El metal precioso acumula una caída superior al 25% desde sus máximos, presionado por un dólar más fuerte, rendimientos elevados y expectativas de una política restrictiva prolongada en Estados Unidos, mientras el soporte geopolítico pierde fuerza.
El oro atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos meses. Después de protagonizar un extraordinario rally cercano al 73% durante 2025 y alcanzar máximos históricos sobre los US$5.400 por onza a comienzos de este año, el metal precioso continúa inmerso en un profundo proceso correctivo que ya supera el 25% desde sus máximos. La presión vendedora no solo se mantiene, sino que comienza a consolidarse bajo un escenario macroeconómico que hoy juega claramente en contra de los activos refugio.
Durante la última semana el oro llegó a perforar por primera vez desde noviembre de 2025 el nivel psicológico de los US$4.000 por onza. Aunque posteriormente consiguió recuperar parte del terreno perdido y volver a situarse sobre los US$4.030, el rebote continúa siendo moderado y, por ahora, insuficiente para modificar una estructura técnica que sigue mostrando predominio vendedor.
A mi juicio, el mercado del oro ha cambiado completamente de narrativa en apenas unas semanas. Hace solo algunos meses la conversación giraba en torno a la escalada geopolítica, las compras récord de bancos centrales y nuevos máximos históricos. Hoy el foco vuelve a estar donde habitualmente se define el rumbo de los mercados financieros: la política monetaria estadounidense.
Los últimos datos económicos publicados en Estados Unidos refuerzan precisamente esa visión. El PIB del primer trimestre fue revisado al alza hasta 2,1%, mientras que las solicitudes semanales de subsidio por desempleo descendieron hasta 215.000, reflejando un mercado laboral que continúa mostrando fortaleza. A ello se suma un índice PCE anual de 4,1%, marcando su primera lectura por encima del 4% desde abril de 2023.
Este conjunto de cifras mantiene viva la principal preocupación de los inversionistas: la inflación continúa lejos del objetivo de la Reserva Federal. En consecuencia, el mercado sigue descontando que el banco central mantendrá una política monetaria restrictiva durante más tiempo e incluso continúa asignando una elevada probabilidad a nuevas alzas de tasas antes de finalizar el año.
Ese escenario ha impulsado al dólar estadounidense hasta máximos de trece meses y ha elevado simultáneamente los rendimientos de los bonos del Tesoro. Para el oro, históricamente, esta combinación representa uno de los entornos más adversos posibles. Un dólar fuerte encarece el metal para los compradores internacionales, mientras que unos tipos de interés elevados aumentan el atractivo relativo de los activos que generan rentabilidad frente a un instrumento que no entrega rendimiento por sí mismo.
La disminución parcial de las tensiones geopolíticas también ha contribuido a restar apoyo al metal. Aunque las negociaciones entre Estados Unidos e Irán siguen mostrando episodios de incertidumbre, la recuperación gradual del tránsito por el Estrecho de Ormuz y la caída sostenida del petróleo han reducido parte de la demanda por activos considerados refugio. Sin embargo, hoy ese factor parece tener un peso considerablemente menor que las expectativas sobre la Reserva Federal.
Desde una perspectiva técnica, el hecho de haber recuperado momentáneamente los US$4.000 evita un deterioro mayor en el muy corto plazo, pero todavía no modifica el sesgo predominante. Si la fortaleza del dólar continúa y los próximos datos económicos mantienen el mismo tono, no descartaría nuevas aproximaciones hacia la zona de US$3.900 e incluso niveles cercanos a US$3.800 por onza, donde comienzan a aparecer soportes de mayor relevancia.
El escenario alternativo también existe. Un deterioro inesperado de la economía estadounidense, una moderación más rápida de la inflación o un recrudecimiento importante de las tensiones geopolíticas podrían devolver parte del interés por el metal precioso. Bajo ese contexto, una recuperación hacia las zonas de US$4.150 y posteriormente US$4.300 volvería a situarse sobre la mesa.
Por ahora, sin embargo, el equilibrio continúa favoreciendo las correcciones. El extraordinario rally vivido durante 2025 dejó valoraciones muy exigentes y el mercado parece decidido a seguir ajustándolas mientras la Reserva Federal no entregue señales concretas de un cambio en su política monetaria.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group




