para estabilizar el clima político y social del país.

«Perú necesita recuperar niveles sólidos de crecimiento económico que permitan generar tranquilidad y expectativas positivas. Sin crecimiento, será mucho más difícil reducir la tensión social y reconstruir la confianza en las instituciones», agrega.

El profesor también alerta sobre otro desafío que marcará el futuro de la democracia peruana: la desinformación.

«La desinformación es uno de los mayores peligros que enfrenta hoy la democracia, junto con la corrupción. Para combatirla es fundamental consultar fuentes diversas, contrastar información y acudir, siempre que sea posible, a documentos oficiales, programas electorales, debates completos y fuentes verificables. La ciudadanía necesita desarrollar una mirada crítica frente a los contenidos que circulan de manera viral», explica.

En materia institucional, Ruiz considera que el retorno a la bicameralidad puede contribuir a mejorar la calidad del proceso legislativo, aunque advierte que no constituye una solución automática.

«La bicameralidad introduce una segunda instancia de revisión que puede ayudar a detectar errores técnicos, inconsistencias o efectos no previstos en las leyes. Favorece un debate más amplio y especializado. Sin embargo, su éxito dependerá de la calidad de las instituciones y de los incentivos políticos que existan en ambas cámaras», sostiene.

Finalmente, el especialista señala que los desafíos del próximo gobierno trascienden la coyuntura electoral y exigen una visión de largo plazo.

«El Perú del presente y del futuro debe enfrentar retos fundamentales como reducir las brechas entre zonas urbanas y rurales, mejorar la calidad de la educación y la sanidad pública, fortalecer la transparencia y construir acuerdos mínimos sobre temas de interés nacional. El liderazgo que demanda la ciudadanía deberá estar basado en la honestidad, la credibilidad y la capacidad de generar confianza», concluye Moisés Ruiz.

De las “15-minute cities” a las comunidades de proximidad: la tendencia que está redefiniendo la forma de vivir

Grupo E2 analiza cómo la búsqueda de bienestar, cercanía y calidad del tiempo impulsa nuevos modelos residenciales alineados con una transformación urbana que gana espacio en distintas regiones del mundo.

Durante décadas, las ciudades crecieron bajo una lógica que separó los distintos aspectos de la vida cotidiana. Trabajar, estudiar, hacer deporte, acceder a servicios o disfrutar del tiempo libre implicaba largos desplazamientos y una fuerte dependencia del transporte. En los últimos años comenzó a consolidarse una tendencia internacional que propone un enfoque diferente: acercar las principales actividades de las personas a su lugar de residencia.

La idea de la «ciudad de 15 minutos» parte de una premisa sencilla: que una persona pueda acceder a la mayoría de sus necesidades cotidianas en 15 minutos o menos, caminando o en bicicleta desde su hogar. Desarrollada por el urbanista Carlos Moreno, esta visión viene siendo adoptada por ciudades como París, Melbourne, Shanghái y Portland. La propuesta ganó relevancia global a partir de la pandemia, cuando millones de personas comenzaron a replantearse la forma en que utilizan su tiempo y se relacionan con sus entornos.

Aunque el modelo surgió principalmente para grandes centros urbanos, su influencia trascendió las ciudades tradicionales y comenzó a impactar también en el desarrollo de nuevas comunidades residenciales. En distintos mercados del mundo, desde Estados Unidos hasta Europa y América Latina, crece la demanda por entornos que integren vivienda, naturaleza, deporte, educación, gastronomía y espacios de encuentro dentro de un mismo ecosistema. Las preferencias de los compradores evolucionan hacia propuestas que permitan resolver gran parte de las actividades cotidianas cerca del hogar.

«Durante muchos años las decisiones estuvieron centradas en la ubicación y los metros cuadrados. Hoy observamos una valoración creciente del tiempo, del bienestar y de la posibilidad de acceder a experiencias cotidianas sin necesidad de grandes desplazamientos. La cercanía se está convirtiendo en uno de los principales atributos buscados por las familias», señala Adrián Saraco, CEO de Grupo E2.

De acuerdo con el ejecutivo, factores como la consolidación del trabajo híbrido, la búsqueda de una mejor calidad de vida y la creciente importancia del deporte y las actividades recreativas están impulsando una nueva generación de comunidades residenciales que trascienden el concepto tradicional de vivienda.

