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miércoles, julio 22, 2026
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Relaves y sismicidad: el desafío clave de la minería peruana

Por Patricio Toledo, Technical & Execution Director de Arcadis Chile & Perú 

Perú es un país sísmico por naturaleza y, al mismo tiempo, uno de los principales productores mineros del mundo. Esta combinación configura un desafío para la industria: gestionar la estabilidad de miles de depósitos de relaves en un entorno donde los eventos sísmicos de gran magnitud son una probabilidad latente.

Se estima que existen más de 8.000 depósitos de relaves en el país, entre activos y pasivos, muchos de ellos ubicados en zonas de alta y muy alta sismicidad asociadas al Cinturón de Fuego del Pacífico. En este contexto, el riesgo sísmico no puede verse como un escenario hipotético, sino como una condición operacional.

Un sismo de gran magnitud no solo genera aceleraciones en el terreno, también puede generar fenómenos complejos como la licuefacción en relaves con alto contenido de agua. En términos simples, el material pierde su resistencia y comienza a comportarse como un fluido viscoso. Cuando eso ocurre, las consecuencias pueden escalar rápidamente: deformaciones, asentamientos e incluso la rotura de la presa.

Aquí es donde surge una preocupación técnica clave. En distintas evaluaciones sísmicas de depósitos del Perú aún se observan simplificaciones relevantes en los análisis dinámicos, particularmente la omisión de ensayos triaxiales cíclicos en relaves convencionales. Este tipo de decisiones no es menor: significa evaluar el comportamiento del depósito sin caracterizar adecuadamente su respuesta frente a cargas sísmicas, subestimando el potencial de licuefacción.

Las lecciones internacionales son claras. Eventos como las fallas de Fundão y Brumadinho marcaron un antes y un después en la gestión de relaves, impulsando la adopción del Estándar Global de la Industria para la Gestión de Relaves (GISTM), que hoy establece lineamientos para el diseño, operación y cierre bajo un enfoque integral de riesgo.

Entre estos aprendizajes, destaca la necesidad de evitar configuraciones más vulnerables a la licuefacción como la disposición de relaves deshidratados o filtrados, que reducen significativamente el contenido de agua; fortalecer el monitoreo geotécnico mediante herramientas como el monitoreo satelital y la inteligencia artificial, capaces de identificar deformaciones milimétricas y cambios de comportamiento en las estructuras antes de que se traduzcan en fallas; y, en especial, entender que la seguridad no depende únicamente del diseño inicial, sino de una gestión continua, informada y basada en datos.

La gestión de relaves en un país sísmico como Perú exige caracterización geotécnica de alto estándar, análisis dinámicos robustos y una gobernanza alineada con las mejores prácticas internacionales. El costo de no hacerlo va mucho más allá de lo económico, donde las reparaciones pueden escalar a millones de dólares, también implican pérdida de confianza, impacto ambiental y conflicto social. Porque, en última instancia, la gestión de relaves define no solo la seguridad de una operación, sino el tipo de legado que la minería está decidiendo construir.