Bancos y cajas evalúan cada vez más la calidad de la gestión interna para definir tasas y líneas.
La brecha de acceso al crédito para las micro y pequeñas empresas (MYPE) en el Perú no responde únicamente a la disponibilidad de fondos. Cada vez más, el diferencial está en la calidad de la información que pueden presentar ante el sistema financiero.
Actualmente, las MYPE representan más del 99% de las empresas formales del país, generan el 58% del empleo privado y aportan alrededor del 20% del PBI, según la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS). Sin embargo, el acceso al crédito sigue siendo desigual, de acuerdo con el Instituto Peruano de Economía (IPE), solo una de cada cuatro microempresas logra financiamiento, mientras que más de la mitad de las pequeñas y medianas empresas sí lo consigue.
Esto delata un problema estructural. La informalidad, que afecta a siete de cada diez empleos, dificulta acreditar ingresos y presentar información consistente para evaluaciones crediticias. Esto obliga a muchas entidades microfinancieras a realizar visitas presenciales y procesos adicionales de verificación, elevando costos operativos y, en consecuencia, las tasas de interés.
Además, la limitada capacidad de escalamiento empresarial refleja esta restricción financiera. Según Produce y Sunat, el 96% de las microempresas permanece en la misma categoría luego de una década, y el 93% de las pequeñas se mantiene o incluso desciende. Sin capital competitivo, el crecimiento se vuelve más lento y frágil.
En este contexto, la calidad de la información interna se convierte en un factor decisivo. “Hoy las entidades financieras no solo observan el nivel de ventas. Evalúan la consistencia de los estados financieros, el flujo de caja proyectado, la trazabilidad de inventarios y el control de cuentas por cobrar y pagar. Cuando la información no está estructurada, el riesgo percibido es mayor”, explica José Luis Yarlequé, director general de Ramo Perú.
Agrega que la asimetría de información, cuando el banco no puede validar con claridad la situación financiera del solicitante, encarece el crédito. “En cambio, cuando la empresa puede mostrar estados financieros consolidados, conciliaciones bancarias estructuradas, inventarios valorizados y libros electrónicos organizados, mejora su perfil de riesgo, indica Yarlequé.
La reactivación de la cartera MYPE durante 2025, impulsada por una mayor bancarización de emprendedores individuales y el dinamismo de las cajas municipales, abre una ventana de oportunidad. No obstante, las condiciones de acceso dependen cada vez más del nivel de profesionalización interna.
Durante años, herramientas de gestión empresarial como SAP Business One estuvieron asociadas principalmente a grandes corporaciones por su costo y complejidad. Sin embargo, el mercado tecnológico ha comenzado a adaptarse a las necesidades de empresas más pequeñas, con modelos estandarizados, en la nube y bajo suscripción mensual.
En el Perú, recientemente se ha lanzado SAPB1 Core by Ramo, una versión diseñada para micro y pequeñas empresas que busca reducir la barrera de entrada a este tipo de sistemas. Más allá del producto específico, el fenómeno refleja una tendencia más amplia: acercar tecnología empresarial estructurada a segmentos que antes operaban con sistemas fragmentados o manuales.
La digitalización, entonces, deja de ser un tema exclusivamente operativo. “En un entorno donde el acceso al financiamiento marca la diferencia entre estancarse o escalar, contar con información financiera estructurada se convierte en un activo estratégico. Para las MYPE, la profesionalización interna ya no es una opción tecnológica: es una condición para competir en el sistema financiero formal” finaliza el director ejecutivo de Ramo Perú.