En ese contexto, comienzan a ganar protagonismo comunidades que integran espacios verdes, infraestructura deportiva, propuestas gastronómicas, actividades náuticas, instituciones educativas y servicios, permitiendo a sus habitantes desarrollar gran parte de su vida cotidiana dentro de un mismo entorno. Para Saraco, el fenómeno responde a una evolución más profunda en la manera en que las personas definen sus prioridades.

«Las familias ya no analizan únicamente una propiedad. Evalúan cómo será su día a día, cuánto tiempo dedicarán a trasladarse, qué actividades tendrán disponibles para cada integrante del hogar y qué tipo de comunidad encontrarán en ese lugar. La calidad de vida pasó a ser un factor central en la decisión», afirma.

Todo indica que esta tendencia continuará consolidándose durante los próximos años, acompañando una transformación que pone el foco en el bienestar, las experiencias y la construcción de comunidades cada vez más integradas.

«Lo que observamos es una evolución desde desarrollos centrados únicamente en la vivienda hacia comunidades donde la calidad de vida, la cercanía y la experiencia cotidiana ocupan un lugar cada vez más importante. Esa transformación es la que está redefiniendo gran parte de las decisiones residenciales actuales», concluye Saraco.

CIP pide decisiones técnicas frente al avance del Reinfo

Durante CONAMIN 2026, decano nacional del CIP anunció presentación de propuestas sobre minería ilegal a nuevas autoridades del Poder Ejecutivo.

El decano nacional del Colegio de Ingenieros del Perú, Jaime Ruiz Béjar, durante la ceremonia protocolar del XVI Congreso Nacional de Minería – CONAMIN 2026, advirtió que la actividad minera en el país enfrenta riesgos cada vez más graves por el avance de la minería ilegal, el crecimiento desordenado de la pequeña minería y decisiones normativas que, según sostuvo, no siempre se adoptan bajo criterios técnicos.

Desde Trujillo, el representante del CIP cuestionó la ampliación del Reinfo y alertó sobre los efectos ambientales y sociales de la extracción ilegal en regiones como Madre de Dios y Pataz, al tiempo de expresar la preocupación institucional frente a los desafíos que enfrenta la actividad minera en el país.

Ante las autoridades y representantes del sector, Ruiz Béjar recordó que diversos capítulos profesionales del Colegio de Ingenieros, entre ellos los de ingeniería ambiental, minería y metalurgia, se pronunciaron en contra de la ampliación por un año del Registro Integral de Formalización Minera, conocido como Reinfo. “Hicimos llegar nuestra posición al Ejecutivo; sin embargo, muchas veces las decisiones se adoptan bajo criterios que no son los más adecuados”, añadió.

También alertó sobre la limitada capacidad del Estado para enfrentar la minería ilegal en zonas críticas como en Madre de Dios, donde estudios identificaron la presencia de metales pesados asociados a la extracción ilegal de oro en peces que luego son consumidos por la población.

El representante del CIP indicó que la pequeña minería ha tenido un crecimiento exponencial y que, en algunos casos, corre el riesgo de derivar en actividades ilegales si no se adoptan soluciones oportunas.

En la ceremonia estuvieron presentes el ministro de Energía y Minas, Waldir Ayasta Mechán; el decano del CIP Lima, Edwin Chavarri Carahuatay; el decano del CIP La Libertad, Enrique Luján Silva; y el presidente de la Junta Directiva del Capítulo de Ingeniería de Minas del CIP, Jorge Soto.

Finalmente, Ruiz Béjar anunció que las propuestas recogidas durante el congreso, incluyendo las experiencias y problemáticas de regiones mineras como Pasco, serán enviadas por el CIP como una contribución técnica a las nuevas autoridades del Poder Ejecutivo.

EXPODECO 2026 convertirá a Lima en el punto de encuentro del diseño y la arquitectura en Latinoamérica

La feria más grande de arquitectura, diseño e interiorismo del país se realizará del 9 al 13 de septiembre en el Centro de Convenciones E. Wong.

Tras congregar a más de 34 mil visitantes en su última edición, EXPODECO volverá del 9 al 13 de septiembre al Centro de Convenciones E. Wong, con una propuesta renovada que busca consolidar su posición como el principal punto de encuentro para arquitectos, diseñadores, desarrolladores inmobiliarios, proveedores, empresas y profesionales vinculados al diseño, la construcción y el equipamiento de espacios.

