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El nuevo escenario económico obliga a las empresas peruanas a fortalecer sus cadenas de abastecimiento

Una parada operativa no prevista puede representar entre el 3% y el 8% de la facturación anual de una compañía industrial en cuestión de días. Según Suplos, las compañías que monitorean variables energéticas, logísticas y financieras pueden anticiparse entre dos y cuatro semanas a posibles problemas de abastecimiento.

El inicio de una nueva etapa política y económica en Perú está llevando a las empresas a replantear la forma en que gestionan sus cadenas de suministro. Mientras las organizaciones se preparan para operar bajo las nuevas condiciones que marcará el próximo gobierno, fortalecer la resiliencia del abastecimiento se ha convertido en una prioridad estratégica. La dependencia de un único proveedor, una sola fuente energética o una ruta logística crítica sigue representando una vulnerabilidad para múltiples sectores.

De acuerdo con Suplos, plataforma tecnológica especializada en abastecimiento estratégico y gestión de compras corporativas, los acontecimientos recientes demostraron que muchas organizaciones siguen operando con esquemas diseñados para entornos estables, pese a que hoy enfrentan escenarios cada vez más cambiantes. “La crisis de marzo mostró que numerosas compañías contaban con protocolos que nunca habían sido puestos a prueba. Cuando se presentó la contingencia, descubrieron que carecían de alternativas para mantener sus operaciones activas”, afirma Oskar Sarquis, CEO de Suplos.

Las consecuencias pueden ser significativas. Una interrupción no planificada en manufactura puede representar entre el 3% y el 8% de la facturación anual en apenas unos días. En sectores como retail y alimentos, tres jornadas sin abastecimiento pueden absorber la utilidad de todo un mes.

A este panorama se suma el inicio de una nueva administración gubernamental, que abre una etapa de ajustes y expectativas frente a posibles cambios en materia regulatoria, energética y comercial. En este contexto, muchas organizaciones revisan sus estrategias de inversión, abastecimiento y gestión del capital de trabajo mientras evalúan el impacto de las nuevas políticas. “Cuando existen dudas sobre cambios regulatorios, costos energéticos o condiciones de importación, muchas organizaciones reaccionan acumulando inventario o reduciendo compras para proteger liquidez. Ninguna de las dos decisiones es necesariamente correcta si no está respaldada por información y análisis”, explica Sarquis.

Los sectores con mayor exposición son alimentos y bebidas, construcción e infraestructura, minería mediana y pequeña, comercio importador y salud privada. Aunque enfrentan desafíos distintos, comparten una característica común en elevada dependencia de recursos, proveedores o corredores logísticos difíciles de reemplazar en el corto plazo.

Frente a este escenario, las organizaciones más preparadas están fortaleciendo tres capacidades clave: monitoreo permanente del entorno, diversificación de proveedores y mayor visibilidad sobre sus procesos de abastecimiento.

Entre las señales que deberían seguir de manera continua se encuentran los precios de la energía, la disponibilidad de combustibles, los tiempos de transporte, los costos logísticos, el comportamiento del tipo de cambio, los anuncios regulatorios y la situación financiera de proveedores estratégicos.

“Las compañías que observan estas variables de manera sistemática suelen detectar amenazas con dos a cuatro semanas de anticipación frente al resto del mercado. Esa diferencia puede definir si una organización mantiene sus operaciones o enfrenta una interrupción significativa”, agrega Sarquis.

La tecnología también se ha convertido en un aliado importante para fortalecer la capacidad de respuesta. Herramientas de analítica, automatización e inteligencia artificial permiten identificar dependencias críticas, generar alertas tempranas y mejorar la trazabilidad de la cadena de suministro.

Sin embargo, desde Suplos advierten que la tecnología no sustituye la preparación. “Automatizar procesos deficientes no resuelve el problema. La prioridad debe ser diseñar procedimientos sólidos y luego apoyarse en herramientas que permitan ejecutarlos con mayor rapidez y precisión”, concluye Sarquis.

Ante un entorno marcado por desafíos energéticos, económicos y políticos, los expertos recomiendan a los líderes empresariales identificar sus puntos únicos de falla, fortalecer las relaciones con proveedores estratégicos y realizar simulacros periódicos para validar su capacidad real de respuesta.

En un entorno donde las condiciones económicas, energéticas y regulatorias seguirán evolucionando durante los próximos meses, la principal lección para las empresas peruanas es clara: la resiliencia operativa ya no depende únicamente de reducir costos, sino de desarrollar la capacidad de anticiparse, adaptarse y responder con agilidad antes de que una interrupción afecte el negocio.