El petróleo vuelve a ubicarse en el centro de la conversación financiera global. A pesar de retroceder durante la sesión hasta los US$92,59 por barril en el caso del Brent y los US$89,58 para el WTI, los precios continúan muy por encima de los niveles previos al inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, reflejando que la preocupación por el suministro energético sigue lejos de desaparecer.
La atención del mercado permanece concentrada en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo. Durante las últimas horas, los inversores debieron procesar nuevos ataques entre Washington y Teherán, incluyendo bombardeos estadounidenses sobre objetivos militares iraníes y posteriores represalias de Irán contra instalaciones vinculadas a Estados Unidos y sus aliados en la región. Cada episodio incrementa el riesgo de interrupciones en el flujo energético y mantiene elevada la prima de riesgo incorporada en los precios del crudo.
Sin embargo, el mercado encontró cierto alivio después de reportes que apuntan a que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán continuarían activas pese a los enfrentamientos. Esa posibilidad permitió moderar parte de las compras especulativas observadas durante la madrugada y explica por qué el petróleo terminó cediendo terreno después de haber llegado a avanzar más de un 2% en las primeras operaciones asiáticas.
La importancia del petróleo trasciende al propio mercado energético. Los datos de inflación publicados en Estados Unidos mostraron un IPC anual de 4,2%, mientras que la inflación subyacente mensual sorprendió a la baja con un avance de apenas 0,2%. Aunque el mercado reaccionó positivamente ante esa lectura, una prolongación de los actuales niveles del petróleo podría volver a presionar los precios al consumidor durante los próximos meses, especialmente en transporte, manufactura y logística.
Desde mi perspectiva, el Brent continúa atrapado entre dos fuerzas opuestas. Por un lado, las expectativas de una eventual solución diplomática limitan nuevas alzas explosivas. Por otro, el conflicto sigue activo y el riesgo sobre Ormuz permanece vigente. Mientras el mercado no tenga claridad sobre la estabilidad de esa ruta estratégica, resulta difícil pensar en una corrección profunda del petróleo. En el corto plazo, la zona de US$90 por barril aparece como un soporte relevante para el Brent, mientras que una nueva escalada militar podría devolver rápidamente las cotizaciones hacia niveles cercanos a los US$100 por barril, un escenario que volvería a instalar las preocupaciones inflacionarias en las principales economías del mundo.