En esta décimo tercera edición, la feria reunirá más de 250 marcas expositoras en cerca de 16 mil metros cuadrados destinados a exhibición y servicios. Además, contará con 14 salones temáticos desarrollados por destacados arquitectos e interioristas, quienes presentarán propuestas inspiradas en tendencias globales, sostenibilidad, tecnología, bienestar y las nuevas formas de habitar que vienen transformando los espacios contemporáneos.

La edición de este año integra diversas disciplinas en la creación de espacios inmersivos, donde la arquitectura, el interiorismo y el arte se combinan para ofrecer nuevas formas de experimentar los ambientes. “Buscamos que el visitante no solo observe los espacios, sino que los viva y los recorra desde una experiencia más sensorial e integrada”, señaló Luis Liendo, director de EXPODECO.

Una de las principales novedades de este año será la incorporación de los salones binacionales Perú–México y Perú–Colombia. La participación de ambos países como invitados especiales permitirá promover el intercambio creativo y profesional entre empresas, especialistas y referentes del diseño latinoamericano, fortaleciendo el posicionamiento internacional de la feria.

La programación incluirá además conferencias magistrales, charlas empresariales, presentaciones de tendencias y espacios académicos. A ello se sumará la Sala de Negocios, un espacio diseñado para facilitar contactos estratégicos, generar alianzas y abrir nuevas oportunidades para profesionales y empresas del sector.

“Queremos que EXPODECO siga evolucionando como una plataforma que conecta talento, conocimiento y oportunidades de negocio. La participación de México y Colombia nos permitirá ampliar la conversación sobre diseño desde una perspectiva regional y seguir fortaleciendo los vínculos entre profesionales y mercados de Latinoamérica”, comenta Liendo.

Con una propuesta que integra exhibición comercial, intercambio de conocimiento y networking profesional, EXPODECO 2026 espera reunir nuevamente a miles de visitantes y consolidarse como el escenario donde convergen las principales tendencias, innovaciones y oportunidades para la industria del diseño, la arquitectura y el interiorismo en el Perú.

Ecología de la comunicación: el paisaje sonoro que las organizaciones todavía no están escuchando

Por Lic. Claudia Armesto, Comunicóloga. Mentora digital. CEO de Empatía Comunicación. Especialista en comunicación organizacional, liderazgo empático y sostenibilidad.

En las organizaciones se habla mucho de comunicación. Se habla de impacto, de campañas, de mensajes, de canales, de contenidos, de vocerías y de medición. Se planifica qué decir, cuándo decirlo, por dónde decirlo y cómo evaluar su alcance.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos en una pregunta anterior, más incómoda y quizás más estratégica: ¿qué ambiente comunicacional estamos generando?

O, incluso más: ¿qué ambiente estamos escuchando, evitando o negando?

Porque una organización no solo comunica mensajes. También produce un clima, un tono, una frecuencia, una textura vincular, una manera de estar con otros. Produce un estado relacional.

Así como los espacios físicos pueden ser más o menos habitables, los entornos comunicacionales también pueden serlo.

Pueden ser claros o confusos.
Pueden generar confianza o distancia.
Pueden abrir conversaciones o bloquearlas.
Pueden cuidar a las personas o saturarlas.
Pueden construir sentido o producir ruido.

En tiempos de hiperconectividad, fragmentación, inteligencia artificial, automatización y sobreinformación, esta pregunta se vuelve clave para el management: ¿qué ambiente estamos creando con nuestra comunicación dentro de las organizaciones?

La respuesta no está únicamente en los mensajes formales ni en el discurso institucional. Está también en aquello que circula todos los días: los silencios, las repeticiones, las urgencias, el retrabajo, los gestos, las reuniones, los correos, los tonos de liderazgo, las conversaciones informales y las señales que las personas aprenden a interpretar dentro de una cultura organizacional.

Hace un tiempo, la mirada de R. Murray Schafer me abrió una puerta conceptual y reflexiva muy importante. Schafer propuso una forma transformadora de pensar el sonido a través del concepto de paisaje sonoro: el entorno acústico que habitamos, con sus sonidos de fondo, sus señales, sus marcas distintivas y también sus ruidos.

Retomo esa inspiración, junto con la idea de una ecología de la comunicación, desde una mirada organizacional: no para hablar solo de medios o tecnologías, sino para pensar qué ambientes simbólicos, emocionales y vinculares producimos con nuestras formas de comunicar.

Expongo esta idea porque ofrece una metáfora muy didáctica para pensar las organizaciones.

Toda organización tiene una sonoridad propia. Y esa sonoridad también construye un paisaje comunicacional.

