El oro spot llegó a retroceder hacia los 4.480 dólares por onza, mientras los futuros también profundizaron pérdidas, en un movimiento que sorprendió a parte del mercado considerando el contexto de tensión internacional.
La explicación está principalmente en el fuerte avance de los rendimientos de los bonos soberanos y en las renovadas expectativas de tasas elevadas por más tiempo en Estados Unidos. El mercado comienza a asumir que el alza del petróleo, todavía por encima de los 100 dólares por barril, podría seguir trasladándose a inflación y obligar a la Reserva Federal a mantener una postura mucho más restrictiva de lo que se esperaba hace apenas algunas semanas.
En paralelo, Wall Street sigue extremadamente sensible a cualquier titular relacionado con Irán, especialmente tras las declaraciones de Donald Trump respecto a posibles acciones militares y posteriores negociaciones diplomáticas. Esa mezcla de incertidumbre, inflación y dólar fuerte ha generado una liquidación agresiva en metales preciosos, donde incluso la plata llegó a desplomarse más de 10% en jornadas recientes.
En mi opinión, el mercado del oro está entrando en una etapa donde deja temporalmente de comportarse como refugio tradicional y pasa a reaccionar mucho más a las expectativas de tasas e inflación. Mientras el petróleo continúe elevado y los bonos mantengan rendimientos altos, el metal seguirá enfrentando presión bajista.
Bajo este escenario, no descartaría nuevas correcciones hacia zonas de 4.400 dólares por onza si la Reserva Federal endurece aún más su discurso o si los rendimientos estadounidenses continúan escalando. Sin embargo, cualquier escalada militar inesperada en Medio Oriente o un deterioro brusco en los mercados bursátiles podría devolver rápidamente el apetito por refugio, impulsando nuevamente al oro hacia rangos de 4.600 a 4.800 dólares por onza.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group





