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miércoles, agosto 5, 2026
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¿Cómo funcionan los modelos de inversión agrícola estructurada en Perú?

Cada vez más inversionistas apuestan por proyectos agrícolas organizados que combinan planificación técnica, gestión especializada y producción sostenible para generar rentabilidad a largo plazo.

La inversión agrícola ha evolucionado en los últimos años y hoy ofrece alternativas más organizadas para quienes buscan participar en el desarrollo del sector sin necesidad de contar con experiencia previa en actividades agropecuarias. A través de modelos de inversión agrícola estructurada, los inversionistas pueden acceder a proyectos que contemplan desde la planificación del cultivo hasta el acompañamiento técnico y la gestión productiva, permitiendo reducir riesgos y optimizar el rendimiento de la inversión.

De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), en 2026 el Perú cuenta con más de 2 millones de productores agrarios registrados, mientras que la actividad agraria genera más del 24 % del empleo nacional. A ello se suma el crecimiento sostenido de las agroexportaciones, impulsado por productos como arándanos, paltas, uvas y cacao, que continúa posicionando al país como un importante proveedor de alimentos para los mercados internacionales.

Para Diego Pajuelo, gerente general de Megaproyecto Pachamama, este tipo de inversión permite que más personas puedan participar en el crecimiento del agro de manera organizada y con una estrategia de largo plazo.

«Un modelo de inversión agrícola estructurada no consiste únicamente en adquirir un terreno. Implica desarrollar un proyecto con planificación, estudios técnicos, disponibilidad de recursos hídricos, selección de cultivos y un equipo especializado que acompaña cada etapa del proceso productivo. Esa organización permite que el inversionista tenga una visión más clara del desarrollo de su inversión y de su potencial de rentabilidad», explicó.

Diego señala que estos modelos consideran diferentes aspectos antes de iniciar un proyecto, como la evaluación del suelo, el acceso al agua, la ubicación estratégica, la infraestructura necesaria y la viabilidad comercial de los cultivos. Además, incorporan un seguimiento técnico permanente que busca garantizar un manejo eficiente durante todas las etapas de producción.

Asimismo, destaca que la agricultura moderna ya no depende únicamente del trabajo en campo, sino también del uso de tecnologías para el monitoreo de cultivos, sistemas de riego tecnificado y herramientas que permiten optimizar el uso de los recursos y mejorar la productividad.