Ese paisaje no está compuesto solo por lo que se dice oficialmente. También está formado por lo que se evita, por lo que se repite sin revisión, por lo que se naturaliza, por lo que interrumpe, por lo que incomoda, por lo que ya nadie escucha y por lo que todavía no encuentra palabras.

Escuchar el paisaje comunicacional y sonoro de una organización implica mirar más allá del mensaje. Implica comprender el sistema de relaciones donde ese mensaje circula.

¿Qué se escucha en una reunión antes de que empiece formalmente?
¿Qué tono predomina cuando se habla de cambio?
¿Qué silencios aparecen cuando se menciona un conflicto?
¿Qué mensajes se repiten tanto que ya perdieron sentido?
¿Qué señales reciben los equipos cuando las decisiones no coinciden con los discursos?
¿Qué rituales comunican pertenencia?
¿Qué formas de hablar generan confianza y cuáles producen distancia?

Estas no son preguntas accesorias. Son preguntas de gestión.

Porque la comunicación no vive únicamente en las piezas comunicacionales o en los canales. Vive en la experiencia cotidiana de las personas.

En las organizaciones que acompaño, veo cada vez más velocidad y menos posibilidad de encuentro genuino. Muchas formas de comunicación presencial fueron reemplazadas por reuniones virtuales que, aunque necesarias, también generan nuevos ruidos.

La tecnología nos conecta, pero también puede interrumpir la escucha: una conexión inestable, una cámara apagada, un audio que se corta, una atención fragmentada entre varias pantallas. Sin embargo, el problema no es solamente técnico. En lo más profundo, lo que está en juego es la calidad del encuentro.

Estar conectados no significa estar presentes. Y estar presentes no siempre significa estar disponibles para escuchar.

Muchas organizaciones me cuentan que, en reuniones virtuales numerosas, varias personas deshabilitan la cámara. Entonces no sabemos si realmente están escuchando, si están haciendo otra cosa, si comprendieron, si están de acuerdo, si tienen dudas o si simplemente están ahí, conectadas pero ausentes.

La tecnología nos permitió sostener conversaciones, equipos y proyectos. Pero también introdujo nuevos ruidos: multitarea, fatiga, pérdida de feedback real y una atención cada vez más fragmentada.

Quizás por eso el gran desafío no sea abandonar la tecnología, sino recuperar espacios donde la escucha no esté completamente mediada por ella.

Talleres, encuentros presenciales, conversaciones más pausadas, momentos de intercambio donde sea posible leer gestos, silencios, climas y tonos. Puede sonar antiguo, pero muchas organizaciones necesitan volver a encontrarse fuera de la matrix de la velocidad, de los objetivos y de la respuesta inmediata.

La escucha genuina es profundamente estratégica. Cuando se pierde, la organización puede seguir funcionando, respondiendo y produciendo, pero empieza a debilitar su capacidad de interacción, de intercambio y de sentido.

Cuando una organización comunica sin escuchar su propio paisaje, aumenta el ruido. Puede producir más contenidos, más comunicados, más reuniones, más acciones y más presencia en canales. Pero eso no necesariamente construye más sentido.

Y ahí está una de las claves: ocupar todos los canales y aun así no construir confianza es un problema de gestión.

El ruido organizacional no siempre es volumen. A veces es un exceso de mensajes sin dirección. A veces es la incoherencia entre discurso y acción. A veces es una urgencia permanente que no deja espacio para comprender. A veces es un lenguaje técnico, automático o desconectado de la experiencia real de las personas.

También veo mucho retrabajo en las organizaciones por falta de comunicación. No siempre se trata de falta de capacidad o de compromiso. Muchas veces se trata de supuestos no conversados: alguien cree que el otro entendió, alguien interpreta desde una percepción diferente, alguien avanza sobre una idea que nunca fue del todo clara.

Así se empieza a producir ruido. Primero parece una diferencia menor; después se convierte en malestar, desgaste, reprocesos y síntomas que nadie detecta a tiempo. En una ecología de la comunicación, escuchar también implica revisar qué supuestos están organizando nuestras decisiones cotidianas.

Frente a esto, necesitamos empezar a hablar de una ecología de la comunicación.

Así como la ecología nos invita a cuidar los entornos que habitamos, una ecología de la comunicación nos invita a cuidar los entornos simbólicos, emocionales y vinculares que producimos con nuestras palabras, silencios y canales.

