Vientos de hasta 38 km/h impactarán la costa desde el 26 de marzo, con posibles efectos en transporte y actividades económicas, advierte el Centro de Monitoreo RIMAC. En un año marcado por riesgos climáticos, eventos moderados ya anticipan presiones sobre la economía y refuerzan la necesidad de prevención.
El incremento de la velocidad del viento en la costa peruana, previsto entre el 26 y el 30 de marzo, vuelve a poner en agenda la exposición del país a eventos climáticos y sus efectos sobre la actividad económica. Este escenario ocurre en un año marcado por riesgos asociados tanto a eventos costeros de corto plazo como a la posible evolución de un nuevo episodio de El Niño hacia 2026.
De acuerdo con información del Centro de Monitoreo RIMAC, para la presente semana, se esperan vientos de moderada intensidad a lo largo del litoral, con mayor impacto en la región Ica, donde las ráfagas podrían alcanzar hasta los 38 km/h, generando levantamiento de polvo y arena. En la costa norte, de Piura a Trujillo, se prevén vientos de hasta 32 km/h, mientras que en la costa centro, de Áncash a Lima, se registrarían velocidades cercanas a los 34 km/h, acompañadas de neblina durante la madrugada y primeras horas del día.
Estos eventos, aunque acotados, pueden generar disrupciones puntuales en transporte, comercio y actividades productivas, especialmente en zonas con mayor exposición.
Impacto económico bajo escenario base
En ese contexto, un análisis de estrategia de inversiones de RIMAC advierte que el eventual desarrollo del Fenómeno de El Niño (FEN) en 2026 plantea riesgos para la economía peruana, aunque con impactos manejables en el escenario central.
“El análisis base muestra que la economía peruana mantiene fundamentos que permiten absorber choques de magnitud intermedia, aunque el balance de riesgos sigue sesgado al alza en inflación”, señaló Augusto Rodríguez, vicepresidente ejecutivo de inversiones de RIMAC.
El escenario proyecta una inflación de 2.4% y un crecimiento del PBI de 3.2%, con una tasa de referencia del BCRP de 4.25% hacia fin de año y un tipo de cambio entre S/3.25 y S/3.35 por dólar.
Zonas más expuestas
A nivel territorial, el mayor impacto potencial se concentraría en el norte del país, Tumbes, Piura y Lambayeque, donde las lluvias podrían afectar sectores como agricultura, pesca, manufactura, comercio e infraestructura. En la zona centro, incluyendo Lima, Callao e Ica, los riesgos serían más focalizados, principalmente por interrupciones logísticas.
Eventos previos reflejan la magnitud de estos efectos: en 2023, El Niño restó 1.1 puntos porcentuales al PBI, mientras que en 2017 las pérdidas alcanzaron el 1.6%.
Más allá del frente macroeconómico, el país mantiene una alta exposición estructural: tres de cada diez peruanos viven en zonas propensas a inundaciones severas, y más de 3.6 millones de viviendas se ubican en áreas de alto riesgo.
En este contexto, la anticipación y el monitoreo continuo de eventos se vuelven determinantes para reducir impactos económicos y sociales. Herramientas de seguimiento en tiempo real permiten identificar alertas tempranas y facilitar la toma de decisiones en sectores productivos y autoridades.
“El norte del país concentra la mayor exposición, pero la magnitud del impacto dependerá de la capacidad de anticipación y de ejecución de medidas preventivas”, añadió Rodríguez de RIMAC.
El análisis advierte que el principal riesgo para la economía radica en la coincidencia de choques de oferta, climáticos y externos, lo que refuerza la necesidad de fortalecer la prevención y la capacidad de respuesta.









