El petróleo retomó las alzas este miércoles luego de una nueva escalada militar entre Estados Unidos e Irán, revirtiendo parte de la calma que había comenzado a instalarse en los mercados durante las últimas semanas. El crudo Brent, referencia internacional del mercado energético, avanzó 2% hasta los US$97,93 por barril, acercándose nuevamente a la barrera psicológica de los US$100, nivel que se ha transformado en una referencia permanente para inversionistas, gobiernos y bancos centrales desde el inicio del conflicto. El movimiento se produjo después de que ambas potencias intercambiaran nuevos ataques durante las últimas horas. Washington aseguró haber repelido ofensivas iraníes contra objetivos en Kuwait y Bahréin, mientras que Teherán afirmó haber atacado instalaciones asociadas a la Quinta Flota estadounidense. El episodio deterioró las expectativas de un eventual acuerdo diplomático y devolvió al mercado una sensación que parecía haberse moderado: el conflicto está lejos de terminar. La reacción fue inmediata. Los activos ligados a la energía retomaron impulso, mientras los inversionistas volvieron a incorporar una prima de riesgo geopolítico en los precios de las materias primas. En contraste, el oro, que tradicionalmente actúa como refugio en escenarios de incertidumbre, mostró un comportamiento más débil y cayó hasta los US$4.460 por onza, acumulando una baja diaria cercana al 0,6%.
Lo relevante para los mercados no es únicamente el repunte puntual del petróleo, sino las consecuencias económicas que podrían derivarse de una guerra prolongada. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advirtió esta semana que una extensión del conflicto podría deteriorar aún más las perspectivas de crecimiento mundial y provocar nuevas presiones inflacionarias durante los próximos años. El organismo estima que, en un escenario adverso, la inflación global podría aumentar 0,4 puntos porcentuales en 2026 y hasta 1,3 puntos porcentuales en 2027. El petróleo caro termina impactando mucho más allá de las estaciones de servicio, afectando costos de transporte, logística, producción industrial, alimentos y consumo masivo, por su parte, las empresas enfrentan mayores gastos operativos, los hogares ven reducido su poder adquisitivo y los bancos centrales encuentran más dificultades para reducir tasas de interés. Esta relación explica por qué el mercado observa con tanta atención cada novedad proveniente de Oriente Medio. De hecho, la reciente caída del oro refleja precisamente esa preocupación. Aunque el conflicto aumenta la demanda por refugio, el repunte del petróleo también fortalece las expectativas de tasas elevadas durante más tiempo en Estados Unidos, un escenario que suele perjudicar al metal precioso. Paralelamente, Wall Street continúa mostrando una resiliencia notable. El S&P 500 acumula nueve cierres consecutivos en máximos históricos, impulsado por el auge de la inteligencia artificial y el extraordinario desempeño del sector de semiconductores. Sin embargo, la fortaleza bursátil podría comenzar a enfrentar obstáculos si el encarecimiento de la energía termina trasladándose con mayor fuerza a la inflación y al crecimiento económico.
Desde mi perspectiva, el mercado está comenzando a reconocer que el escenario más optimista para el petróleo se ha debilitado considerablemente. Hace apenas unos días, buena parte de los operadores apostaba por avances concretos en las conversaciones entre Washington y Teherán. Hoy la realidad es distinta. Los ataques continúan, las posiciones siguen endureciéndose y el riesgo de nuevos episodios de escalada permanece vigente. Mientras ese contexto no cambie, resulta difícil pensar en una corrección profunda para el crudo. En el corto plazo, el Brent podría volver a buscar la zona de US$100 por barril e incluso extender sus avances hacia niveles de US$105 si continúan las tensiones militares. Por el contrario, una reapertura seria de las negociaciones podría devolver rápidamente los precios hacia la zona de US$90. La diferencia entre ambos escenarios es enorme para la economía mundial. Cada dólar adicional en el petróleo incrementa la presión sobre consumidores, empresas y autoridades monetarias. Con esto, podemos concluir que la guerra ya no es únicamente un problema geopolítico, sino que está comenzando a transformarse nuevamente en un problema económico; si la escalada continúa durante los próximos meses, el petróleo podría dejar de ser solamente una materia prima para convertirse, una vez más, en el principal factor de riesgo para la inflación global.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group