No se trata solo de comunicar más.
Se trata de comunicar con conciencia.

No se trata solo de tener presencia.
Se trata de construir presencia significativa.

No se trata solo de emitir mensajes.
Se trata de generar condiciones para que esos mensajes puedan ser escuchados, comprendidos y apropiados.

Una ecología de la comunicación supone reducir el ruido, cuidar los tiempos, revisar los canales, escuchar los climas, reconocer los silencios, prestar atención a los tonos y alinear los discursos con las prácticas.

También supone aceptar algo fundamental: cada mensaje tiene un impacto.

Las palabras no son neutras. Pueden ordenar o confundir. Pueden inspirar o saturar. Pueden abrir una conversación o cerrarla. Pueden construir comunidad o profundizar la fragmentación.

Por eso, la escucha deja de ser una habilidad individual para convertirse en una capacidad organizacional.

Una organización que escucha su paisaje comunicacional puede detectar antes sus tensiones y contradicciones. Puede revisar sus narrativas. Puede comprender mejor a sus comunidades —prefiero hablar de comunidades y no de audiencias, porque necesitamos devolver humanidad a las personas— y construir vínculos más coherentes.

En este contexto, necesitamos cada vez más líderes que no se contaminen de ruido y que puedan convertirse en habilitadores de escucha.

Liderar no debería ser amplificar la urgencia ni reproducir la saturación. Debería ser también crear condiciones para que las conversaciones importantes puedan suceder.

Un líder que cuida la ecología de la comunicación distingue lo urgente de lo relevante, ordena el intercambio, habilita pausas, reconoce señales y evita que la organización quede atrapada en la repetición automática de mensajes, objetivos y respuestas.

En entornos ruidosos, la escucha también necesita ser facilitada.

En management, esta mirada puede ser decisiva.

Muchas crisis no comienzan cuando el problema se vuelve visible. Empiezan mucho antes: cuando las señales estaban ahí, pero nadie las escuchó. Cuando fueron naturalizadas, negadas o minimizadas. Cuando los silencios se acumularon. Cuando el ruido tapó el sentido. Cuando la cultura decía algo distinto de lo que afirmaba el discurso institucional.

Escuchar el paisaje sonoro de una organización es, entonces, una forma de gestión anticipada.

Es leer el ambiente antes de que se vuelva conflicto.
Es reconocer qué está vibrando en la cultura antes de que se convierta en síntoma.

El próximo 18 de julio se celebra el Día Mundial de la Escucha, una fecha inspirada en el legado de R. Murray Schafer. Para quienes trabajamos en comunicación, cultura y liderazgo, puede ser una oportunidad para ampliar la conversación. No para preguntarnos únicamente cuánto comunicamos, sino qué calidad tienen los entornos comunicacionales que estamos construyendo.

Sigo sosteniendo que la ecología de la comunicación puede ser una puerta de entrada a una sociedad más humana y menos sobreestimulada tecnológicamente.

No se trata de rechazar la tecnología. Al contrario: la tecnología nos ayuda a automatizar tareas, reducir repeticiones y ganar tiempo para pensar estratégicamente. Pero justamente por eso necesitamos preguntarnos cómo la estamos integrando en nuestras formas de vincularnos, liderar y trabajar en equipo.

La eficiencia no debería avanzar a costa de la presencia.
La automatización no debería reemplazar la calidad del encuentro humano.

Quizás el desafío actual no sea sumar más mensajes al ruido, sino diseñar culturas donde la comunicación pueda respirar.

Culturas donde haya claridad, coherencia y cuidado.
Culturas donde los silencios también sean leídos.
Culturas donde las señales sean atendidas antes de convertirse en crisis.
Culturas donde el propósito no sea un discurso, sino una práctica perceptible.
Culturas donde el error pueda ser celebrado como aprendizaje y no castigado como amenaza.

Una ecología de la comunicación no es una receta. Es una forma de mirar y también una forma de actuar. Es una invitación a entender que toda organización tiene una sonoridad propia: una manera de hablar, de callar, de responder, de esperar, de reconocer y de construir sentido.

La pregunta para el management ya no es solamente qué vamos a comunicar.

La pregunta es más profunda:

¿Qué se escucha hoy en nuestra organización?

Y, sobre todo:

¿Qué ambiente estamos creando para que algo verdaderamente importante pueda ser escuchado?

Porque tal vez la velocidad con la que trabajamos hoy no nos esté dejando lugar para algo esencial: el silencio que habilita la escucha.