La escalada de las tensiones entre Estados Unidos e Irán impulsa una nueva prima de riesgo geopolítico en el mercado energético. Analistas advierten que, de persistir el conflicto, el Brent podría acercarse a los US$95 e incluso volver a poner los US$100 en el radar.
El petróleo vuelve a situarse en el centro de la escena financiera internacional. El recrudecimiento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán durante el fin de semana provocó una nueva reacción alcista en el mercado energético, llevando al Brent a superar los US$90 por barril y alcanzar máximos de más de cinco semanas. En las primeras operaciones de la jornada, la referencia europea avanzó cerca de un 3% hasta los US$90,75, mientras que el WTI estadounidense subió alrededor de un 2,5%, situándose cerca de los US$84.
El movimiento confirma que el mercado está incorporando nuevamente una importante prima de riesgo geopolítico. Durante el fin de semana, Estados Unidos intensificó sus operaciones contra objetivos iraníes, mientras Teherán respondió con nuevos ataques en la región. La situación adquirió mayor gravedad después de una ofensiva iraní contra una base estadounidense en Jordania, que dejó víctimas entre las fuerzas norteamericanas y elevó las expectativas de una respuesta más contundente por parte de Washington.
A mi juicio, el principal problema para el mercado petrolero no es únicamente lo que ha ocurrido durante las últimas horas, sino la dificultad creciente para anticipar hasta dónde puede llegar esta escalada. Cuando el mercado enfrenta un conflicto de estas características, el precio del petróleo comienza a reflejar no solo la oferta y demanda disponible, sino también la probabilidad de escenarios mucho más adversos. Mientras esa incertidumbre continúe aumentando, será difícil eliminar completamente la prima geopolítica que actualmente sostiene al crudo.
El deterioro de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán también reduce, al menos en el corto plazo, las posibilidades de una desescalada rápida. Los últimos enfrentamientos representan uno de los episodios más delicados entre ambas potencias durante los últimos meses y llegan en momentos en que el tráfico marítimo continúa funcionando muy por debajo de los niveles observados antes del conflicto.
Desde una perspectiva de precios, considero que el Brent enfrenta ahora una zona especialmente sensible. Haber superado nuevamente los US$90 representa una señal psicológica importante para el mercado y, si la escalada militar continúa durante los próximos días, no descartaría movimientos hacia la zona de los US$95 por barril. Una interrupción más severa del suministro o un ataque que afecte directamente infraestructura energética relevante podría incluso abrir rápidamente la discusión sobre un eventual regreso hacia los US$100.
Ese escenario alcista dependerá de que el conflicto continúe deteriorándose. Si Estados Unidos incrementa sus operaciones militares y Teherán responde ampliando sus objetivos, especialmente sobre infraestructura regional o transporte energético, los inversionistas podrían incorporar una prima de riesgo aún mayor en los precios.
Por el contrario, una reapertura efectiva de las negociaciones o señales concretas de una reducción de las hostilidades podrían generar una corrección relevante. El petróleo ha acumulado una subida considerable durante las últimas semanas y cualquier noticia favorable desde el frente diplomático podría provocar una rápida toma de beneficios. Bajo ese escenario, el Brent podría retroceder inicialmente hacia la zona de US$85 e incluso aproximarse nuevamente a los US$80 si desaparece una parte significativa de la prima geopolítica.
Mi sesgo, no obstante, continúa siendo predominantemente alcista mientras no existan señales claras de desescalada. En un mercado condicionado por acontecimientos militares que pueden cambiar en cuestión de horas, asumir una corrección sostenida implica dar por hecho que el conflicto dejará de deteriorarse, una conclusión que por ahora parece prematura.
Las próximas jornadas serán fundamentales. Si el Brent logra consolidarse sobre los US$90 mientras continúan las hostilidades, el mercado probablemente comenzará a evaluar con mayor seriedad la zona de los US$95 por barril. Si además aparece una interrupción material del suministro o nuevos riesgos sobre infraestructura energética estratégica, los US$100 podrían volver rápidamente al radar de los inversionistas.
Por ahora, el mercado parece estar enviando una señal clara: el petróleo ya no está reaccionando únicamente a los acontecimientos actuales, sino al riesgo de escenarios más severos sobre el suministro energético mundial. Mientras esa incertidumbre continúe creciendo, la prima geopolítica seguirá siendo el principal factor que determine la dirección del mercado.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group




