Max Schwarz, Profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas – Universidad de Lima

Los fondos privados de pensiones (conocidos como AFPs) se crearon en el Perú hacia 1993 a partir de la experiencia chilena que opera desde 1981 en un sistema cuyo desempeño es hoy fuertemente cuestionado y sometido al escrutinio público por la manera como han perdido valor a través del tiempo y las bajas rentabilidades agregadas ofrecidas las cuales no se comparan con los rendimientos de mercado en condiciones de inversión similares estimándose que las pérdidas acumuladas de las AFPs peruanas alcanzan ya los $18K MM desde su creación. Esta cifra parece escalofriantemente alta sin embargo no se compara a la perdida casi total que hubiéramos sufrido si se mantenía el obsoleto y primario modelo estatal de sistema de pensiones actualmente quebrado y sin sustento en la base sostenible del Estado donde las pensiones hoy son pagadas gracias a los aportes de los nuevos afiliados y su manejo está gestionado en el marco de una serie de perforaciones, filtraciones y gestiones inapropiadas que se acumulan de gobierno a gobierno. El resultado es que la experiencia a pesar de haber resultado en notables pérdidas de rentabilidad comparada aun así es mejor que el anterior sistema de la gestión estatal obsoleta del sistema nacional de pensiones.

Las AFPs peruanas administran una cartera de $47.7K MM (equivalente al 22.6% del PBI peruano), la cual es ínfima en relación con sus pares de Chile ($204K MM), Colombia ($79.4K MM) o México que administra una cartera de ($185K MM). La población afiliada a AFPs en Perú es de 6.9MM de personas (21.4% de la población peruana) que también es bastante inferior a las proporciones en población en Chile (58.9%), Colombia (31.4%) o México (41.4%). Sin embargo, a pesar de la menor cuantía del fondo administrado y de la poca proporción poblacional a la cual se llega (lo cual también se explica por la altísima informalidad que se vive en el Perú), en cambio tenemos la tasa de comisiones reales ajustadas más alta de toda la región (en el extremo según FIAP hasta 46% más alta que la media regional). Esto es producto de una mezcla perversa entre la falta de eficiencia de las AFPs, la ausencia de alternativas de fondos de pensiones similares, la poca movilidad en la búsqueda de competencia y las condiciones de la estructura de inversión en materia de restricciones que se imponen legalmente. El resultado es que las tasas de comisiones en el Perú son las más altas del mercado y los fondos de pensiones se han desvalorizado generando un panorama que no es muy alentador para el largo plazo.

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La rentabilidad real ajustada promedio de las inversiones de las AFPs peruanas apenas alcanza el 8.07% en línea con sus similares de la región (Chile: 7.79%, Colombia: 8.22%) sin embargo en desfase con la rentabilidad que podría obtenerse con un fondo de similar envergadura, idéntica composición en porcentajes estatales y privados así como en términos de rentas fijas y variables que cuente con similares restricciones en el mismo periodo de tiempo con lo cual podrían ( a pesar de las crisis del 2008 y similares) haberse obtenido retornos acumulados de hasta 46.6% mantenido el estilo conservador que hoy imprimen los comités de inversiones de dichos fondos. El resultado es una pérdida de valor acumulada a valor presente de $18KMM que nadie nos devuelve a todos los pensionistas que participamos del sistema. Las preguntas que surgen son: ¿Existirán las AFPs cuando nos toque jubilarnos? ¿Seguiremos perdiendo valor de manera agigantada cuando las AFPS incrementan sus ganancias globales? ¿Cuál será el futuro del sistema de pensiones? Es cierto que el sistema anterior podía haber licuado las pensiones hasta desaparecerlas en un modelo que acrece de sustento real, pero queda la interrogante: ¿Es el momento ahora de reformar y mejorar nuestro sistema privado de pensiones? Se requieren nuevas reglas y más competidores en escena. Un reto que debemos internalizar y enfrentar para asegurar nuestro futuro.