Especialistas coincidieron en que las organizaciones que posterguen la adopción de la inteligencia artificial (IA) podrían perder terreno frente a competidores que ya están utilizando esta tecnología. El reto es avanzar con datos confiables, procesos sólidos y una clara gobernanza humana. Por el momento, solo el 22% de directorios tiene una política formal de gobernanza de la IA.
La inteligencia artificial (IA) ya no es una tecnología del futuro ni una herramienta que las organizaciones puedan darse el lujo de observar desde la distancia. Por el contrario, su incorporación a la toma de decisiones, la gestión de riesgos y la anticipación de crisis plantea nuevos desafíos para los directorios y la alta gerencia, pero también importantes oportunidades para mejorar la velocidad, calidad y competitividad de las empresas.
Esta fue una de las principales conclusiones del panel “IA y tecnología como aliada en la gobernanza y gestión de crisis”, realizado en el marco del encuentro anual de la Asociación de Secretarios Corporativos de América Latina (ASCLA), que se llevó a cabo en la Torre KPMG, en San Isidro.
El panel fue moderado por Willy Guerrero, socio líder de Advisory de KPMG en Perú, y contó con la participación de Claudia Valdivia, directora independiente y directora General de Posgrado de UTEC; Flavio Corradini, VP de Business AI Platform MCLAC de SAP; e Iván Herrero Bartolomé, Chief Data Officer de Grupo Intercorp.
Uno de los principales mensajes de la conversación fue que el mayor riesgo para las organizaciones es quedarse paralizadas por el temor a utilizar la IA. “Ese miedo puede terminar jugando en contra de cualquier buena estrategia. Si una empresa decide no avanzar por temor, siempre habrá otra que tome ese riesgo de una manera distinta, la utilice, aprenda más rápido y termine ganando competitividad”, señaló Flavio Corradini.
La ecuación ganadora: datos más procesos y gobernanza
Willy Guerrero planteó una fórmula clara para que las organizaciones puedan aprovechar el potencial de la IA sin perder el control sobre sus riesgos. “Una ecuación fundamental para aprovechar el potencial de la IA es combinar datos confiables, procesos sólidos y gobernanza clara. Sin datos íntegros y confiables, y sin procesos adecuados, los resultados no serán los esperados. Además, la adopción debe estar respaldada por parámetros claros, un apetito de riesgo definido, lineamientos de uso y responsables debidamente identificados”, afirmó Guerrero, socio líder de Advisory de KPMG en Perú.
En esa línea, Claudia Valdivia puso el foco en uno de los principales vacíos que enfrentan actualmente las organizaciones: la tecnología ya está presente, pero la gobernanza todavía no ha avanzado al mismo ritmo.
Según el Board Index 2026 de Diligent, citado durante la conversación, apenas el 22% de los directorios ha adoptado una política formal de gobernanza de IA, mientras que el resto todavía discute el tema o no lo tiene claramente incorporado en su agenda. “La IA ya llegó y ya se está usando. El problema es que muchas veces no sabemos quién es el dueño humano de cada sistema, qué protocolo se activa si algo falla o quién rinde cuentas. Hay que poner responsables con nombre y apellido. La IA no es autónoma ni puede responder por una crisis: siempre tiene que existir un dueño humano”, sostuvo Valdivia.
Menos errores y un “gemelo digital” para los directores
Por su parte, Iván Herrero destacó el potencial de la IA para anticipar escenarios, poner a prueba protocolos de crisis y complementar la capacidad de análisis de los equipos y directorios. Explicó que, en determinados procesos repetitivos de complejidad baja y media, las pruebas realizadas mostraron tasas de error de entre 5% y 8% con IA, frente a aproximadamente 10% a 12% en los procesos realizados por personas, dependiendo de la muestra.
“No podemos dejar de utilizar la IA simplemente porque a veces se equivoca. Lo importante es medir cuál es realmente el nivel de error y compararlo con el proceso que ya tenemos. En algunos casos, la IA puede reducir significativamente ese margen y, además, mantener un desempeño consistente”, explicó Herrero.
Otro de los conceptos que generó mayor interés durante el panel fue el de un “director gemelo” o una suerte de contraparte digital o agente IA que acompañe a los miembros de un directorio en el análisis de información y escenarios.
Herrero planteó incluso la posibilidad futura de contar con un “director agéntico”: una herramienta de IA que no reemplace a las personas ni tome decisiones, pero que ayude a detectar puntos ciegos, identificar variables que no han sido consideradas y desafiar el análisis antes de que se adopte una decisión de alto impacto.
El panel dejó un mensaje común: la discusión ya no debería centrarse en si las organizaciones utilizarán inteligencia artificial, sino en cómo la incorporarán de manera responsable, competitiva y alineada con sus objetivos de negocio. Para ello, los especialistas coincidieron en la necesidad de combinar experimentación y velocidad con una gobernanza clara, asignar responsables humanos y clasificar los casos de uso según su nivel de riesgo e impacto. La IA puede ampliar la capacidad de análisis del Directorio, pero el juicio crítico y la responsabilidad sobre las decisiones deben permanecer siempre en las personas.




