Chevron proyecta invertir US$7.000 millones en Venezuela y aprovechar una posición construida durante dos décadas.
Las grandes compañías petroleras suelen apostar por el largo plazo. Una de sus estrategias consiste en asegurar derechos sobre grandes recursos y mantener posiciones incluso cuando las condiciones políticas o económicas hacen difícil obtener beneficios inmediatos. Chevron siguió esa lógica en Venezuela, donde permaneció durante dos décadas mientras otras grandes petroleras abandonaban el país.
La decisión cobró especial relevancia después de que el gobierno de Hugo Chávez nacionalizara activos de compañías extranjeras a mediados de la década de 2000. ExxonMobil y ConocoPhillips optaron por retirarse y posteriormente recurrieron a mecanismos internacionales de arbitraje y a órdenes judiciales para reclamar compensaciones por la nacionalización de sus operaciones.
Chevron, en cambio, decidió continuar en el mercado venezolano. Sus trabajadores tuvieron que operar durante años en un entorno marcado por la hiperinflación, cortes de electricidad y episodios de inestabilidad, mientras los ejecutivos de la compañía mantenían gestiones tanto en Caracas como en Washington para preservar sus operaciones.
Una posición petrolera con horizonte hasta 2040
El acuerdo alcanzado el 2 de septiembre refuerza ahora la posición de Chevron y le permite acceder a reservas que alcanzan los miles de millones de barriles. La compañía considera que estos recursos pueden sostener su presencia en Venezuela durante las próximas décadas, incluso hasta la década de 2040 y más allá.
Chevron tiene previsto invertir US$7.000 millones durante los próximos cinco años a través de sus empresas conjuntas en Venezuela. El plan forma parte de una iniciativa del Gobierno estadounidense orientada a recuperar la producción petrolera venezolana y aprovechar nuevamente uno de los mayores recursos de hidrocarburos del mundo.
La petrolera estima que la producción de crudo venezolano podría alcanzar unos 600.000 barriles diarios dentro de cinco años. Con un costo de producción inferior a US$20 por barril, esos volúmenes podrían convertirse en una fuente especialmente rentable si se mantienen los precios actuales del petróleo.
La ventaja que dejó la salida de sus competidores
La permanencia de Chevron durante los años de mayor incertidumbre le permitió conservar infraestructura, relaciones y conocimiento operativo que sus competidores ya no tienen. Como la única gran petrolera estadounidense que mantiene operaciones en Venezuela, la compañía parte de una posición favorable para aumentar su producción y acceder a los campos con mejores perspectivas.
Para Miguel Tinker Salas, la estrategia de Chevron responde a una lógica pragmática. Venezuela concentra las mayores reservas petroleras y, tras la salida de ExxonMobil y ConocoPhillips, el gobierno necesitaba mantener operadores con experiencia para sostener parte de la producción.
Chevron no fue la única compañía internacional que decidió permanecer. Eni y Repsol también continuaron operando bajo condiciones restrictivas y conservaron posiciones dentro del sector petrolero venezolano. En ese contexto, Eni firmó el 2 de septiembre un contrato por 25 años para operar el bloque Junín 5, que cuenta con aproximadamente 35.000 millones de barriles de reservas.
La estrategia que Chevron ya aplicó en Estados Unidos
La apuesta de Chevron por mantener activos petroleros durante largos periodos tampoco es nueva para la compañía. Tras su fusión con Texaco en 2001, heredó amplios derechos de perforación en la Cuenca Pérmica de Estados Unidos, cuando todavía existían dudas sobre si los recursos de esquisto podían explotarse de manera rentable a gran escala.
En lugar de desprenderse de esos activos, como hicieron algunos competidores, Chevron decidió permanecer. Unos 15 años después, el desarrollo de nuevas técnicas de perforación horizontal y fracturación hidráulica permitió explotar esos recursos con mayor eficiencia, y la compañía terminó controlando una extensa superficie en el corazón de una de las principales zonas petroleras estadounidenses.
Para Mike Wirth, presidente ejecutivo de Chevron, mantener posiciones de alta calidad puede ser determinante, incluso cuando esos recursos no sean los más sencillos o económicos de desarrollar en el corto plazo. La lógica es esperar a que la tecnología, la economía, las condiciones del mercado y la situación política hagan viable una explotación que antes no lo era.
Venezuela sigue siendo una apuesta de riesgo
La posición alcanzada por Chevron le ofrece una ventaja difícil de replicar para otras compañías. Schreiner Parker, de Rystad Energy, considera que sus décadas de relaciones en Venezuela, además de la infraestructura y el conocimiento acumulado durante años de operación, colocan a la empresa en una situación que sus competidores no pueden reconstruir fácilmente.
Sin embargo, la estrategia todavía enfrenta una importante incertidumbre política. No está garantizado que quien suceda a Donald Trump en la Casa Blanca mantenga la actual política hacia Venezuela, mientras que tampoco existe certeza sobre la disposición del gobierno venezolano a continuar cooperando con Estados Unidos.
En Caracas, además, cualquier cambio en el poder podría modificar las condiciones bajo las cuales operan las compañías extranjeras. Chevron apuesta así por una estrategia de largo plazo en un mercado con enormes reservas, pero donde la rentabilidad futura continúa dependiendo de factores tecnológicos, económicos, comerciales y políticos.




