En Perú, más del 30% del agua potable producida no llega a los usuarios debido a fugas, conexiones clandestinas y deficiencias en la infraestructura. Schneider Electric destaca cómo la digitalización puede optimizar la gestión hídrica y mejorar la eficiencia operativa de las redes de distribución.
En un contexto donde el acceso eficiente al agua se ha convertido en uno de los principales desafíos para las ciudades peruanas, la transformación digital comienza a posicionarse como una herramienta clave para modernizar la infraestructura hídrica del país. Según datos de la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass), en Perú más del 30% del agua potable producida se pierde antes de llegar a los usuarios debido a fugas, conexiones ilegales y redes deterioradas, una problemática que impacta tanto la sostenibilidad del recurso como la eficiencia operativa de las empresas prestadoras de servicios.
Frente a este escenario, Schneider Electric estima que la incorporación de tecnologías de monitoreo y análisis de datos podría reducir hasta en 30% las pérdidas de agua en redes de distribución, gracias a sistemas que permiten detectar fugas, anticipar fallas y optimizar la operación en tiempo real.
El tema cobra relevancia en el contexto del Día Mundial del Agua, que se conmemora cada 22 de marzo en medio de un panorama global marcado por el aumento de la demanda urbana, el impacto del cambio climático y sistemas de infraestructura hídrica que, en muchos casos, operan con décadas de antigüedad. “Hoy gran parte de las redes de agua funciona con información limitada sobre lo que ocurre en terreno. Sin datos en tiempo real es muy difícil detectar fugas, anticipar fallas o gestionar de forma eficiente la distribución”, señala Glauco Montagna, Regional Segment Leader en Schneider Electric.
Uno de los principales desafíos del sector es la denominada “agua no contabilizada”, que incluye pérdidas físicas por filtraciones en tuberías, fugas no detectadas y errores de medición. En varias ciudades de Perú, estas pérdidas representan una proporción significativa del agua tratada que nunca llega a los hogares. “Digitalizar la gestión del agua permite pasar de una operación reactiva a una gestión predictiva. Eso significa detectar anomalías antes de que se transformen en pérdidas mayores y optimizar el uso del recurso”, agrega Montagna.
Eficiencia energética en el ciclo del agua
Pero el desafío no se limita únicamente a la distribución. El ciclo completo del agua también representa un consumo energético importante para las ciudades y operadores de saneamiento.
De acuerdo con Schneider Electric, la integración de sistemas de automatización, monitoreo remoto y modelos digitales permite optimizar la operación de plantas y redes, reduciendo tanto el consumo energético como los costos operacionales. “Las plantas de tratamiento y los sistemas de bombeo son intensivos en energía. Con herramientas de análisis y control es posible ajustar los procesos y mejorar significativamente su eficiencia”, explica el especialista.
Entre las tecnologías que comienzan a expandirse en el sector se encuentran los llamados “gemelos digitales”, modelos virtuales que replican el comportamiento de una red o infraestructura para simular escenarios operacionales, detectar fallas potenciales y optimizar su desempeño.
Reutilización y gestión industrial
La digitalización también abre oportunidades para avanzar hacia modelos más circulares en la gestión del agua, particularmente en sectores industriales con alta demanda hídrica como minería, alimentos y manufactura. Según la empresa, los sistemas de monitoreo y control permiten medir con mayor precisión el consumo hídrico, identificar oportunidades de reutilización y reducir la extracción desde fuentes naturales.
“Cada vez más industrias están integrando estrategias de reutilización y reciclaje de agua en sus procesos. La tecnología permite medir, optimizar y gestionar ese ciclo con mayor precisión”, concluye Montagna, añadiendo que, en un contexto donde organismos internacionales han advertido que la seguridad hídrica será uno de los principales desafíos de las próximas décadas, la gestión eficiente del recurso aparece como un factor clave tanto para la sostenibilidad ambiental como para la continuidad operativa de ciudades e industrias.





