El mercado laboral estadounidense entregó este viernes una sorpresa considerablemente superior a las expectativas. Las nóminas no agrícolas de agosto mostraron la creación de 162.000 empleos, frente a un consenso de solamente 55.000, mientras la tasa de desempleo permaneció en 4,1%, en línea con las expectativas. Los ingresos medios por hora aumentaron 0,3% mensual, acelerándose desde el 0,2% previo.
El informe adquiere todavía mayor relevancia por las revisiones de los meses anteriores. Junio fue corregido desde 20.000 hasta 31.000 empleos creados, mientras julio pasó desde una destrucción de 23.000 puestos a una creación de 21.000. En conjunto, junio y julio terminaron con 55.000 empleos adicionales respecto de las estimaciones publicadas previamente.
La composición del reporte también mostró señales positivas. Restaurantes y bares agregaron 59.000 empleos y la educación de gobiernos locales sumó 42.000. Además, la tasa de participación laboral avanzó desde 61,4% hasta 61,6%, mientras el número de personas trabajando a tiempo parcial por razones económicas disminuyó en 414.000 hasta 4,4 millones.
La reacción financiera fue inmediata. El oro cayó hasta US$4.380 por onza, borrando parte importante del avance previo al dato, mientras el Dollar Index escaló hasta 99,37. En renta variable, el Nasdaq 100 retrocedió hasta 29.530 puntos y el S&P 500 cayó hasta 7.730 puntos.
En mi opinión, la principal lectura no está solamente en los 162.000 empleos, sino en la combinación completa del reporte. Tenemos una creación de empleo prácticamente tres veces superior al consenso, desempleo estable, salarios creciendo al ritmo esperado y revisiones positivas de los dos meses anteriores. Esto reduce considerablemente el argumento de que el mercado laboral estadounidense se encuentra atravesando un deterioro acelerado.
Una economía capaz de generar empleo a este ritmo entrega a la Reserva Federal mayor margen para mantener una política restrictiva. Para Wall Street, un mercado laboral fuerte representa una señal positiva desde el punto de vista económico, pero actualmente también implica menores incentivos para flexibilizar rápidamente las condiciones monetarias.
La atención pasa ahora al IPC de agosto, que se publicará el 11 de septiembre. Si la inflación también sorprende al alza, el escenario de tasas elevadas ganaría considerablemente más fuerza; una lectura inflacionaria más moderada, en cambio, podría compensar parcialmente el impacto que dejó este reporte de empleo.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group




