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martes, junio 2, 2026
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FAO advierte sobre impacto global de interrupción en Estrecho de Ormuz y su efecto en la inflación alimentaria

Economista jefe de la FAO, Máximo Torero, explica cómo la crisis de fertilizantes y energía podría afectar la producción agrícola mundial y recomienda al Perú prepararse para El Niño y proteger a los pequeños productores.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió sobre los riesgos de una posible crisis agroalimentaria sistémica vinculada a una interrupción prolongada en el Estrecho de Ormuz. En entrevista con El Comercio, Máximo Torero, economista jefe de la FAO, señaló que los efectos ya comienzan a sentirse en Asia y que se esperan impactos directos sobre los precios de los alimentos y los insumos agrícolas a nivel global.

“El problema se da en tres dimensiones: energía, fertilizantes y demanda. Los precios del petróleo, la gasolina y el diésel han subido fuertemente en Latinoamérica; los fertilizantes, entre 25% y 55%; y los pequeños productores enfrentan costos crecientes y pérdida de mercados de exportación, como el Golfo Pérsico, que representaba aproximadamente el 16% de nuestras exportaciones agrícolas en 2025”, explicó Torero.

Shock de oferta y presión sobre los alimentos

El especialista precisó que la situación no es especulación, sino un shock real de oferta, con caídas significativas en el suministro mundial: alrededor del 35% del petróleo, 20% del gas natural y 20-30% de fertilizantes. Esto, combinado con fenómenos climáticos como un eventual El Niño fuerte, podría agravar la presión sobre la producción y generar inflación alimentaria global.

“Si los insumos suben y los commodities no lo hacen al mismo ritmo, los productores reducen su productividad, afectando la oferta. Este efecto ya se observa en Asia y se trasladará gradualmente a otras regiones, incluida América Latina”, sostuvo Torero.

Rol de China, India y Bangladesh en la dinámica global

Torero advirtió que China, India y Bangladesh podrían intensificar la demanda de alimentos e insumos ante problemas internos de abastecimiento, lo que generaría presión adicional sobre los mercados internacionales. Los cereales son los productos más vulnerables ante esta situación, con aumentos anticipados en los precios que se reflejarán en la inflación alimentaria.

Implicancias para Perú: energía, fertilizantes y preparación para El Niño

El economista jefe de la FAO destacó que, aunque Perú no depende de fertilizantes ni gas del Golfo, sí enfrenta aumento de precios que afectará los costos de producción y la rentabilidad de los agricultores. Para mitigar riesgos, recomendó:

  • Desarrollar alternativas a los fertilizantes tradicionales, como biofertilizantes y amoníaco verde.
  • Migrar sistemas de irrigación hacia energía solar o eléctrica en lugar de diésel.
  • Fortalecer los programas de protección social con registros actualizados para focalizar la ayuda en los más vulnerables.
  • Prepararse con anticipación para un posible El Niño, incluyendo limpieza de ríos y medidas preventivas.

“Los más afectados serán los pequeños productores agrícolas de zonas rurales, no necesariamente los mismos grupos vulnerables durante el COVID-19”, precisó Torero.

Herramientas para proteger a productores y consumidores

Torero recomendó líneas de crédito focalizadas con plazos flexibles y períodos de gracia, similares a los programas implementados durante la pandemia, para que los pequeños agricultores puedan enfrentar el aumento de costos sin comprometer la agroindustria ni la cadena de insumos. También subrayó la importancia de eficiencia en el uso de fertilizantes y planificación de cultivos, incorporando técnicas como la combinación de maíz con leguminosas para reducir el consumo de nitrógeno.

Perspectiva global y regional

El especialista alertó que si la situación persiste durante los próximos 12 a 18 meses, la inflación alimentaria podría trasladarse a la inflación general, presionando tasas de interés y afectando la producción. La coordinación de políticas fiscales y sociales será clave para proteger a los sectores más vulnerables y garantizar la resiliencia del sistema agroalimentario peruano frente a shocks internacionales.