Un exdirector ejecutivo del FMI advierte que Caracas debería contar primero con un análisis de sostenibilidad del organismo y respaldo financiero para recuperar la confianza de los inversores.
Venezuela enfrenta un desafío clave para recuperar la confianza de los mercados: ordenar la secuencia de una eventual reestructuración de su deuda pública, estimada en cerca de US$240.000 millones, antes de iniciar negociaciones definitivas con sus acreedores.
Según Héctor Torres, investigador principal del Centre for International Governance Innovation y exdirector ejecutivo en el Fondo Monetario Internacional (FMI), Caracas no lograría reconstruir credibilidad si busca renegociar sus pasivos sin contar previamente con un análisis de sostenibilidad de deuda y respaldo financiero del organismo internacional.
En una columna publicada en Financial Times, Torres sostuvo que “sin el apoyo del FMI, una reestructuración puede conseguir firmas, pero difícilmente restablezca la credibilidad”, al advertir que el orden de las negociaciones será determinante para el resultado final.
Argentina como antecedente para Caracas
Torres señaló que la estrategia que estaría evaluando Venezuela guarda similitudes con el proceso seguido por Argentina en 2020, cuando el entonces ministro de Economía Martín Guzmán negoció primero con acreedores privados antes de buscar el respaldo del FMI.
A juicio del especialista, esa experiencia mostró las dificultades de avanzar sin una evaluación previa del Fondo. Los inversores, explicó, necesitan conocer si el organismo avalará los supuestos de sostenibilidad de deuda y cuál será su participación futura antes de comprometerse con una reestructuración.
El resultado fue que el mercado no interpretó el acuerdo argentino como una solución definitiva al problema financiero, reflejándose posteriormente en el valor de los nuevos bonos emitidos.
El FMI como elemento de coordinación
Torres afirmó que la participación temprana del FMI no solo tiene importancia por el acceso a financiamiento, sino también porque permite coordinar las expectativas de los distintos acreedores involucrados en una reestructuración soberana.
El análisis de sostenibilidad del organismo funciona como una referencia común para determinar qué nivel de deuda puede considerarse manejable y qué alivio financiero sería necesario para recuperar estabilidad.
Sin ese marco, señaló, cada inversor debe evaluar por separado el futuro financiero del país y el posible papel del Fondo, lo que puede complicar las negociaciones y reducir la confianza en el acuerdo alcanzado.
La confianza como principal activo financiero
Para Torres, una reestructuración de deuda soberana no implica únicamente definir cómo se distribuyen las pérdidas entre acreedores, sino reconstruir la confianza necesaria para volver a acceder a los mercados.
El especialista considera que el respaldo del FMI envía una señal de que el programa económico cuenta con fundamentos técnicos y financiamiento suficiente, elementos que pueden marcar la diferencia entre una solución sostenible y una nueva postergación del problema.
En ese contexto, Venezuela deberá definir si prioriza un acuerdo rápido con acreedores privados o si incorpora primero el análisis y respaldo del organismo multilateral, una decisión que podría determinar la percepción de los inversores sobre su recuperación financiera.




