El metal precioso recuperó terreno impulsado por las tensiones en Medio Oriente, aunque la expectativa de tasas de interés elevadas en Estados Unidos mantiene la presión sobre su desempeño. Analistas señalan que la zona de US$4.000 será clave para definir su tendencia en las próximas semanas.
El oro volvió a superar la barrera psicológica de los US$4.000 por onza, en una jornada marcada por el recrudecimiento de las tensiones en Medio Oriente y por un escenario monetario que continúa ofreciendo señales contrapuestas para el metal precioso. El XAU/USD avanzó un 0,5% hasta US$4.060 por onza, mientras los futuros subieron un 0,6% hasta US$4.081, recuperándose después de haber cerrado la sesión anterior con una caída del 0,2%.
El movimiento vuelve a poner sobre la mesa una dinámica que ha acompañado al oro durante las últimas semanas. Por una parte, la escalada geopolítica fortalece su tradicional condición de activo refugio; por otra, el incremento de los precios energéticos aumenta el riesgo de nuevas presiones inflacionarias, situación que podría mantener las tasas de interés estadounidenses elevadas durante más tiempo y limitar la capacidad de recuperación del metal.
La tensión entre Estados Unidos e Irán continúa siendo uno de los principales focos de incertidumbre. Los ataques entre ambos países alcanzaron una décima noche consecutiva, mientras la muerte de tres militares estadounidenses elevó nuevamente el tono de las declaraciones desde Washington. Paralelamente, continúan los esfuerzos diplomáticos para reducir las hostilidades, lo que mantiene a los mercados especialmente sensibles a cualquier nuevo titular proveniente de la región.
Desde mi perspectiva, el principal desafío que enfrenta actualmente el oro está en la convivencia de dos fuerzas opuestas. La incertidumbre geopolítica favorece la búsqueda de protección, pero el impacto inflacionario generado por los elevados precios de la energía fortalece simultáneamente al dólar y mantiene presión sobre las expectativas de tasas de interés.
La próxima reunión de la Reserva Federal será clave. Aunque el mercado espera que las tasas permanezcan sin cambios, las señales que entregue el banco central sobre inflación y política monetaria seguirán siendo determinantes para el comportamiento del oro. Los mercados continúan descontando al menos una subida de tasas antes de finalizar el año, escenario que representa un obstáculo para un activo que no genera rendimiento.
El contexto resulta especialmente relevante considerando que el oro viene de registrar su peor trimestre desde 2013, tras retroceder cerca de un 14% durante el segundo trimestre. Por ello, la recuperación de los US$4.000 adquiere relevancia, aunque todavía no representa una confirmación de que el mercado haya retomado una tendencia alcista sostenida.
En términos de precios, considero que una consolidación sobre los US$4.000 podría permitir al oro recuperar progresivamente terreno hacia la zona de US$4.100-US$4.150, especialmente si aumentan nuevamente las tensiones geopolíticas o comienzan a moderarse las expectativas de tasas de interés en Estados Unidos. Por el contrario, una pérdida sostenida de los US$4.000 podría devolver al metal hacia las zonas próximas a US$3.950-US$3.900, donde volvería a ponerse a prueba la fortaleza de la demanda.
En mi opinión, el oro continúa teniendo argumentos estructurales importantes, especialmente por las compras sostenidas de bancos centrales y la persistencia de riesgos geopolíticos. Sin embargo, el corto plazo seguirá condicionado por la evolución de las tasas reales y del dólar. Por ahora, el mercado continúa debatiéndose entre dos fuerzas contrapuestas: la incertidumbre geopolítica favorece al oro, pero la expectativa de tasas elevadas sigue limitando su avance. Mientras ese equilibrio no se rompa, la zona de los US$4.000 continuará siendo la principal referencia para el metal precioso.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group




