Por Jose Luis Veiga Barrientos, Head Peru de Tumipay
Uno de los cambios más interesantes que puede traer Tapp al ecosistema peruano de pagos probablemente no sea algo que el consumidor vea directamente. Cuando una persona hace un pago, detrás existe toda una cadena de tecnologías, instituciones y servicios que hacen posible que el dinero llegue de un punto a otro.
Contar con una infraestructura común, interoperable y en tiempo real puede cambiar la manera en que participan los distintos actores de esa cadena. Y ahí está, quizás, uno de los aspectos con mayor potencial del proyecto impulsado por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP).
Uno de sus objetivos es facilitar la participación de nuevos actores y permitir una mayor especialización dentro del ecosistema. Esto cobra especial importancia en un mercado como el peruano, donde en los últimos años han aparecido cada vez más fintechs y nuevos modelos de servicios financieros.
La lógica es bastante simple: si una empresa no tiene que construir desde cero toda la infraestructura necesaria para conectarse al ecosistema de pagos, puede concentrarse en aquello que realmente sabe hacer bien y que la diferencia frente a sus competidores.
Eso puede reducir las barreras de entrada y abrir espacio para empresas especializadas en distintas partes de la experiencia de pago.
De construir toda la cadena a especializarse
Durante buena parte de la evolución de los pagos digitales, competir en este mercado implicaba desarrollar una gran cantidad de capacidades al mismo tiempo: infraestructura, procesamiento, tecnología, relación con el usuario, aceptación, gestión de riesgos y, en algunos casos, hasta una red propia.
La interoperabilidad puede cambiar poco a poco esa lógica.
En lugar de que una sola empresa tenga que controlar toda la cadena, diferentes participantes pueden aportar distintas capacidades. Una entidad puede encargarse de los fondos del cliente, otra puede desarrollar la aplicación desde la que se inicia el pago, otra puede ofrecer soluciones para el comercio y otras pueden construir servicios adicionales alrededor de la transacción.
Esto abre la puerta a una mayor especialización.
Para una fintech, por ejemplo, significa que puede dedicar más recursos a resolver un problema concreto de consumidores o empresas sin tener que replicar toda la infraestructura que ya existe.
Para un comercio, puede traducirse en más proveedores entre los cuales elegir y en soluciones más adaptadas a sus necesidades.
Y para el consumidor, aunque probablemente no sea algo que vea directamente, una mayor competencia puede terminar significando mejores experiencias, menos fricciones y nuevas alternativas para pagar.
El papel de las fintech y los PSP
Este escenario resulta especialmente relevante para las fintech y los proveedores de servicios de pago.
El crecimiento de estos actores demuestra que existe espacio para soluciones que van más allá de los productos financieros tradicionales. Muchas de estas empresas no buscan convertirse en bancos ni construir una infraestructura completa. Buscan resolver mejor una parte específica del problema.
Puede ser facilitar el cobro de un comercio, mejorar el checkout, integrar distintos medios de pago, desarrollar soluciones para marketplaces, automatizar procesos de conciliación o crear nuevas experiencias alrededor del pago.
En un ecosistema más abierto, todas estas especializaciones pueden convivir y conectarse con la infraestructura existente.
Tapp puede jugar un papel importante como habilitador de ese proceso. La innovación no necesariamente tiene que venir de quienes controlan la infraestructura. También puede venir de quienes construyen sobre ella.
Un ecosistema que puede seguir creciendo
La experiencia peruana con la interoperabilidad ya demostró que conectar infraestructuras que antes estaban separadas puede tener un impacto importante en la adopción de los pagos digitales.
La siguiente pregunta es qué puede pasar si, además de conectar a los usuarios, se facilita la participación de más empresas en los servicios que se construyen alrededor de esas transacciones.
Ahí aparece una oportunidad interesante para una nueva generación de participantes.
Empresas como TumiPay son parte de este ecosistema emergente de fintechs y proveedores especializados que desarrollan soluciones para comercios y usuarios. Su presencia es un ejemplo de cómo el mercado peruano está incorporando actores cuyo valor no necesariamente está en controlar una red completa, sino en resolver necesidades específicas dentro del ecosistema de pagos.
Pero el potencial de Tapp va mucho más allá de cualquier empresa en particular. Lo más interesante es que pueda crear las condiciones para que muchos más actores puedan entrar, integrarse y competir.
Eso puede hacer viables modelos de negocio que hoy requieren integraciones complejas o que simplemente son difíciles de desarrollar.
Un marketplace podría construir su propia experiencia de pago sin tener que convertirse en una institución financiera. Una fintech podría enfocarse en un segmento específico de comercios. Un proveedor tecnológico podría desarrollar servicios adicionales sobre los pagos. Un PSP podría ampliar las alternativas que ofrece a sus clientes.
En todos esos casos, la infraestructura deja de ser necesariamente el principal obstáculo y se convierte en una base sobre la cual se puede construir.
La competencia puede trasladarse a la experiencia
Esto también puede cambiar la forma en que las empresas compiten.
Si diferentes participantes pueden conectarse a una infraestructura común, competir ya no necesariamente significa tener la red más grande. Puede significar ofrecer una mejor experiencia, reducir fricciones, entregar mejores herramientas al comercio, mejorar la seguridad, facilitar la conciliación o desarrollar soluciones específicas para determinados negocios.
La infraestructura puede convertirse en un elemento compartido, mientras que la diferenciación ocurre en las capas que se construyen sobre ella.
Ese es, justamente, uno de los aspectos que hace interesante a Tapp.
La interoperabilidad deja de ser únicamente una cuestión técnica y puede convertirse en una condición para desarrollar un mercado más abierto y competitivo.
El consumidor probablemente no verá todo esto cuando haga un pago. Para él, el resultado debería ser mucho más sencillo: pagar de manera rápida, segura y sin fricciones.
Pero detrás de esa experiencia podría existir un ecosistema bastante más diverso, en el que convivan bancos, EEDE, fintechs, PSPs, empresas tecnológicas, billeteras, comercios y nuevos participantes especializados, cada uno aportando algo diferente.
Si Tapp logra consolidar esa arquitectura, el siguiente capítulo de los pagos digitales en el Perú podría no estar marcado únicamente por la aparición de una nueva gran billetera o por quién logra tener más usuarios.
Podría estar marcado por algo más profundo: un ecosistema en el que más empresas tengan la posibilidad de construir, competir e innovar sobre una infraestructura común.



