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miércoles, abril 29, 2026
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Discursos incendiarios: Cuando la política quema puentes

Por Haycker Colina, Politólogo y Estratega Político

A través de la historia, el liderazgo político ha oscilado entre dos grandes modelos de discurso: El de la unión y la paz, y el incendiario… Quien llega primero suele apropiarse de uno, y rara vez lo suelta. No es que los líderes utilicen exclusivamente uno u otro en momentos puntuales, lo van mutando, adaptando pero siempre manteniendo la esencia.

El discurso incendiario no es, necesariamente, el más popular. Sin embargo, es ampliamente utilizado. Se aferra a una supuesta defensa de la “libertad” o “democracia” que nunca termina de materializarse, en la práctica, repite viejos modelos: Neoliberales, racistas, e insultantes. Y lo paradójico es que muchas veces termina hiriendo a los mismos que lo repiten, sin importar el tinte político.

Dos caras de la misma moneda

Si analizamos a la derecha y a la izquierda en ciertos momentos de la historia, veremos que sus discursos incendiarios terminan uniéndose en un punto: La simplificación del adversario se construye un enemigo absoluto, ¡No hay matices! ¡No hay diálogo! Solo hay trinchera…

¡El discurso incendiario vende! ¡Moviliza!¡Indigna!… Genera titulares y clips de 15 segundos, pero también polariza, fragmenta y erosiona la confianza. ¡Promete libertad! pero entrega cadenas emocionales, promete democracia, pero reduce el debate a consignas.

¿El costo de incendiar?

El problema no es la pasión… La política necesita pasión, el problema es cuando esa pasión se convierte en combustible para quemar puentes. Cuando se sustituye el argumento por el insulto, la propuesta por la descalificación, el proyecto por la conspiración. Hoy vemos candidatos que entienden que la bilis da likes, pero no da votos suficientes para gobernar.

La estrategia no puede ser solo prender fuego. Hay que saber construir sobre las cenizas.

¿Y entonces?

El discurso de la unión y la paz no es ingenuidad. Es estrategia de largo plazo. Es entender que después de ganar una elección, hay que gobernar para todos. Incluso para los que ayer fueron blanco del discurso incendiario.

La pregunta para los líderes actuales es simple: ¿Quieren incendiar la casa para quedarse con el terreno, o quieren construir un país donde todos quepan? Porque con bilis no se ganan elecciones. Se ganan con estrategia, con mensaje y con la capacidad de mirar más allá del aplauso inmediato.