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miércoles, julio 22, 2026
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¿Cómo gobernar la IA y mejorar la ciberseguridad?

Por Leonardo González, Director Regional para América Latina de Ivanti

El FBI lleva años repitiendo el mismo mensaje: si su organización es víctima de un ataque de ransomware, no pague. La lógica es clara, pagar financia a los atacantes, no garantiza la recuperación de los datos y convierte a la empresa en un objetivo recurrente. Sin embargo, según el State of Cybersecurity 2026 de Ivanti, basado en una encuesta a más de 1.200 profesionales de seguridad, el 54% de las organizaciones dice que pagaría si fuera atacada hoy.

Las empresas que pagarían un rescate de ransomware no lo hacen por ignorancia ni por falta de presupuesto. Lo harían porque en el momento del ataque, pagar sería la única decisión para la que estarían preparados. Esto ocurre mientras el 83% de las organizaciones reporta que sus presupuestos de seguridad aumentaron. Más inversión, mayor desprotección. Esta misma situación pasará con la IA si no se construyen los controles ahora.

Para cambiar ese patrón no se requiere de más inversión. El problema de fondo es estructural. La región experimenta ataques que paralizan operaciones completas debido a empresas con infraestructuras fragmentadas, equipos de seguridad reducidos y, en muchos casos, una visión que todavía trata a la ciberseguridad como costo y no como capacidad crítica del negocio.

Estas mismas empresas que no construyeron resiliencia frente al ransomware ahora se preparan para desplegar IA agente, sistemas autónomos capaces de tomar decisiones sin supervisión humana. Y lo hacen con la misma urgencia y falta de preparación estructural, elevando el impacto potencial de un error.

Por eso, el desafío ya no es únicamente adoptar inteligencia artificial, sino saber gobernarla. Gobernar la IA no consiste únicamente en reducir riesgos de seguridad. Implica definir responsabilidades, establecer mecanismos de supervisión humana y garantizar que los sistemas operen de manera transparente y alineados con los objetivos del negocio. Decidir quién responde cuando la IA falla y cómo se gestionan decisiones híbridas entre humanos y sistemas autónomos.

Esta preparación debe convertirse en un hábito operativo. Tener marcos de gobernanza que se apliquen, no que se archiven. Simular incidentes antes de que ocurran. Formar a los equipos en riesgos específicos y para que decidan bajo presión, no en advertencias genéricas sino sobre riesgos reales.

La creciente presión regulatoria en distintos mercados comienzan a exigir mayor trazabilidad, control y responsabilidad en el uso de inteligencia artificial. Las organizaciones que más avancen serán las que combinen innovación con gobernanza. Definan responsabilidades, establezcan métricas de éxito antes de desplegar nuevos sistemas e incorporen mecanismos de supervisión desde el primer día.

En los países de América Latina como el Perú, esa transformación tiene una urgencia particular. Las organizaciones que adopten la IA con un marco sólido de gobernanza podrán capturar su valor de forma sostenible, escalar su uso con confianza y reducir riesgos operativos. Las que continúen implementándola sin controles adecuados quedarán expuestas a problemas de seguridad, cumplimiento, reputación y decisiones automatizadas que difícilmente podrán supervisar o corregir.

En la práctica, gobernar la IA empieza con acciones concretas como inventariar los sistemas de IA en uso, asignar ownership claro entre tecnología, seguridad y negocio, y establecer controles de acceso, monitoreo y auditoría desde el inicio. No se trata de quién adoptará la IA primero, sino quién será capaz de gobernarla mejor.